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Columnas COLUMNA HUÉSPED

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Aviación en BC, primeros vuelos La historia de la aviación en Baja California es una historia, al menos en sus inicios, netamente militar. Los primeros aviones que surcaron nuestros cielos, además de los que hacían piruetas para asombro de la gente, tuvieron como propósito principal el ser aeronaves de guerra y fueron adquiridos para defender caudillos antes que para defender a la patria. Lo cierto es que en nuestra entidad, a principios del siglo XX, la aviación era una realidad casi cotidiana. En California, desde San Diego a Los Ángeles, las fábricas de aviones estaban al orden del día y más cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914 y se pudo comprobar, en el espacio aéreo de Europa, las ventajas de contar con un cuerpo aéreo de combate para ataques a las trincheras y centros de mando, así como para el reconocimiento de las intenciones del adversario al incursionar en territorio enemigo. Si de algo sirve vivir en la frontera es tener la oportunidad de estar en primera fila en cuanto a las novedades tecnológicas del vecino del Norte. Desde el siglo XIX, la luz eléctrica, el telégrafo, el automóvil, los frigoríficos y los aviones fueron presencias cotidianas en la vida de los pueblos fronterizos. Los primeros vuelos sobre Baja California fueron de exhibición en las primeras décadas del siglo XlX y eran parte de ferias itinerantes que visitaban las vecinas poblaciones del Sur de California. Esta invención moderna, sin embargo, pronto causó fricciones entre México y los Estados Unidos. Ya en 1916, un avión del Ejército estadounidense se perdió en Baja California y causó un incidente internacional cuando se supo que pescadores bajacalifornianos habían asesinados a los tripulantes. Dos años más tarde, el periódico 'La Vanguardia' (17-II-1918) daba la noticia de “Aeroplanos que pasan a México”, en donde aseguraba que: “nuestro corresponsal de Tijuana nos comunica que los habitantes de aquellos lugares y de las cercanías de Tecate miran con frecuencia aeroplanos militares americanos de la escuela de aviación de North Island, que pasan sobre la línea internacional y hacen vuelos al interior de México”. Según la nota de este periódico mexicalense, uno de sus reporteros se acercó a las “oficinas del gobierno de este Distrito”, y el propio Lic. Jacinto Barrera, secretario de gobierno, les informó que “ya se habían dirigido al gobierno federal para que la secretaría de Relaciones tomara cartas en el asunto". La Vanguardia concluía que “los vuelos de esos aeroplanos quizás no tengan gran importancia, pero siempre aplaudimos las gestiones que hace el gobierno para impedirlo y no es de dudarse de que de los Estados Unidos los suspenda, ya que hacerlo así es de cortesía internacional”. El gobierno dictatorial del coronel Esteban Cantú (1915-1920) tomó en serio la amenaza aérea y para 1920 este caudillo bajacaliforniano ya contaba con un pequeño escuadrón de aviones observadores, entre los cuales al menos uno fue construido en Mexicali, en un salón de la escuela Cuauhtémoc, con lo que puede afirmarse que la industria aeronáutica bajacaliforniana dio inicio en Mexicali hacia 1918-1919. Cuando Cantú se rebeló en armas contra el gobierno de Adolfo de la Huerta, se mandó al general Abelardo L. Rodríguez a suprimir esta rebelión. Rodríguez, siempre previsor, envió a su asistente, Adolfo Wilhemy, como un espía para que le informara sobre las fuerzas militares con que contaba Cantú. Desde San Luis Río Colorado, Wilhelmy y otros colegas tomaron un auto y se internaron en el desierto. En sus memorias, 'Periodismo, teatro y revolución' (1956), don Adolfo relataba que, de pronto, percibieron un “ruido tan lúgubre como alarmante, que nos llenó de zozobra. ¡Un aeroplano volaba encima de nuestro auto! ¡Estaba allí, a pocos metros, a tan poca altura que distinguimos las facciones de sus dos tripulantes! Los del aeroplano a su vez deben de haber sentido la misma desagradable sorpresa que nosotros, pues virando rapidísimo, el aparato emprendió fuga veloz hacia la Baja California, tomando altura y dejando una espesa estela de humo blanco”, con lo que se confirma que los primeros aviones militares se utilizaron como aeronaves de reconocimiento. Pero ni siquiera con toda su aviación el coronel Esteban Cantú logró detener a las tropas revolucionarias mexicanas, que finalmente llegaron a Baja California en septiembre de 1920. Pero los aviones y su utilidad no fueron olvidados por las nuevas autoridades. El susto pasado por Adolfo Wilhelmy y sus colegas fue una lección que se les grabó para siempre. * El autor es escritor y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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