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Bolsas y zapatos de diseño estimulan nuevo auge del henequén en México

Este henequén es un cactus de la familia del agave azul del que se elabora la bebida mexicana del tequila, considerado endémico de Yucatán.

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Por EFE

El henequén, un cactus cuya fibra se usa tradicionalmente para elaboran sogas y cordeles, vive un nuevo auge de la mano de artesanos mexicanos que incursionan en la moda con bolsas, zapatos, carteras y artículos para decoración.(EFE)

El henequén, un cactus cuya fibra se usa tradicionalmente para elaboran sogas y cordeles, vive un nuevo auge de la mano de artesanos mexicanos que incursionan en la moda con bolsas, zapatos, carteras y artículos para decoración. | EFE

Mérida.- El henequén, un cactus cuya fibra se usa tradicionalmente para elaboran sogas y cordeles, vive un nuevo auge de la mano de artesanos mexicanos que incursionan en la moda con bolsas, zapatos, carteras y artículos para decoración.

"Tengo 25 años trabajando todo tipo de artesanías. Trabajo lo que es el tejido con estambres y de ahí pues para mí esto no es difícil", dijo Reyna Isabel Uicab, una artesana de la comunidad de Hunucmá, unos 30 kilómetros al este de Mérida, capital del estado mexicano de Yucatán.

Este henequén es un cactus de la familia del agave azul del que se elabora la bebida mexicana del tequila, considerado endémico de Yucatán, con una producción de 27 mil toneladas anuales, según cifras de la Secretaría de Desarrollo Rural del estado.

En la cultura maya, desarrollada en Yucatán, se usaba para elaborar cordeles y sogas y su cultivo tuvo un auge enorme a finales del siglo XIX y principios del XX en las llamadas zonas henequeras, aunque con el paso de los años perdió mercado ante el surgimiento de las fibras sintéticas.

Con el aumento de los cultivos de henequén en los años recientes, la superficie cultivada creció de 12 mil a 15 mil hectáreas del 2012 al 2015, ha llegado un nuevo auge para esta fibra natural de la mano de artesanos que lo han transformado en moda.

Con la fibra natural como materia prima, los artesanos elaboran diferentes productos que han comenzado a reflejarse en beneficios para las comunidades y que generan empleos para la manutención de las familias.

Alrededor de 5 mil artesanos se dedican a la elaboración de bolsas, zapatos, joyeros, carteras, decoración y artesanías en unas 40 cooperativas y cinco 5 talleres que mantienen vigentes técnicas heredadas de generación en generación, contó Uicab en una entrevista con Efe.

"Lo difícil es ponerle el color, hay que limpiar el henequén, después hay que sancocharlo (cocer en agua) y después ponerlos a secar", relató.

A partir de los telares de henequén, se fabrican las bolsas, los joyeros, los zapatos, carpetas, hasta accesorios de baño.

"Comenzamos 100 % con productos naturales de henequén, pero a razón de la demanda y de las tendencias hemos incluido otros materiales, pero con un sentido natural", declaró a Efe Pedro Galindo Cab kú, dueño de Henequén Arte Galería, empresa con 18 años de antigüedad.

Cab Kú relató que su empresa colabora con las comunidades al comprarles la fibra del henequén, el cual pasa por un proceso que se desarrolla en el taller, desde el corte hasta el acabado.

Su catálogo tiene más de 100 productos y tienen capacidad para elaborar entre 300 a 400 piezas por semana, de las cuales los artesanos se sienten orgullosos y satisfechos de que sean apreciados y valorados por el turismo.

La artesana Marta Angulo se mostró satisfecha al ver que el trabajo que elabora la gente termina utilizándolo. "Se siente 'wow'", cuenta la mujer, a quien le da "mucho gusto" que la gente valore su trabajo y, sobre todo, compre lo que confecciona.

Los mayas la nombraron "ki" y la cultivaban para la elaboración de sogas y cordeles; a mediados del siglo XIX se intensificó su cultivo en grandes haciendas que destinaban extensas porciones de tierra para su sembrado, cultivo y producción al punto que fue llamado el "oro verde" de Yucatán.

Al menos unos 400 "hombres del campo" se dedican a cultivar el henequén en sus parcelas; otros 600 hacen la "raspa" , siembra o trabajan en las desfibradoras, situadas principalmente en comunidades como Motul, Hoctún, Xochel, Kimbilá.

A mediados del siglo XX, "era una industria muy rica, muy poderosa, que era la primera economía de Yucatán, ahí había mucha ganancia, mucho dinero, había esclavitud, había mucho trabajo", relató Saúl Bojorquez Baas, encargado de la hacienda San miguel Chac, en el municipio de Hunucmá.

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