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Columnas MARÍA AMPARO CASAR

Yo y mis prioridades

El cuarto es que se sigue con el mito discursivo de que todo esto se hará sin recurrir al endeudamiento. La deuda crecerá en 21% respecto al 2021. La cifra no es excesiva y se puede seguir hablando de un manejo responsable de las finanzas públicas.

Por María Amparo Casar

El paquete económico, que el Ejecutivo federal presenta todos los años para ser aprobado por el Congreso, es el documento de política-política más químicamente puro. De él se desprende, como diría Harold Lasswell, a quién le toca qué, cuándo y cómo.

El primer comentario general es que las prioridades en cuanto a ingreso y gasto -de dónde sale el dinero y a dónde va- no varían en absoluto a pesar de que las condiciones de 2018 a 2021 han variado notablemente y a pesar de que a casi tres años de distancia ya debería haber habido alguna curva de aprendizaje y un mayor conocimiento de qué es lo que funciona y qué no. Pues nada. Seguimos en la casilla uno y no hay conocimiento que valga para reconsiderar.

El segundo es que a pesar de un discurso de austeridad, estamos frente al presupuesto de egresos más grande de la historia (8.5% más en términos reales que en 2021) y que para cubrirlo se propone una de las recaudaciones también más grandes de la historia (7.5%) y sin reforma fiscal.

El tercero es que los ingresos previstos se basan en supuestos (crecimiento económico, tipo de cambio, inflación, nivel de producción y precio del petróleo, capacidad gubernamental de reducir la evasión, etcétera) que la gran mayoría de los analistas económicos nacionales y extranjeros consideran demasiado optimistas. Cualquier cambio en cualquier variable provocaría que la meta de ingresos no se lograra.

El cuarto es que se sigue con el mito discursivo de que todo esto se hará sin recurrir al endeudamiento. La deuda crecerá en 21% respecto al 2021. La cifra no es excesiva y se puede seguir hablando de un manejo responsable de las finanzas públicas, pero no hay vuelta de hoja: La deuda está aumentando.

Desde el punto de vista del gasto, las preferencias del Presidente son las mismas. O sea, les toca más a las obras de infraestructura emblemáticas del Presidente, a su proyecto de fortalecer Pemex, CFE y la Guardia Nacional y a sus programas sociales consentidos. ¿Cuándo? De inmediato. ¿Cómo? A las obras y proyectos con más recursos de inversión para cumplir con las fechas prometidas y a los programas sociales con dinero en efectivo para que quede claro que ese recurso viene del “Gran Benefactor”.

Aquí algunos ejemplos. Se dice que la Secretaría de la Defensa Nacional pierde, pero la Guardia Nacional, compuesta mayoritariamente de militares, y con la presunción de que quede bajo el control de esa Secretaría, tendrá 70% más presupuesto. Al Tren Maya se le dará un aumento de 73% equivalente a casi 63 mil millones de pesos. Al transístmico (Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec) se le darán aproximadamente 10 mil millones que supone un aumento de 21 veces el presupuesto de 2021.  Por su parte, Pemex aumentará su presupuesto en 12.7% y la CFE en 7.2%

La mayoría de los programas sociales también tuvieron incrementos, pero entre ellos destaca, sin duda alguna, el de la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, que se llevará un 69.6% más o 238 mil millones de pesos.

Finalmente, los aumentos más reducidos y los recortes también hablan de las prioridades. Sorprende que uno de los pocos programas dirigido a las pequeñas y medianas empresas afectadas por el cierre económico provocado por la pandemia hayan desaparecido del presupuesto: El Programa de Microcréditos para el Bienestar (Tandas) y el Programa de Apoyo Microempresas Familiares. Igualmente, queda claro que la educación, la ciencia y tecnología, la protección a las mujeres, el desarrollo urbano y la justicia, simplemente no figuran entre las preferencias del Ejecutivo.

Es cierto que el presupuesto en salud aumentará en casi 27% o 41 mil millones, pero este aumento viene después de un presupuesto castigado en 2021 y con grandes subejercicios aún durante la pandemia. Toda esta información y mucho más, puede consultarse en un artículo de Leonardo Núñez González y Javier Martínez publicado por MCCI (https://bit.ly/3lg71fM).

De los órganos autónomos nada se puede decir hasta el momento. Parte de su autonomía reside en que son ellos los que envían el presupuesto que necesitan y Hacienda simplemente lo incorpora. La última palabra la tiene la Cámara de Diputados.

Frente a estas prioridades, la oposición, por más que esté planteando la presentación de un paquete económico alternativo, no tiene mucho qué hacer. Ni siquiera tiene poder de veto. Tanto en el Senado para la Ley de Ingresos como en la Cámara de Diputados para el Presupuesto de Egresos de la Federación, a Morena y su coalición les sobran legisladores para aprobar las iniciativas presidenciales sin que se le mueva una coma. De su disciplina hemos tenido amplias muestras.

Tendremos pues un presupuesto que por cuarta vez desde 1997 no será producto de negociación alguna entre las fuerzas políticas representadas en el Congreso. Por cuarta vez consecutiva privará una sola voluntad, la del titular del Ejecutivo Federal que, además, seguirá teniendo una enorme discrecionalidad en el gasto y la determinación de usarlo a su antojo sin temor a que tenga que rendir cuentas.

  

María Amparo Casar es licenciada es licenciada en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, maestra y doctora por la Universidad de Cambridge. Especialista en temas de política mexicana y política comparada.

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