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Columnas Columna Huésped

Columna Huésped

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Oportunidades de Andrés Manuel en EU El voto no pudo haber sido más contundente. Andrés Manuel López Obrador ganó la Presidencia con más de 30 puntos por encima de su contrincante más cercano y con triunfos en 31 de 32 estados, más la Ciudad de México, con márgenes amplios en estados del norte y del sur. Esta amplia victoria le da una gran legitimidad nacional —y una gran responsabilidad por ejecutar su visión de México. Esta victoria holgada y clara también le da una ventaja en las relaciones exteriores de México, ya que no queda duda de que goza de un amplio respaldo de la ciudadanía mexicana cuando entre en funciones en diciembre, y desde ahora López Obrador será un factor clave en la toma de decisiones en política exterior, desde las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) hasta relaciones con instituciones internacionales. Sin duda no habrá relación más complicada de manejar que la que México tiene con Estados Unidos, sobre todo en tiempos de Donald Trump. En un artículo en Univision, John Feeley, ex encargado de la Embajada de Estados Unidos en México y ex embajador en Panamá, le da un consejo clave a López Obrador en cómo manejar a nuestros paisanos, que es el consejo más sensato: no pensar que lo más importante para la relación de México con Estados Unidos es la Casa Blanca. Desde luego, López Obrador, como presidente, tendrá que lidiar con Trump, ya que hay temas importantísimos para México, como el TLCAN y las políticas migratorias, que requieren de un trato entre presidentes. Pero la política estadounidense es sumamente descentralizada y fragmentada, y vale la pena pensar en cómo el gobierno mexicano puede entablar relaciones muy activas con gobernadores, alcaldes, congresistas y líderes cívicos y empresariales estadounidenses (incluyendo a los de origen mexicano), a la vez que también entabla un trato directo con Trump. El gobierno de Estados Unidos ya hizo claro su interés en mantener una buena relación con el próximo presidente de México. Trump mandó un tuit de felicitaciones el domingo en la noche y estará enviando a su secretario de Estado, Mike Pompeo, la próxima semana para que se reúna no sólo con el gobierno actual, sino con López Obrador y su equipo de transición. En su discurso de victoria del domingo, recalcó la importancia de la relación con EU y encargó a Marcelo Ebrard, un político de reconocida trayectoria y gran capacidad en temas globales, que respondiera al tuit de Trump, y al que sumó a su equipo de transición en temas internacionales; ayer propuso a Ebrard como próximo secretario de Relaciones Exteriores. Hasta ahora todo marcha bien. Los actores de un lado y otro están haciendo lo que tienen y deben hacer. Pero Trump también es impredecible, y si bien entiende la importancia que tiene México para el futuro de Estados Unidos —de hecho, Trump a veces parece estar obsesionado con México —, sus posturas en temas claves para el gobierno mexicano, como la migración y el comercio, podrían generar profundas diferencias y desencuentros políticos al futuro. Lo cordial no quita lo complicado de la relación. Por eso al mismo tiempo que la relación con el gobierno federal estadounidense parece fluir, por lo menos ahora, para el presidente electo de México y su equipo es fundamental mandar señales y tender puentes con otros actores claves en Estados Unidos. Hemos aprendido a través de la historia de la relación bilateral que la política estadounidense sigue definiéndose a nivel local y que no hay que poner todos los esfuerzos y recursos en la Casa Blanca, cuando está comprobado que ahí cambian de opinión un día sí y otro también. Afortunadamente para ambos países, Estados Unidos es un país grande, con un sistema político complejo que permite muchos puntos de entrada al mismo tiempo y cuyas fuerzas locales tienen más poder de lo que siempre se ha querido ver. Si bien el ruido viene de Washington, de ahí no emanan todas la decisiones. Entre más aliados locales y nacionales logre el nuevo presidente de México en Estados Unidos, más fácil será su relación con el actual inquilino de la Casa Blanca. Ojalá tomen el consejo de mi amigo John Feeley para el bien de ambos países. * El autor es Presidente del Instituto de Políticas Migratorias.

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