No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Desde la otra patria

Desde otra patria

Por Beatriz Limón

Mi reencuentro con Don Mario Hernández Maytorena La semana pasada me cambié de casa, y suele suceder que en las mudanzas siempre aparecen los recuerdos, los que dejas por largo tiempo arrumbados en un espacio olvidado. Esos recuerdos que están en espera a ser rescatados. Procuro llevar solo lo necesario en mi vida, un poco de aquí y un poco de allá. Pero entre las cajas “olvidadas” en los roperos prestados a cuenta de renta, encontré esta carta de Don Mario Hernández Maytorena. Aquí en Phoenix, Arizona, ese nombre es irrelevante, pero en mi Mexicali, la ciudad que me vio nacer, ese nombre retumba y deja ecos en la historia de nuestra capital. Era el año del 2001, yo era una reportera en sus inicios, cubría la fuente de mercados en La Crónica, y ese pequeño espacio de finanzas y empresas me hacía feliz. Un día me llama mi editor Sergio García Domínguez, para proponerme un proyecto por demás interesante, la elaboración de una serie de suplementos para el centenario de Mexicali. En lo personal, una de las más grandes experiencias que he vivido como periodista, porque tuve la oportunidad de entrevistar en el corazón de sus casas y empresas a personalidades como Milton Castellanos Everardo, Armando Gallego Moreno, Eduardo Martínez Palomera y las familias Vildósola y Guajardo, forjadores de Mexicali, entre otros reconocidos personajes. Pero teníamos que abrir la primera edición de “La Crónica de un Siglo” con un personaje especial, y el indicado fue Don Mario, también conocido con cariño como “La chueca”. El primer día que llegué a su oficina, en el edificio que antes albergó a “La Colorado River Land Company”, no podía evitar sentir nervios. Espere en el recibidor, mientras veía las fotos antiguas de Don Mario, cuando era beisbolista, Don Mario el empresario, Don Mario el padre de familia. Su secretaria, una mujer mayor, con un maquillaje impecable, me recibió amablemente, si mi mente no me falla su nombre era Beatriz Tagle. Cuando entre al salón de juntas el ambiente era dominado por un intenso olor a café, al fondo de una mesa estaba Don Mario, con una barba prominente y unos lentes oscuros. Amable, sonriente y con un humor impecable nos recibió. Para mí, que mis ojos eran nuevos ante el personaje, escuchar sus vivencias fue un deleite. Lo que al principio era un manojo de nervios, se convirtieron en momentos maravillosos de amena conversación. Fueron semanas de compartir con Don Mario parte de su vida, sus triunfos y pérdidas. Debo reconocer que cuando hice la última entrevista sentí una inmensa tristeza por no regresar a esa oficina que parecía sacada de un mundo aparte. Para nuestra casa editorial el primer suplemento se publicó con gran éxito, lo que nos confirmó que las horas invertidas valieron la pena. Hace una semana, cuando desempolvaba unos libros dentro de una caja, me encuentro con la carta de Don Mario, la que volví a leer después de 17 años, y que me devolvió a ese espacio mágico con olor a café. La misiva fechada el 4 de noviembre del 2001 dice así, palabras más, palabras menos: “La tarea de ustedes al hacer este suplemento fue sumamente agotante y desgastante. Pasar horas y días para lograr que su primer suplemento fuera un éxito y lo lograron, especialmente por la forma de redactarlo y el acomodo. “Para mí la entrevista fue algo muy especial. No fue ni agobiante, ni desgastante, fue realmente un placer estar recordando mi juventud y múltiples recuerdos que pasaron por mi vida y logros personales, así como otros que fueron en beneficio de la comunidad de Mexicali. “He leído el suplemento varias veces, y cada vez me da más gusto y satisfacción el contenido. Este recuerdo para mi va a ser inolvidable y viene a llenar un momento en este párrafo de mi vida, donde les puedo transmitir a mis hijos y a toda mi familia de los esfuerzos que se hicieron, dejando intereses personales a un lado. “No es igual una charla entre amigos, donde la palabras se las lleva el viento a un comentario plasmado en un suplemento, no tengo palabras con qué expresar mi agradecimiento por esta obra tan importante que me dio una gran satisfacción”. La carta concluye con su firma y está membretada con su nombre y la dirección Avenida Reforma #1401, Suite A 21100 Mexicali, Baja California. Para esta columna tenía planeado escribir sobre el Censo del 2020 en Estados Unidos, el que denota un tinte racista al incluir una pregunta sobre el status migratorio de los encuestados, un tema sumamente interesante que intimida a los latinos y los afecta de forma directa, pero debo reconocer, que esta vez, me ganó la nostalgia. *Corresponsal de la Agencia Internacional de Noticias EFE en Arizona y NuevoMéxico @BetyLimon16

Comentarios