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Columnas CRITERIO

México humillado

El encabezado de esta columna es desagradable y temerario, pues provocará inconformidades y quizá repulsión

Por Jesús Canale

El encabezado de esta columna es desagradable y temerario, pues provocará inconformidades y quizá repulsión. La verdad es que nuestra reputación no está para orgullo y reconocerlo no supone pesimismo. Los motivos originales de las condiciones que nos aquejan serán objeto para un estudio bien conducido por una metodología válida y científica, pero esto queda fuera de nuestro propósito por ahora.

El asesinato de Abel Murrieta ha sido, a querer o no, un hecho que subraya y actualiza los complicados enredos de la situación de inseguridad no sólo en esta esquina del País, sino en el panorama nacional. Al  escuchar la conversación grabada antier entre Adrián LeBarón y Azucena Uresti, queda abierta la sospecha de que el crimen contra Abel Murrieta, abogado de los LeBarón en la causa de no dejar impune la masacre a su familia ocurrida el 4 de noviembre de 2019 en Bavispe, Sonora, y a la que se suma la revelación de Adrián de que ambos se verían ayer en Tijuana para poder hablar solos y en persona para así evitar el riesgo de espionaje telefónico, induce a cualquiera a suponer que habría implicados dispuestos a detener al precio que sea la ya iniciada captura de criminales, quizás empujada desde los Estados Unidos. La secuencia de eventos de esa tragedia desde su principio hasta el punto actual revela la creciente inseguridad que padecemos y exhibe, a nosotros como a todo el mundo, otra instantánea del México violento.

Por otro lado, el doloroso incidente de la Línea 12 del Metro de la CDMX, cuya fotografía quedó estampada en primeras planas de los diarios más importantes del mundo y en las pantallas de televisores y celulares de todos los sitios posibles, mostrando una imponente armazón de acero y concreto doblada, rota y caída al suelo con vagones encima y dejando ver imágenes y escuchar gritos percibidos a través de las ventanas del convoy lo cual provocaba la pregunta de propios y extraños de “cómo es que esto fue posible” y tras diversos comentarios de expertos y funcionarios en los siguientes días se intensificó el daño a nuestro prestigio de anhelada potencia tecnológica y administrativa, toda vez que se habló de protocolos y procedimientos bien definidos pero desatendidos por quienes los habrían de haber cumplido muy celosamente, toda vez que se trata de un medio de transporte masivo. Más allá tenemos un exagerado y triste récord de volcaduras y choques mortales de trailers y camiones en nuestras carreteras e invariablemente se argumenta que “fallaron los frenos” y así nadie es culpable; la verdad es que no se siguen los protocolos de mantenimiento. Para colmo, se han publicado videos en toda modalidad de medios sobre las estrategias de las campañas de no pocas candidatas y candidatos a los más diversos cargos políticos y que van desde escenas de tipo canal porno hasta mensajes de lo más irrisorio, y no precisamente por su material de buen humor, sino por la increíble estupidez de su contenido, y todo esto a la cuenta de los monederos y bolsillos de las y los ciudadanos. Ya circula por allí una verdadera “antología” de esas piezas audiovisuales que son el hazmerreír dentro y fuera del País.

Y las fosas, osamentas y sus valientes buscadoras. Y los y las incontables desaparecidas. Y aquellas evitables muertes directas e indirectas por la pandemia. Y súmense a todo esto las recurrentes expresiones de voces oficiales que compiten con el “pajarito” de Maduro o con una selección de los tuits más rasposos de Trump. Y no, no está mal decir que México está siendo humillado y que lo ha sido desde dentro y no por la osadía de un extraño enemigo. El remedio a este panorama comienza por la vergüenza propia (o no comenzará nunca).

Médico cardiólogo por la UNAM. Maestría en Bioética.

CORREO: jesus.canale@gmail.com

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