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Columnas La verdad sea dicha

La Verdad Sea Dicha

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El silencio de los inocentes Me pregunto: qué sentía Emili Judith cuando golpeaba a su pequeño hijo de tan sólo cuatro años de edad. ¿Por qué no le dolía el llanto del niño, sus gritos de ‘ya no mamá’? ¿Por qué no pudo dejar de golpearlo? La caliente y húmeda tarde del sábado 18 de agosto marcó el fin de la existencia del pequeño, Kelvin Omaet, en la pequeña casa ubicada en la calle Treceava en el número 2027 del fraccionamiento El Cóndor. Eran aproximadamente las 18:30 horas de ese día, cuando Emili Judith golpeó en repetidas ocasiones al pequeño porque estaba muy inquieto y andaba de travieso. Todos estos datos fueron proporcionados por la testigo principal de la fiscalía, la pareja sentimental de la madre del menor víctima. Mónica Reyes dijo que ella había salido de la casa para hablar por teléfono con su mamá y fue en ese momento cuando pasó todo. Comentó que en las horas previas el niño estaba muy bien. “Subí a la recámara para ver qué había sucedió y Kelvin estaba boca abajo, lo volteé y ya sólo movía sus ojitos”, dijo Mónica Reyes, quien había vivido con la imputada, por un año diez meses. Debido a las condiciones físicas del niño, lo llevaron a la farmacia GI que está justamente frente a la casa donde ambas mujeres vivían. En ese lugar el médico de guardia declaró muerto al pequeño, quien presentaba golpes en varias partes de su cuerpecito. Llegaron los agentes municipales y los ministeriales para tomar cartas en el asunto. A las 19:40 horas de ese mismo día sábado fue detenida Emili Judith, la madre del menor. El reporte de SEMEFO fue contundente: el pequeño presentaba 45 golpes y un avanzado grado de desnutrición. La juez Ruth Esperanza Álvarez decretó el sábado 25, una semana después del asesinato, vincularla a proceso por el delito de homicidio agravado en razón de parentesco y dejarla detenida. El abogado de la imputada, José Luis Sarmiento, hará lo único que le queda, tratar de hacer creer que su defendida está afectada de sus facultades mentales, de ahí que pidió que se le someta a un examen psiquiátrico, en el Instituto de Psiquiatría de Baja California. La juez y el fiscal admitieron tal petición. Y aquí la pregunta es obligada: qué hace que una madre, lejos de proteger a su hijo, lo asesine con golpes certeros, punzantes, duros, un total de 45, la mayoría en su cabeza y estómago. Sin consumo de droga o alcohol y quizá sin remordimiento, cuando menos durante las dos audiencias, Emili Judith no mostró emoción alguna. Algunos dicen que el entorno social, que el consumo de droga, alcohol, pueden influir. Sin embargo, en el momento del asesinato Emili no estaba droga, ni alcoholizada y de acuerdo a nuestras entrevistas, su propia madre, una mujer pobre pero de buen corazón, según sus vecinos, siempre estuvo dispuesta a ayudarla y adoraba a su nieto. ¿Será la apuesta del abogado defensor de oficio, demostrar que su representada sufre de alteraciones emocionales y por eso mató a su pequeño hijo? Y es que como dijera una asistente a la desolada audiencia: se necesita estar loca para matar a tu propio hijo.

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