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Ucrania como termómetro de las tensiones Rusia-Occidente

Las tensiones entre Rusia y Occidente siguen al alza. Ucrania es, desde hace años, una especie de termómetro de esas tensiones

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Por Mauricio Meschoulam

Las tensiones entre Rusia y Occidente siguen al alza. Ucrania es, desde hace años, una especie de termómetro de esas tensiones. Considere estos hechos: El uso por vez primera de un dron turco por parte de Kiev para atacar a los separatistas prorrusos, una prueba antisatélite rusa, el arribo de buques de guerra estadounidenses al Mar Negro, el anuncio de la embajada de EU en Moscú de que pronto podría dejar de funcionar, las acusaciones del Kremlin de que EU llevó a cabo una simulación de un ataque nuclear contra Rusia, Putin afirmando que Occidente ha tomado a la ligera sus advertencias de no cruzar ciertas líneas rojas y, mientras tanto, en EU, una iniciativa para retirar su reconocimiento a Putin si éste permanece en el poder después de 2024. Estas son apenas algunas de las señales. El punto es que hay más de 90 mil tropas rusas acumuladas en sus fronteras con Ucrania; funcionarios de Kiev advierten que Rusia se dispone a invadir en invierno. Van unos comentarios al respecto:

Primero, el conflicto ucraniano sigue siendo una situación irresuelta desde 2014. Crimea, oficialmente parte de Ucrania, sigue bajo control de Moscú, mientras que la rebelión separatista del este ucraniano, apoyada por el Kremlin, permanece latente.

Segundo, a pesar de las negociaciones, Putin utiliza frecuentemente su mano en ese conflicto como válvula para ejercer presión en sus relaciones con Occidente. El tipo de involucramiento ruso en el conflicto, no obstante, es híbrido, lo que le permite a Moscú negar su responsabilidad.

Tercero, el gas. Petro Poroshenko, expresidente ucraniano, declaró en un foro de seguridad que Putin está empleando el tema energético para secuestrar a Europa. Por un lado, Moscú ha restringido el suministro de gas de manera deliberada. Por otro lado, Rusia no podría atacar hoy a Ucrania pues pondría en riesgo el tránsito de gas a sus clientes europeos. Gracias al nuevo gasoducto, Nord Stream 2, Putin podría, ahora sí, invadir. Esta es, por supuesto una opinión, pero representa el sentir de un importante sector en Ucrania.

Cuarto, no todos los aliados de EU tienen posturas idénticas. Por ahora, ciertamente, las sanciones contra Rusia se han mantenido ya durante años. Pero hay diversos matices en cuanto a cómo lidiar con Putin.

Quinto, uno de los actores que en el pasado había funcionado como facilitador de la mediación entre Moscú y Kiev, había sido Bielorrusia. La evolución de los eventos del último año, sin embargo, ha movido las fichas. Tras las elecciones muy cuestionadas en Bielorrusia, el movimiento de protestas en ese país y la persecución a la oposición, las tensiones entre Europa y Minsk, han escalado considerablemente.

Sexto, las relaciones entre Washington y Moscú, sin lugar a dudas, en su peor momento desde tiempos de la Guerra Fría.

Hay otros elementos que considerar. El punto es que, bajo el contexto descrito, lo que pueda suceder en Ucrania es difícil de prever. Un análisis frío de la situación, diría que Rusia sólo está ejerciendo presión para negociar, pues no necesita efectuar una invasión abierta cuando cuenta con estrategias híbridas y con la negatividad plausible que estas estrategias le permiten. Sin embargo, mientras la espiral conflictiva siga escalando, nada se puede descartar. EU se ha negado a mostrar que está dispuesto a actuar para evitar una posible invasión rusa. Putin sabe que, así como efectuó una intervención sin banderas ni insignias en Crimea, para posteriormente anexarse la península bajo el cobijo de un referéndum local, no es imposible llevar a cabo una estrategia similar, y establecer, en los hechos, las líneas rojas que en su discurso advierte.

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