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Columnas Dueñez* empresaria

¿Querencia de quién?

Cuando en la organización familiar la querencia empresaria de pocos se deja ahogar por una mayoría de accionistas con posiciones de inversionistas y de herederos, se pierde energía motora.

Por Carlos Dumois

Tarde o temprano a los líderes de empresas familiares les toca atender a una mayoría de socios que no son empresarios, y que quieren mandar.

En este año hemos seguido trabajando en los procesos de sucesión de varias familias empresarias de tercera y cuarta generación. En algunos casos estamos revisando su querencia familiar, y vemos cómo las siguientes generaciones se convierten frecuentemente en accionistas que demandan resultados sin entender lo que exigen. Sus expectativas no son siempre ni realistas ni congruentes.

Al compartir su querencia personal, los socios exponen su visión de futuro, sus deseos de incremento de valor y sus criterios de inversión y de riesgo.

Es en este proceso en el que nos damos cuenta de las grandes diferencias entre los diferentes tipos de miembros que conforman las familias empresarias. Describiré cómo percibo las querencias de cada uno de ellos.

Querencia de empresario. Esta es la voluntad del que busca sobre todo crear más riqueza. Sus sueños son de aprendizaje, de conquistar mercados, de generar, multiplicar y capturar valor de maneras concretas.

El que tiene alma de empresario mira dónde correr riesgos, dónde puede desarrollar propuestas de valor únicas, superiores, diferentes. Quiere construir una organización de alto desempeño con una cultura potente y ejemplar. Su gran preocupación es que no se eleve su costo de oportunidad. 

Esta querencia es mentalidad de fundador lleno de empuje y energía creativa, es decisión y mandato, es precepto y testamento.

Querencia de inversionista. Esta es la preferencia de un perfil de riesgo que busca multiplicar el valor de su patrimonio. Sus anhelos son de ganancia e interés, de seguridad y protección, de gestionar un portafolio de inversiones balanceado y productivo.

Quien se maneja con espíritu de inversionista se afana en encontrar oportunidades que prometan prosperidad. Procura atinarle, escucha a los que saben manejar fondos y trabaja con buenos analistas para evaluar proyectos. Su gran preocupación es bajar el rendimiento promedio de todo su portafolio.

Esta querencia se centra en el análisis y el manejo de información, es gestión financiera de portafolios, es sagacidad y manejo de relaciones.

Querencia de heredero. Esta es el deseo de un hijo de empresario que se cree acreedor a una porción de la fortuna. Es exigencia sustentada en falsas consignas de justicia, mérito no ganado, equidad confundida.

El que refleja postura de heredero reclama derechos de sangre, supone saber por tener, muestra falta de coraje y espíritu de lucha. Cuando se vuelve accionista reclama participar sin otra autoridad que la fuerza de su voto. Su gran preocupación es no ser tomado en cuenta y que no le den “lo que le corresponde”.

La querencia en la empresa familiar demanda unidad para generar tracción, suficiente acuerdo para crear sinergia. De eso se trata la dueñez compartida. Pero la fuerza motriz es realmente la que emana de la querencia de empresario. Ese es el querer que integra y contagia, que enfoca e impulsa.

Cuando en la organización familiar la querencia empresaria de pocos se deja ahogar por una mayoría de accionistas con posiciones de inversionistas y de herederos, se pierde la energía motora, la capacidad creadora que sabe medir y asumir riesgos.

Este es el peligro de democratizar a ultranza el poder y la toma de decisiones. En estos casos es preferible vender la compañía o separar las partes que se puedan dividir o segregar. Gestionar empresas sin espíritu empresario tarde o temprano destruirá valor y mermará el patrimonio.

La gobernabilidad en la familia empresaria es efectiva cuando se empodera a los que saben crear riqueza y se respeta los derechos patrimoniales de los socios pasivos sin abusar de ellos. Crear un sofisticado sistema de Gobierno corporativo no suple la falta de juicio y de agallas.

Pretender repartir la capacidad decisoria por proporciones accionarias es un error de base. La participación en los órganos de Gobierno ha de partir del talento, no de la representatividad de las partes del capital.

La querencia que sirve a todos es la del empresario. Es la única que puede conducir a la organización por caminos de creación de valor.

Carlos A. Dumois es presidente y socio fundador de Cedem.
“Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.

Sitio web: http://www.cedem.com.mx
Correo electrónico: c_dumois@cedem.com.mx

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