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Linchamientos "Por el derecho a la libertad de expresión" En varias partes de la República Mexicana se han presentado hechos lamentables, en los cuales son golpeados despiadadamente ciudadanos acusados –sin juicio alguno– de delitos varios. La forma como son definidos los delitos no tiene, a como se ve y se aprecia, ningún fundamento legal o justo. Simplemente, la gente se deja llevar por instigadores y atrapan a los señalados para proceder a torturarlos y lincharlos de manera violenta y a la vista de todo el mundo en plazas o parques. Especialmente, en los últimos años se han incrementado estos actos inhumanos que, además, son filmados y transmitidos en las cadenas de noticias nacionales. Las víctimas indefensas no tienen ningún derecho ni pueden expresar o presentar pruebas de su inocencia. La muchedumbre ya decidió que son culpables y comienza el proceso de aplicación de la condena. Conforme se inicia la golpiza, cada una de las personas presentes quiere cobrar su parte participando en el ataque inclemente. Poco a poco las propuestas del aniquilamiento total se manifiestan mediante gritos, exigiendo que se cobre la pena máxima que es la muerte. La psicología de masas no les permite a los presentes discriminar qué es lo bueno de lo malo; golpean con saña queriendo exterminar al culpable. ¿Cómo hemos llegados a realizar actos tan salvajes en los cuales el respeto a los individuos se pierde, la calidad humana desaparece y emerge la bestialidad? Esta semana en Puebla quemaron vivos y filmaron la ejecución de dos campesinos, aparentemente inocentes. Esta es, indudablemente, la respuesta a la escasez de justicia que padecemos en el país. La sociedad no tiene la mínima confianza en la aplicación de las leyes. Saben perfectamente los ciudadanos que, de presentarse un delito los delincuentes no tienen la mínima posibilidad de ser investigados y sometidos a un juicio legal, justo e imparcial. Desde siempre hemos padecido injusticias y hemos visto cómo el que tiene recursos económicos suficientes puede evadir cualquier situación. Las autoridades policiales doblan las leyes y las acomodan de manera tal, que saquen de apuros a quienes pueden pagar por ello. Los mismos policías al ser culpables de delitos, salen de problemas aplicando la corrupción y activando el compromiso tácito de no hacer ni decir nada contra la corporación. Dicen las estadísticas que menos del uno por ciento de las denuncias llegan a ser investigadas hasta las últimas consecuencias. Mientras que, cuando por desgracia nos vemos involucrados en algún delito, sabemos con certeza que nada se puede hace de manera legal. Las leyes no existen para nuestro beneficio. Los jueces tienen un amplio horizonte para decidir cómo se aplicará la justicia. Por consiguiente, no hay certeza, ni imparcialidad, ni un sistema judicial al cual nos podamos acoger. Por eso la muchedumbre ha decidido tomar la justicia en sus manos y procede a aplicar la ley del más fuerte contra quien tiene la desgracia de estar en el momento y el lugar equivocados. Nadie está a salvo de situaciones de este tipo. Los propios agentes policíacos tienen miedo y se hacen a un lado cuando suceden hechos tan salvajes. El hartazgo de los ciudadanos ya dijo hasta aquí, por lo que deben preocuparse los políticos, si un día los agarran mal parados, también a ellos los van a linchar. Vale. * El autor es licenciado en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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