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Columnas Contra corriente

Contra corriente

Por Ruben García Benavides

Bienal XXI, segundo envío Pese a que el título de esta columna se refiere a la Bienal de Plástica de Baja California No. XXI, he venido tratando en cambio un poco de historia de cómo, cuándo y quiénes estuvieron en los orígenes de este certamen, entre los distintos creadores (pintura y escultura, sobre todo) del Estado. Obviamente que en este envío trataré lo de la Bienal XXI al final de esta columna. Aun así, quedó pendiente en mi primer comentario una parte fundamental: de qué forma, en la primera Bienal, en 1977, llegó Raquel Tibol a Baja California como jurado de la misma. Al preguntarnos Jorge Esma Bazán, al frente de Asuntos Culturales en el Gobierno de Milton Castellanos: “ Qué se les ofrece, pintores”, le planteamos la formación de bienales (certámenes de arte cada dos años) y que al mismo tiempo trajera de México a críticos preparados, capaces, no improvisados, ni juzgadores basando sus juicios en el gusto personal, como pasaba en aquellos años con los concurso estatales de pintura de la UABC, que los jueces eran simplemente profesores de lógica, historia del arte o algún personaje con finta de intelectual, pero por lo general ignorantes a lo que venía siendo el arte contemporáneo en el siglo XX. Al pedirle a Esma que trajera como jurado a Raquel Tibol, en ese mismo momento –11:00 de la mañana aproximadamente– le dio órdenes a su secretaria, de la siguiente manera: “Comunícame con Raquel Tibol, en la ciudad de México”; y minutos después Jorge estaba hablando con la señora Tibol. En aquellas primeras bienales llegaron como jurados de las mismas, críticos de arte de prestigio que escribían en algunos medios del DF: Tibol en el semanario Proceso, de prestigio nacional; vino también Armando Torres Michúa, quien era crítico de arte del periódico El Día; se contrató a la vez a Guillermo García Oropeza, de Guadalajara, y en la cuarta bienal se contrató a la doctora Teresa del Conde, que fue directora del Museo de Arte Moderno de la ciudad de México. A Teresa del Conde yo la acompañé como jurado, en virtud de que yo ya había ganado aquel reconocimiento tres veces consecutivas. Fui nombrado jurado de esta cuarta bienal. La Bienal XXI de Plástica de Baja California, como todas las ultimas bienales, se ha convertido en rutina; en más de los mismo. A esta bienal la salva, sin embargo, la obra de Roberto Gandarilla y un tanto la de Pablo Castañeda. El resto, en su mayoría, es arte basura, con algunas excepciones. Causa un lamentable deseo de abandonar la muestra o solo hacer un recorrido rápido. Sin embargo, esto es el reflejo de lo que pasa en los grandes museos contemporáneos en donde el arte basura resulta un privilegio y la pintura formal se debiera depositar en el horno. Así piensan algunos jóvenes jurados de hoy. Lamentable. Roberto Gandarilla es uno de los más importantes artistas plásticos de Baja California por la calidad de su pintura (su envío a esta XXI Bienal solo es una muestra), Álvaro Bancarte, Manuel Aguilar, Carlos Coronado, Daniel Ruanova, Jesús Ernesto Muñoz Acosta, Juan Ángel Castillo, Miguel Nájera o incluso la escultura de Jaime Brambila y la cerámica de Salvador Magaña, entre otros que no participan ya en bienales, pero que el Estado estaría obligado a construir un museo para proteger algunas piezas de estos creadores bajacalifornianos. Lo afirmo con plena conciencia y conocimiento de lo que estoy diciendo. Mi sueño no termina aquí Las cuatro piezas que Gandarilla envío a la XXI Bienal son patente de calidad y justificación del por qué fue uno de los 24 pintores seleccionados para inaugurar el Centro Estatal de las Artes de Mexicali hace más de diez años. Un serio problema presentan las bienales al premiar con frecuencia ocurrencias, que es la madre del arte basura pese a que algunos trabajos sean verdaderamente innovadores. Lo nuevo, lo diferente, que es en parte el causante del arte basura: ser innovador, ir al encuentro de algo que sorprenda a jurados y al público. Ya lo hizo hace más de 100 años Marcel Duchamp al presentar en un salón su taza urinaria y lo logró. Enorme problema para el ICBC (por ser premios de adquisición) guardar una gran cantidad de obras de “artistas” sin trayectoria, que no trascienden y ese no es precisamente el fin u objetivo del premio de una bienal plástica. Estos concursos solo deberían ser para creadores con trayectoria; con 5 muestras individuales por lo menos, como condición para participar en estas bienales. El autor es artista plástico.

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