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Columnas La verdad sea dicha

La Verdad Sea Dicha

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Bonilla, la pesadilla Viéndolo de cuerpo entero, de manera metafórica claro, nos damos cuenta que Jaime Bonilla, candidato al Senado de la República, por Morena, es una verdadera pesadilla para su compañera de fórmula, Alejandra León, a quien dejó sola, a su suerte, cargando con su peso específico, que dada su trayectoria no le alcanza aún para rascarse con sus propias uñas en un mundo de verdadera competencia descarnada en donde los candidatos que tienen muchos años en las lides políticas, la hacen ver novata o, en ocasiones, hasta carente de ideas. Le falta una segunda muleta que le ayude a pararse firme en los debates. Por ejemplo. Bonilla es una pesadilla, para las autoridades electorales, para los grupos ciudadanos, empresariales, académicos, los cuales con su intención de dar a conocer las plataformas, los puntos de vista, las capacidades de los candidatos, han organizado, con mucho o menor esfuerzo, intercambios de ideas o debates, a los cuales el abanderado de Morena ha rechazado acudir. El escurridizo, incapaz, temeroso, cobarde abanderado ha sido una pesadilla para estos grupos porque, sobre todo el INE, ha sido exhibido en su incapacidad de convocar a este personaje que parece que en la búsqueda del voto se manda solo. Bonilla es una pesadilla para el electorado que aún no ha definido su voto, ya que aunque el polémico candidato ha sido señalado de gestar malos manejos en el deporte, sobre todo en el béisbol, de correr periodistas de su medio informativo por no responder a sus intereses, atentando contra la libertad de expresión, y más irregularidades graves no ha respondido a las acusaciones, no ha aclarado su cuestionado actuar. Y por lo que se ve tampoco le importa. Bonilla es una pesadilla para MORENA, porque lo hace ver como un movimiento incapaz de obligarlo a dar una respuesta pública y de cara a la ciudadanía. Una explicación que se merece el electorado que piensa, o no, votar por él, pero que igual a través del pago de sus impuestos, mantiene a este personaje en su campaña y podría hacerlo aún más, de llegar al Senado de la República. Bonilla es una pesadilla para su mismo candidato carnal que es el abanderado a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador, porque no le garantiza votos con esas actitudes cobardes de no debatir y confrontar al resto de los aspirantes. Pero lo que es peor, en sus aspiraciones, Bonilla podría ser una pesadilla para él mismo. Es evidente que le apuesta a la ola lopezobradorista para que lo arrastre en su cresta y le permita ganar sin hacer el menor de los esfuerzos, sin despeinarse, sin debatir, sin confrontar, sin proponer algo que nos permita ver su calado, su programa de trabajo, visión nacional, de país, a largo plazo. Bonilla es, pues, una trampa para él mismo y es una pesadilla para él mismo, porque tarde que temprano tendrá que responder a los ciudadanos, sin máscaras, simple y llanamente con la palabra, que ahorita no ha exhibido. La verdad sea dicha. * La autora es directora del portal MF Noticias Mexicali.

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