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Columnas REFLEXIÓN UNIVERSITARIA

El discurso que divide a los mexicanos

En los últimos días se ha vuelto deporte nacional criticar al presidente Andrés Manuel López Obrador por su propensión a la descalificación de toda crítica con o sin fundamento.

En los últimos días se ha vuelto deporte nacional criticar al presidente Andrés Manuel López Obrador por su propensión a la descalificación de toda crítica con o sin fundamento. Los estereotipos asignados a los medios, tales como “prensa fifí” o el “hampa de la prensa”, cuando lo sacan de sus “cabales” preguntando durante las mañaneras sobre algún tema donde AMLO no está de acuerdo. Desde su arribo al poder no ha permitido o aceptado crítica alguna, se la pasa diciendo “yo tengo otros datos” para esconder lo que realmente está ocurriendo en temas tan sensibles como seguridad, economía y empleo entre otros. Es más, se ha dedicado a descalificar a las calificadoras y a científicos, porque dice que él tiene más información porque él va a los lugares, platica con la gente y vive esas realidades, en cambio los científicos están encerrados en sus oficinas y no están conectados con lo que está ocurriendo ciertamente.
Nunca en la historia de México, un presidente de la república se había dedicado a dividir a los mexicanos. El clasificar a unos como “chairos” y a otros como “Fifis”, es equivalente a lo que nuestro vecino Donald Trump está realizando con los inmigrantes en los Estados Unidos con sus respectivas consecuencias de asesinatos. Es probable que en nuestro país no esté ocurriendo esto, pero sí hemos visto el fanatismo desplegado en muchos ciudadanos, es más hasta en las familias mexicanas está llegando esta división, conozco hermanos que se la pasan discutiendo en persona y que en ocasiones estas disputas son dirimidas también en las redes sociales. No faltará algún exaltado personaje que de mutuo propio agreda a ciudadanos en el afán de defender las posturas del Presidente.
En esta campaña permanente de crear división en los ciudadanos no faltarán, personas misóginas o racistas que provoquen insultos a sujetos que no piensen igual que ellos, el desprecio, el miedo y los rencores están presentes. Las etiquetas y los estereotipos son dañinos, fragmentar a una sociedad de parte de alguien que tiene una gran responsabilidad y que sería el más interesado en la “unidad social”. Un Presidente que juró gobernar para todos los mexicanos, debe utilizar un lenguaje de unidad, de conminar a la sociedad entera a trabajar, con tolerancia que debe permitir la diversidad, la pluralidad y la disidencia sin afectar a terceros. Debe ser una persona negociadora, no una ya prejuiciada.
Ya no está en campaña, se debe de asumir como el líder de todos los mexicanos, que guía o debe hacerlo a un estadio superior de bienestar a una sociedad con más de 50 millones de mexicanos en extrema pobreza, no debe caber en él la venganza. Se dice respetuoso de la ley y expresa conocer la historia; se proclama juarista, aquel presidente que dividió a la iglesia y al estado con las leyes de reforma. Sin embargo, AMLO, no es consecuente con el pensamiento de Juárez, quizás lo sea en el discurso, pero en los hechos involucra a cristianos evangélicos para que le ayuden a repartir la cartilla moral. Se dice admirador de Madero con la tesis de sufragio efectivo no reelección y sin embargo, aunque no se manifieste al respecto, permite que en Baja California se cambie la gubernatura de 2 a 5 años violentando, dicen los abogados constitucionalistas, la carta magna. El discurso populista de derecha de Donald Trump y AMLO de izquierda, dan como resultado la división social. Dicen que es el primer paso de los dictadores es dividir a la sociedad entre ricos y pobres, repartiendo dádivas a los más pobres, tal y como sucedió en Venezuela, ¿estaremos en la antesala de un modelo de esa naturaleza?


*El autor es economista egresado de la UABC

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