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Columnas COLUMNA HUÉSPED

Columna Huésped

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Resistir, construir, transformar La vida cotidiana es muy difícil para la gran mayoría de los mexicanos. La economía no crece lo suficiente, y el empleo es sumamente precario. Menos de 1% de la población ocupada en México gana más de 10 veces el salario mínimo, o sea 27 mil pesos al mes. En muchos estados vemos la fusión de autoridades y crimen organizado. En los doce últimos años las tragedias del asesinato violento y de la desaparición forzosa han enlutado a centenares de miles de hogares mexicanos. La forma en que está articulado el poder en México cobija y tolera el despojo. El despojo de tierras y de aguas a comunidades, el despojo laboral vía salarios miserables, el despojo de la vida misma. Se han perdido los linderos entre lo legal y lo ilegal. La dupla despojo/impunidad se ha vuelto trágicamente rutinaria en México. En las vísperas del cambio de gobierno, la delincuencia organizada multiplica sus embates. En amplias franjas de nuestra geografía el gobierno ha sido secuestrado por los poderes fácticos, tanto los "legales", como los ilegales. Desgarran el tejido social, generan miedo, son ellos quienes mandan. La gran mayoría de los políticos y de los potentados han decidido dar la supremacía a sus negocios y a su perpetuación. El tráfico de drogas, de armas, el brutal negocio del huachicol, son cobijados por algún tipo de autoridad para florecer. El cambio de gobierno ha hecho albergar esperanzas a millones de mexicanos de que esto puede y va a cambiar. Necesitamos recuperar la ética en la política. Los políticos han sido demasiado débiles para dar prioridad a la vida, a la dignidad, a la tolerancia, y en consecuencia, a la seguridad humana, señala en la revista The Economist el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, en su mensaje de despedida el 30 de agosto: https://www.economist.com/open-future/2018/08/30/grassroots-leaders- provide-the-best-hope-to-a-troubled- world. El país es un polvorín. Es muy difícil decir a las comunidades arrasadas por la violencia que perdonen a los victimarios de sus familiares, porque primero tienen que saber a quién van a perdonar y de qué. Hay un enorme trabajo por hacer para que el próximo gobierno retome y asuma su responsabilidad de cara a estas comunidades profundamente lastimadas, y la única manera es poner a las víctimas en el centro. Entre las tendencias profundas, en nuestro país existen centenares, miles, decenas de miles de liderazgos de base, hombres y mujeres, que combaten la desmovilización y el inmovilismo. No los ven quienes no quieren verlos, quienes entienden la política sólo como componenda entre los poderosos. Muchos liderazgos de base no creen en las autoridades, ni en las leyes, ni en los tribunales, porque a cada trámite, en cada demanda, en cada audiencia, se topan con la indiferencia, el olvido y el abandono. Sin embargo, tampoco le apuestan a que una persona o un líder los salve. Sólo ellos mismos pueden salir adelante, creando redes, encontrando líneas de acción comunes: el cuidado de la Naturaleza, la sostenibilidad, la generación de valor en la producción, la educación, la cultura, la salud. Resisten, construyen, transforman. Ante la incertidumbre, los acicatea una profunda y poderosa certeza: no hay futuro sin la verdad, la memoria y la justicia. El autor es profesor asociado en el CIDE.

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