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Columnas Palabra por palabra

Palabra por palabra

Por Miguel Ángel Lino

Tapia Me referiré al que fingen ser “más sordo que una tapía” y no al apellido de origen castellano. Un refrán contrastande del inicial es “no hay peor sordo que el que no quiere oir” y otro menos categórico pero igulamente cierto: “Oyes, lo que te conviene”. El pasado 23 de marzo, doña Herlinda Olvera García hubiera cumplido la muy improbable edad de 101 años. Hoy, amorosamente la recuerdo por las dos semillas que sembró y cultivó en mis afanes literarios, la poesía y los refranes. Y por ella brindo: “¡Por mi madre, bohemios!” Con frecuencia me decía: “El sordo no oye, pero bien que compone”, cuando le daba la vuelta a sus indicaciones. Unos eran muy sencillos: “Por un oído te entra y por el otro te sale”. Y otros, con elaborada jiribilla: “Te lo digo a ti, Juan; para que lo entiendas (escuches), Pedro”. Uno muy sabio: “El que no oye consejo no llega a viejo”. Pero -sin duda- el que más he valorado a lo largo de mi vida y que pongo en práctica con mucha frecuencia y convicción: “A palabras necias, oidos sordos” que es lo mismo que “a palabras de borracho, oídos de cantinero”. LA PALABRA DE HOY. – TAPIA Desde épocas lejanas, el hombre aprendió a levantar muros de barro unidos con argamasa* y -en un momento indeterminado por la historia lingüística- les llamo tapias. Así surgió el 'tapiale' o tapial antiquísima técnica contructiva. Muros rurales que servian de vallados (cercados) o tapiales (paredes) de edificaciones rústicas, ante la necesidad de cubrirse del agua y del viento; asi como para aislarse de los ecos, ruidos y rumores de la naturaleza. De ahí la metáfora de “sordo como una tapia”. La raíz indoeuropea 'tāg' significa contruir o poner en orden, lo que tiene clara concordancia con levantar muros de barro... *Argamasa palabra que proviene del latín 'massa', mezcla de arenilla con agua y cal para construir muros: en la antigüedad se le agregaba paja y excremento animal para aumentar la resistencia. Lo que hoy es el cemento para unir baldosas, ladrillos y tejas. DE MI LIBRERO: LAS PAREDES OYEN Clásica comedia de enredos de Juan Ruiz de Alarcón, dramaturgo que nació en Taxco en 1581, aunque el autor se adornaba diciendo que fue en la Ciudad de México, y murió en Madrid en 1639. Escritor novohispano del Siglo de Oro que desarrolló más de veinte comedias, entre ellas: “Las paredes oyen”, “Quien mal anda, mal acaba”, “No hay mal que por bien no venga” y, su obra cumbre, “La verdad sospechosa”. En “Las paredes oyen”, Juan Ruiz de Alarcón crea un personaje a la medida de sus convicciones morales, el devoto Juan Mendoza, considerado su alter ego. La trama se basa en el “amor no correspondido” de la bella doña Ana hacia el contrahecho don Juan enemigo de don Mendo: Hábil, labioso y experto en lides amorosas. La intriga entre don Juan y su rival don Mendo tiene un final inesperado que no le cuento para no cometer un indiscreto “spoiler” porque en las paredes oyen hasta para los más sordos que una tapia. *El autor es profesor de Redacción Creativa en Cetys Universidad.

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