Columnas Conversando con el Presidente

Percepción política

Por Gustavo Macalpin

Con motivo del ochenta aniversario del Fondo de Cultura Económica, Enrique Peña Nieto se reunió con seis destacados periodistas para dialogar sobre su desempeño como Presidente de México. Pascal Beltrán del Río, Ciro Gómez Leyva, Pablo Hiriart, León Krauze, Denise Maerker y Lilly Téllez fueron los comunicadores encargados de cuestionar al Presidente durante noventa minutos. Peña Nieto tuvo aciertos y errores. En algunos temas logró alzarse victorioso, mientras que en otros dejó mucho que desear. Pese a que el ejercicio parecía inmejorable, la mayor parte del tiempo el diálogo navegó en un ambiente tristemente superficial. Cuestionado por la desaprobación ciudadana a la reforma energética (65%), el Presidente explicó que habría que esperar los beneficios de la reforma para ver si los ciudadanos realmente están en desacuerdo con ella. Peña Nieto tiene razón. Si el día de mañana la reforma realmente produce empleo, crea energías limpias, produce una reducción en el precio de la luz, etcétera; entonces gran parte de ese 65% terminará aplaudiendo que se haya realizado. Por supuesto, la respuesta del Presidente sigue siendo una simple promesa. Si en el futuro ninguno de esos beneficios llega, entonces los negativos no harán sino incrementarse. Ante reformas de este calibre, necesariamente habrá que esperar. El Pacto por México fue la temática principal con la cual el Presidente pudo lucir. Su capacidad de negociación para acordar con los distintos partidos políticos, y su estrategia para lograr que las reformas vieran la luz; fueron las medallas incuestionables de Peña Nieto en el diálogo. Por el contrario, la reforma fiscal representó una verdadera molestia para el mandatario. Ciro Gómez Leyva cuestionó que la reforma busca cobrar más a los mismos contribuyentes de siempre; el Presidente titubeó y mostró una evidente carencia de argumentos. En su parte más débil del diálogo, Peña Nieto explicó que la corrupción es un problema cultural en nuestro país, una conducta tristemente impregnada en los mexicanos. En respuesta, León Krauze ejemplificó el buen comportamiento de los millones de mexicanos que viven en Estados Unidos, dejando claro que el problema en México no es cultural, sino una ineficacia de nuestro sistema gubernamental, una carencia de Estado de Derecho proveniente principalmente de 70 años de mal gobierno. El Presidente tuvo poca capacidad de respuesta. Enrique Peña Nieto sigue mostrando su deseo de trascender en el tiempo, su hambre de convertirse en un mandatario histórico, en el Presidente reformador que aparezca en los libros de texto. Su victoria política llamada Pacto por México, le sigue alcanzando para justificar que el proyecto de gobierno va conforme a lo planeado; pero esa justificación pronto llegará a su fecha de caducidad. El Presidente continúa viendo su imagen pública deteriorarse, ha arriesgado todo el capital político de su partido y arriesga posiciones en la elección intermedia; todo ello apostando que sus reformas darán frutos el día de mañana. “Mi trabajo como Presidente no es para estar bien evaluado en las encuestas, sino para correr riesgos, asumir costos y ayudar a construir un mejor futuro para México. El tiempo será quien califique mi trabajo.”

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