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Columnas COLUMNA HUÉSPED

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La narrativa fronteriza, entre lo líquido y lo sólido En 2017, a la muerte del escritor Sergio González Rodríguez, crítico literario que siempre estuvo atento a lo que ocurría en el Norte de México con respecto a sus escritores y obras, encuentro un texto suyo, titulado “Frontera sólida”, publicado en el suplemento El Ángel del diario Reforma el 17 de febrero de 2008, en donde Sergio define a la literatura nacional del siglo XXI como una literatura del desplazamiento, donde los ejes estéticos que la movían (desde el posnacionalismo hasta el vanguardismo cosmopolita) han quedado obsoletos, donde el posmodernismo, con su frontera líquida, con sus mezclas audiovisuales y sus guiños a la cultura popular, empieza a ser cuestionado por obras que muestran una frontera sólida, que sólo una narrativa que mantenga “una calidad de cara a la tradición está en condiciones de renovarse.” Y para ejemplificarlo, nuestro autor utiliza una novela de género, una novela policiaca para demostrarlo: “En 'La memoria de los muertos' Trujillo Muñoz retoma a su personaje Miguel Ángel Morgado, un defensor de los derechos humanos que a su vez es detective privado, ya presente en 'Mezquite Road' y en 'Tijuana city blues', novelas previas. El investigador deberá enfrentar un asesinato político acontecido cuarenta años atrás en la frontera entre México y los Estados Unidos. Más cercano al paradigma narrativo de la novela negra estadounidense como lo plantearon Dashiell Hammett y Raymond Chandler, que a las renovaciones que tal modelo ha sufrido en los últimos tiempos debido a las exigencias de la mayor industria editorial del mundo, la de Estados Unidos, Gabriel Trujillo Muñoz plantea un nudo dramático en apariencia sencillo que logra mayor sorpresa conforme se avanza en su lectura. 'La memoria de los muertos' implica los intereses binacionales del poder que han configurado aquel territorio fronterizo en la época moderna, y la novela muestra fluidez y claridad suficientes como para ser propuesta en una adaptación fílmica. Thriller detectivesco que satisface las convenciones del género (un protagonista al que le acontecen avatares que lo rebasan, un romance de por medio, ayuda de amigos policiacos, etcétera), la novela de Trujillo Muñoz resulta de lo más apreciable por su puesta en escena de la desolación que ha traído consigo el crecimiento de la frontera”. El concepto que maneja González Rodríguez es que 'La memoria de los muertos' no juega con la idea de éxito, de confort, de placer inane, de vida en flujo, sino que mantiene un peso ético, un eje estético que se niega a tomar a la ligera el mundo en que su creador vive, que no acepta la frivolidad en un país que muere por propia mano todos los días. Por eso Sergio afirma que: “En su juego de desplazamientos territoriales y temporales, 'La memoria de los muertos' abre una vertiente distinta al triunfalismo posmoderno que ha imperado en los productos culturales del noroeste del país: la reflexión sobre el imperativo de la necesidad que triunfa sobre las buenas intenciones. La fatalidad del desierto que reta a la cultura líquida.” Sergio González Rodríguez utilizó mi narrativa para precisar que ésta se contraponía a la literatura posmoderna que sólo juega con lo fronterizo y no lo asume como una realidad a criticar, a iluminar. Al leer las palabras de nuestro autor una década más tarde, descubro que esta reflexión es pertinente más ahora que entonces. La frontera, tanto como concepto y realidad, no ha desaparecido como muchos esperaban, incluyendo a críticos literarios y filósofos posmodernos. Al contrario: se ha fortalecido en todas partes del mundo, se ha vuelto un territorio altamente conflictivo y, a la vez, altamente creativo. Las fronteras son el frente de la batalla cultural de nuestros días. El rostro más evidente del siglo XXI. Cada día se levantan más fronteras en todas partes del mundo y su experiencia nos incumbe como ciudadanos de las mismas, pero sobre todo como creadores en todas las disciplinas artísticas. Como diría algún personaje de cómic: tú puedes no creer en la frontera, pero ella cree en ti. Puedes darle la espalda pero no por eso la frontera, como arte, como literatura, va a desaparecer. La razón es simple: porque aún tiene mucho que decir, porque aún tenemos muchos que decir de ella. La frontera no es sólo memoria sino espíritu a futuro, canto del porvenir que es de todos. Vivirla es vivir la conmoción venidera, la sociedad que está por llegar. * El autor es escritor y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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