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Columnas CAMELOT

Camelot

Dar gracias "Somos lo que hacemos" Justo el día de ayer fue el día de Acción de Gracias, poco debe importarnos si es o no sólo una celebración anglosajona, debemos verla como lo que es: una espléndida oportunidad para que cada quien haga una reflexión sobre lo privilegiado que somos, éste Camelot es una invitación para que usted haga la suya, yo le presento la mía a continuación. Doy gracias por haber tenido la bendición de mis padres, Consuelo y Jorge, quienes con su ejemplo diario nos enseñaron que el pan que se lleva a casa sólo es digno cuando se gana de manera honrada y gracias al trabajo diario, que hechos son amores, que las intenciones son sólo y que no hay respeto más grande que el que uno se gana a través de lo que hace, nunca por lo que sólo se dice. Doy gracias por mis ocho hermanos a quienes admiro un mundo y quiero aún más, agradezco que sean hombres y mujeres generosos, mejores amigos, agradezco poder quererlos a rabiar; doy gracias a que mis recuerdos todavía saben a huevo con tortilla las mañanas de domingo en la casa paterna, agradezco la risa al acordarme cuando Juan apartaba con saliva su concha favorita para sólo darse cuenta que cuando es de un hermano eso no importa y cualquiera terminaba comiéndosela; doy gracias por su compañía las tardes de la infancia y los juegos de beisbol en el jardín más grande posible lleno del perfume de los azahares y del increíble color morado que cada verano, manchado por las moras que caían de maduras, vestía las banquetas de la casa paterna. Doy gracias porque la vida ha sido tan grande que me ha dado mil motivos para reírme y un sinfín de pretextos para abrazar no sólo a mis recuerdos, sino en mi día a día a mucha gente a la que quiero, particularmente a los compañeros de causas comunes; la vida ha sido tan generosa que tengo el trabajo que más me gusta de todos: ser el papá de Francisco, y adicionalmente tener la oportunidad de un trabajo en el que me pagan por aprender y por admirar a quienes hacen posible que se haga en tiempo y forma. Doy gracias por el inconmensurable regalo de Isabella, Emiliano y Francisco, doy gracias por los recuerdos de un lunar en medio de mi mano acompañados de un buen tequila en Coyoacán, doy gracias por tener dos perros que no dejan de ladrar cuando me ven llegar a casa, por la fortuna de la salud, la cercanía de amigos que se han vuelto mis hermanos, por un gran trabajo, por una ciudad a la que quiero entrañablemente; agradezco tener ganas de seguir soñando que puedo construir una mejor para mis hijos. Doy gracias por poder gritarle mil veces –Bato- a mi hijo Francisco cuando me enseña lecciones de pundonor cada que le toca un turno al bate, de reírme con Isabella o de robarle un beso largo y prolongado a Alejandra compañera de vida, aventuras y batallas. Doy gracias por la presencia de mis vivos y por el recuerdo de mis muertos, doy gracias por el inmenso regalo que es vivir, con sus alegrías y con sus sinsabores, pero vida, siempre vida; doy gracias por la oportunidad de tener mucho que agradecer. El autor es empresario, ex dirigente de la Coparmex Mexicali.

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