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Columnas DUEÑEZ EMPRESARIA

Dueñez empresaria

Por Carlos Dumois

Naturaleza de la dueñez en los negocios familiares "Luego de tanto criticar los negocios familiares, resulta que su desempeño es superior en las bolsas del mundo" Mucho se ha dicho de la capacidad que tienen los negocios familiares de tercera generación en adelante para destruir valor. Se dice que un porcentaje minúsculo de ellos llega saludable a la cuarta generación. Se han hecho estudios para ver el desempeño de las empresas familiares en distintas bolsas de valores del mundo. En Francia como en México, en Estados Unidos como en España, estas empresas superaban al resto de las compañías que cotizan en bolsa en términos de rendimiento sobre su capital. La prestigiada escuela de negocios Kellogg School of Management ha creado un programa sobre “Gobierno Corporativo de Empresas Familiares”. Empresarios y consejeros de compañías familiares suecas, españolas, guatemaltecas, inglesas, mexicanas, americanas y de varios países más nos habíamos dado cita ahí para analizar cómo hacer más efectivos nuestros sistemas de gobierno corporativo. Discutimos el tema y surgieron muchas ideas. La más clara fue que la diferencia entre las compañías familiares y no familiares en la bolsa radica en la naturaleza de la Dueñez que las gobierna. Algunas empresas institucionales corporativas han logrado crear mecanismos eficaces para ejercer el rol de dueño, pero la mayoría sufre, en general, de diferentes grados de carencia de Dueñez. ¿Por qué los negocios familiares, una vez que llegan a cierto tamaño y madurez, aprenden a ejercer la Dueñez con más efectividad que las demás empresas? Estrategias no convencionales. Quienes ejercen la Dueñez entre las familias empresarias pueden atreverse a transformar sus negocios tantas veces como se requiera. Entre los miembros de dicho grupo, en Chicago, las empresas de cuatro de ellos tienen ya más de 100 años. Los riesgos tomados han sido grandes, pero quedarse como iban los habría llevado a la tumba segura. Se atrevieron a reinventarse cuando el entorno se lo pidió. Concentración de la propiedad. El control accionario en las empresas familiares recae en un número relativamente pequeño de accionistas. La propiedad no se dispersa en miles de tenedores de acciones anónimos. Los dueños se conocen entre sí y pueden ponerse de acuerdo en lo que quieren de la empresa y quien deba manejarla. Intensidad de la Dueñez. Los propietarios de estas compañías son más responsivos con su negocio ante la sociedad. Demuestran mayor compromiso y se sienten identificados con la institución y sus objetivos y valores. Personificación de la propiedad. Los propietarios comparten un origen común, un mismo apellido inicial y unos valores que conforman el legado que reciben y quieren perpetuar. Intimidad de la propiedad. La cercanía entre los accionistas los convierte en un grupo semicerrado que puede escapar de la presión de terceros si se mantienen unidos compartiendo propósitos comunes y procurando conseguir la continuidad con sus resultados y con la fuerza de su unidad. Activo emocional. Estos factores inciden de forma determinante en el comportamiento de los propietarios de los negocios familiares. El sentido de pertenencia que los cohesiona está cargado de un elevado contenido emotivo. Los recuerdos, las vivencias, las historias de los abuelos y los tíos, los sentimientos entre ellos y el interés por el apoyo mutuo cultivan este importante activo que, bien manejado, se convierte en una fortaleza organizacional difícil de emular. Las familias de los negocios familiares tienen que ser diferentes, y de hecho lo son. Necesitan saber preservar su cohesión, salvaguardar sus principios y sus valores, conservar su interés de velar por los demás por encima de todo. Pero también requieren saber crear valor, ejercer una Dueñez efectiva y real. Deben seguir gobernando quienes saben y les interesa. Necesitan sostener su capacidad de actualizarse, de renovar y renovarse. Las leyes del gobierno corporativo no podrán suplir la confianza que requieren los dueños para gobernar. Las virtudes de los negocios familiares, cuando se aprende a conservarlas y aprovecharlas, propician que la Dueñez se ejerza con mayor efectividad. El autor es presidente y socio fundador de Cedem.

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