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Columnas PÓSTIGO

Póstigo

Por Antonio Medina de Anda

Los corajudos de abajo Coincidentes en la misma carreta publicitaria, poderosos empresarios, medios de comunicación, analistas y funcionarios públicos cohabitan en similares cuartos de guerra donde confabulados cocinan la bazofia contra el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador facultando a tricolores, azules y cenizas aliadas a difundir que… "debemos votar con la razón en desaire del enojo” sugiriendo, por medio de chistoso refrán, que los del Prian son emisarios de la bondad, dulzura y cristalina racionalidad, mientras Andrés Manuel y los suyos personifican la intolerancia que acarrea amargura, irritación y malquerencias capaces de oscurecer cualquier impulso de reflexión y serenidad. Así de ampulosa y cretina, la casta divina adinerada y los sumisos que salvaguardan los pecados capitales del sistema corrupto y autoritario, José Antonio Meade y Ricardo Anaya prosiguen empeñados en hostigar, injuriar y disminuir a AMLO como opción de quebrantarlo y despeñarlo en las próximas urnas sin importar, como toda toxina, tener que comercializar una adulterada campaña de infundios incapaces de verificar, confirmar o negar el rosario, la sarta de zapateadas mentiras: AMLO contradictorio, ocioso, hostil de las instituciones, seductor de candidatos detestables, calca de Nicolás Maduro, apapacho de los rusos, peligroso, acelerado, falso libertador, caprichoso, lunático, mesiánico… Y todavía más: la insana y pestilente campaña tiene, como principio y fin, persuadir de que lo juicioso es votar por la formula promovida por el peñanietismo que representan Meade-Anaya por ser abanderados de la mesura, seriedad y capacidad propia del sujeto pensante contrario al carácter corajudo que, gimotea la opulenta oligarquía y sus gelatinosos candidatos, es incitada por Andrés Manuel culpable de llevar a los electores a que voten con las vísceras (resentimiento) y no mediante la recapacitación (prudencia) enfatizándose, suspira la misma oligarquía, la diferencia entre el voto alegre (Meade-Anaya) y el colérico (AMLO). Calentado con aquel fuego, la guerra sucia prianista, los tambores, arcos, lanzas y flechas ahora llaman a los electores a ir a las urnas con aliento jubiloso para, al momento de sufragar, procedan colmados de gozo y felicidad alejándose, de esa forma, de cualquier ánimo iracundo como si el flagelante desempleo, corrupción, injusticia, inseguridad, pobreza, impunidad, despotismo, concentración de la riqueza, mediocridad, dependencia o desigualdad social envilecida causada por la mafia del poder (empresarial y política) pudiesen reanimar el irritado espíritu de los desheredados para, encima de tan despreciable humillación, aún tengan bríos para llegar bailando de alegría a depositar su voto este próximo primero de julio. “El pueblo quiere el poder –escribió González Casanova– y si eso suena terriblemente ingenuo es, sobre todo, terriblemente exacto”. De suerte que votar estimulado por el coraje fomentado, no por Andrés Manuel, sino por gobiernos de PRI y PAN denota, a más de congruente racionalidad, un alentador horizonte que, sobra decir, indigesta a parásitos prototipo del renegado maniquí, el perredista Jesús Zambrano Grijalva, quien turisteando por Baja California con nuestro dinero, imploró “votar con el cerebro y no desde el coraje”. Mayor sordidez e indignidad imposible de ingerir, ver y escuchar… * El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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