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Columnas MAR DE FONDO

Mar de fondo

Por Benedicto Ruíz Vargas

AMLO, Anaya y Meade Aunque todavía faltan algunas formalidades, ya es un hecho que los tres candidatos que integraran la boleta electoral en la próxima elección presidencial serán Andrés Manuel López Obrador (AMLO) por parte de Morena, PT y PES; Ricardo Anaya por México al Frente, integrado por el PAN, PRD y MC; y José Antonio Meade por la coalición formada por el PRI, PVEM y Panal (Partido Nueva Alianza). Es posible que se agreguen dos candidatos independientes como pueden ser “El Bronco” y Margarita Zavala, sumando cinco en total. La elección interna de estos tres candidatos por parte de los partidos políticos ha dejado un pésimo sabor de boca, pues ninguno se sometió a una competencia interna, como si este paso ya no le importara a nadie, ni siquiera a los afiliados pero tampoco a la población en general. En las llamadas “precampañas” sucederá lo mismo y los tres simularán que son sus afiliados los que eligen. Son procesos donde se invierte mucho dinero y no sirven para nada. En una primera impresión y para ponerlo en términos más gráficos, los tres candidatos arrancan en la siguiente posición (según algunas encuestas): AMLO con una ventaja de entre 8 a 10 puntos, seguido por el Frente y su candidato, y en tercer lugar el candidato del PRI. La pregunta clave es si de aquí en adelante esta tendencia se va a modificar y cómo sería, qué factores podrían influir en uno o en otro comportamiento. Adelantando algunos posibles escenarios, el candidato del PRI, José Antonio Meade, es el que se ve hasta este momento en condiciones más débiles. Su destape no causó mucho entusiasmo en la masa del electorado y se ve como un candidato para el que la política y la búsqueda de votos le son completamente ajenos. Va a estar difícil que pueda remontar rápidamente en las preferencias de los electores. El otro problema es que Meade tiene tras de sí el peso enorme de un mal gobierno, lo que le arrebata muchos argumentos a la hora de debatir y de proponer con sus oponentes. Lo mismo pasa con el partido que lo postula, que si bien dice no pertenecer a él, tendrá que defenderlo en el debate público, cargando con el desprestigio de un partido que mantiene las mismas prácticas desde hace años. En pocas palabras, Meade representa, aunque él no lo desee, justamente lo que muchos electores quieren cambiar y sustituir por otras alternativas. Representa lo que ha incubado el profundo malestar que hoy expresan amplios sectores de la población. Puede intentar cambiar este estado de ánimo usando tácticas especiales de campaña o recurriendo a otros muchos trucos electorales, pero aun así se ve muy difícil que lo logre. Por esto mismo, mi impresión es que la disputa por la Presidencia puede darse entre Anaya y AMLO, aunque falta por analizar otros elementos. Primero, porque en realidad son las dos visiones distintas que se enfrentan en esta contienda. Meade representa la continuidad o lo mismo de las últimas décadas, mientras que Anaya propone introducir algunos “cambios radicales” en el régimen de gobierno y en otros aspectos. El Frente, que diluye las siglas tanto del PAN como del PRD, lo que para algunos significa la pérdida de identidad (como dice Soledad Loaeza), puede atraer a un amplio electorado de centro localizado entre las clases medias, los profesionistas y muchos electores que huyen de los extremos políticos. No hay que olvidar que es aquí, en estos sectores, donde preocupa más la corrupción, la inseguridad y la ineptitud de los gobiernos priistas y panistas. AMLO representa la otra alternativa, la de los sectores más desprotegidos si se quiere, en cuya mente están otros problemas como son el empleo, los bajos salarios, la educación, la salud, etcétera, pero donde también sobreviven o persisten visiones ligadas a nuestra cultura política autoritaria y en donde otros derechos u otros “bienes”, como la democracia, no tienen gran significado. Apostar sólo a este sector como cantera de votos, como creo que lo ha venido haciendo AMLO desde hace años, puede garantizarle un gran porcentaje de votación, pero no necesariamente suficientes para ganar. No hay, como se cree, una correlación directa entre el número de pobres y los votos por AMLO. También es muy preocupante que en aras de dividir o polarizar el voto, por un lado el voto del “pueblo” o de los más pobres, y por otro el de los ricos, los blancos, los “pirruris” o, puesto en términos maniqueos, la lucha entre las élites y el pueblo, sea una estrategia que rinda frutos en el campo electoral. Esto en lugar de ganar puede ahuyentar a muchos electores, salvo que el comportamiento sea parecido a lo que vimos hace poco en Estados Unidos. En suma, aunque haya hoy tres o cinco candidatos, la disputa por la Presidencia se va a concentrar, muy probablemente, entre dos. Dos visiones radicalmente opuestas y con consecuencias distintas en caso de que una u otra se imponga. Aquí le seguiremos la pista. El autor es analista político.

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