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Columnas CRITERIO

Mentes conspirativas

Los individuos que viven en incertidumbre, sobretodo sobre su salud y aceptación por los demás, así como en crisis existencial, igualmente son presa fácil del pensamiento conspirativo

Por Jesús Canale

Senadora de Morena por Durango propuso hace tres días una teoría de conspiración al expresar que gente perversa podría estar detrás del incidente de la Línea 12 del Metro de la CDMX que “en un descuido van y le mueven a la ballena para que se caiga”. Si alguien plantea esa teoría seguramente habrá quienes la sigan. A estas alturas irá aumentando el número de seguidores de ese planteamiento; así funciona la “mentalidad conspirativa”.

Lo más interesante es que se ha identificado científicamente en qué mentes dichas teorías caen como el plomo en el agua -hasta el fondo- y hablar de este punto es el tema de este texto.

Por “teoría conspirativa” se entiende la suposición de la existencia de una conspiración que en realidad no existe; existe la suposición pero no la conspiración.

Algunos ejemplos bastan para palpar el crecimiento de las teorías conspirativas. La negación del calentamiento global promovida por la teoría conspirativa que supone a un grupo de individuos manipulando datos para hacer creer al mundo que el planeta se calienta gradualmente por culpa del daño que acciones y omisiones del hombre imponen a la naturaleza.

Poco después de que la nave Apolo se posara sobre suelo lunar surgió la teoría conspirativa de que todo fue una manipulación mediática del Gobierno norteamericano y, hasta la fecha, se escucha a alguien mostrar su adhesión a esa idea.

En México hace todavía un par de décadas se encontraba uno con personas que dudaban que Pedro Infante hubiese fallecido en aquel accidente aéreo en 1957; era la expresión de la intensa resistencia a aceptar la pérdida de un ídolo, y la teoría navegó por décadas. 

El movimiento anti vacunas suele apoyarse, entre otras argumentaciones, en que cierto grupo de sujetos se valen del miedo de la gente a una epidemia y han conspirado para forzar la vacunación generalizada utilizándola como vehículo para introducir al cuerpo humano miniaturas cibernéticas para controlar a las personas.

¿Por qué hay gente que acepta esas teorías? ¿Qué tienen en común estas personas?

En 2013 un sicólogo de la Universidad de Australia Occidental, Stephan Lewandowsky, publicó sus trabajos pioneros sobre este tema. Después han surgido otras comunicaciones ampliando científicamente este asunto.

En primer lugar hoy puede afirmarse que la ansiedad (“estrés”) es quizás el principal caldo de cultivo para el pensamiento conspirativo pero no el único, pues se ha demostrado que también las personas que se sienten menos fuertes para controlar su entorno están más inclinadas a tomarse en serio las teorías conspirativas, igualmente ocurre con las minorías sociales y políticas.

Los individuos que viven en incertidumbre, sobretodo sobre su salud y aceptación por los demás, así como en crisis existencial, igualmente son presa fácil del pensamiento conspirativo.

Un experimento estudió la incidencia de pensamiento conspirativo en personas divididas en grupos a quienes se les preguntó cómo se sintieron acerca de la construcción de una nueva línea del Metro en Amsterdam a la cual se le habían señalado muchos errores y problemas: Los que se percibían más seguros de sí mismos mostraron menos mentalidad  conspirativa que los que tenían menos control de su entorno.

Podemos hoy afirmar con base científica que en un ambiente de inseguridad, división, crispación, violencia, incertidumbre y ansiedad colectiva el mexicano estará más inclinado a explicarse los sucesos a través de confabulaciones y conspiraciones.

Si hay  quien diga que gente perversa pudo mover la ballena para que luego se viniera abajo, por seguro habrá muchos en las condiciones sicosociales suficientes para que al principio lo piensen, luego lo acepten y después lo den por un hecho sin importar la carencia de evidencias. Así crecen las teorías conspirativas. Fomentarlas es abusar de la fragilidad ajena.

JESÚS CANALE

Médico cardiólogo por la UNAM. Maestría en Bioética.

CORREO: jesus.canale@gmail.com

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