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Columnas

Bonilla y el error de la 4T

Jaime Bonilla es el primer gobernador de Baja California que llega a su encargo profundamente cuestionado y en medio de un escándalo mayúsculo a nivel nacional.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Jaime Bonilla es el primer gobernador de Baja California que llega a su encargo profundamente cuestionado y en medio de un escándalo mayúsculo a nivel nacional, especialmente entre los principales medios de comunicación de la Ciudad de México.

Lo paradójico de esta situación es que se da no porque Bonilla no haya ganado en las urnas, sino por su intención y la de la dirigencia de Morena de cambiar el periodo de gobierno, buscando que sea de cinco años cuando la norma establecía que era de dos años para poder homologar las elecciones locales con las nacionales.

Todo este proceso que lleva ya cerca de seis largos y espinosos meses, le borró todo el brillo al triunfo aplastante de Morena en BC y oscureció la legitimidad de Bonilla, particularmente por su confrontación con algunos liderazgos de Morena y contra una legión de especialistas y expertos que han condenado la intentona de cambiar un periodo de gobierno inmediatamente después de realizado un proceso electoral.

Bonilla no ha actuado solo en este desagradable pleito legal, como ha llegado a pensarse. Lo apoyó desde un principio la dirigente de Morena Yeidkol Polevsky y tras bambalinas también ha estado el mismo Andrés Manuel López Obrador, aunque públicamente ha intentado deslindarse.

Es una apuesta que realmente no se entiende por parte de López Obrador, pues cualquiera que sea la decisión definitiva de la SCJN (si ratifica los dos años o vota por los cinco), el caso de Bonilla le resta más puntos de los que le da al presidente y en general a todo el proceso de cambio que AMLO quiere llevar a cabo en el país.

A nivel local, la llegada de Bonilla y de Morena (que hasta ahora es un partido indefinible políticamente) no representa un cambio sustancial y cualitativamente distinto a los gobiernos del PAN, que gobernó durante treinta años. Con Bonilla llegó o retornó al poder estatal un vetusto núcleo de priistas que fue expulsado de los gobiernos desde mediados de los años 80, con Xicoténcatl Leyva Mortera a la cabeza y otros de la época de los “dinosaurios” políticos.

Con Morena no llegó una nueva generación de políticos al poder local, o una corriente de izquierda como se sostiene desde la ignorancia, sino un reducido grupo de políticos del antiguo PRI (cuyas edades rebasan los 70 años casi todos) que confluyen la mayoría de ellos en una vertiente nacionalista-echeverrista-populista-autoritaria, como el mismo López Obrador.

Lo triste es que todos estos políticos, la mayoría de ellos sin ningún prestigio o liderazgo político local o nacional, llegan camuflados en Morena, un partido que simplemente por ser nuevo y por buscar representar un cambio para las mayorías, no debería permitir que lo encabecen este grupo de viejos priistas, cuya visión y formas de pensar corresponde (si acaso) a una época oscura del priismo y del autoritarismo político.

Este grupito de viejos políticos de colmillo retorcido que, además, utiliza a Bonilla (aunque él piensa que es al revés), no pretende quedarse dos o cinco años en el gobierno de BC, sino varias décadas, aunque obviamente sean sus descendientes los que gobiernen y dirijan Morena. Los panistas, que fueron más ingenuos y timoratos, se quedaron 30 años en el gobierno y…sin oposición.

Desgraciadamente, las condiciones sociales y políticas creadas en gran parte por un panismo timorato y corrupto, favorecen para que un grupito de viejos políticos de corte populista-echeverrista-autoritario, con un discurso dirigido a los “pobres” y contra los privilegios de la clase política, tengan un nivel de incidencia entre los sectores más necesitados.

La misma ocupación de todos los espacios institucionales y políticos, como son los ayuntamientos, los cabildos, un congreso en manos de Morena y sus aliados oportunistas, además del gobierno estatal, traerá muy pronto un debilitamiento de la pluralidad y la diversidad política en BC, la eliminación de contrapesos, etcétera, creando una hegemonía que empobrecerá la vida social y política.

Así, las expectativas de que haya un cambio con la llegada de Morena y de Bonilla son bastantes remotas. Bonilla tiene un estilo político delirante, muy parecido al de Donald Trump y a un populismo de derecha, pero en el fondo tiene una línea de identificación con la visión empresarial de los panistas que mezclan su afán por el poder y los negocios desde el gobierno.

Pasará algún tiempo para que los de Morena y el mismo López Obrador, pero también algunos sectores sociales, descubran que Bonilla no es y no puede ser el factor de cambio de la 4T. Al contrario, es su principal error.

Es la hora del pensamiento crítico y de una oposición más inteligente y menos reactiva. 

* El autor es analista político.

Versión extendida del presente artículo disponible en www.elimparcial.com/mexicali

   

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