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Columnas Denise Dresser

Los Fakeministas

El Fakeminista de Palacio Nacional que se vanagloria de un gabinete paritario, pero tilda de conservadora manipulada a cualquier mujer que lo cuestione.

Por Denise Dresser

He ahí a los hombres erigiendo vallas, arropando a violadores, desdeñando a las mujeres, protegiendo el pacto patriarcal desde hace años. AMLO y Peña Nieto y Calderón y Fox y sus predecesores. El PRI y el PAN y Morena. Los empresarios y los burócratas y los sacerdotes y los esposos y los jefes. Todos llenándose la boca sobre cuán preocupados estaban o están por los derechos de las mujeres. Pero todos ignorándolos, todos pisoteándolos, todos cercenándolos desde puestos de poder que podrían usar en nuestro favor, pero no lo hacen. Seguimos siendo un país de mujeres pobres, de mujeres golpeadas, de mujeres desaparecidas, de mujeres asesinadas, de mujeres violadas, de mujeres sin la capacidad de decidir sobre sus propios cuerpos, más allá de la Ciudad de México. Y detrás de los muros reales y mentales que han erigido están "Los Fakeministas"; quienes intentan usarnos a conveniencia para sus causas, no las nuestras.

El Fakeminista de Palacio Nacional que se vanagloria de un gabinete paritario, pero tilda de conservadora manipulada a cualquier mujer que lo cuestione. El Fakeminista Calderón que promovió una acción de inconstitucionalidad contra la despenalización del aborto. El Fakeminista Fox que se refería a nosotras como "lavadoras de dos patas" y la única mujer a la cual impulsó fue su esposa. El Fakeminismo de ocasión, convenenciero, selectivo y todavía enraizado en la prepotencia; todavía teñido por el oportunismo. El que nos quiere clasificar en feministas "buenas" y feministas "malas". El que nos quiere dividir en función de cuán leales somos a un hombre o a un partido o a una "Cuarta Transformación" que no nos incluye.

El que nos usa para golpear al Gobierno, y no para ayudar a las mujeres. Hombres peleándose entre sí por parcelas de poder, y manipulando nuestros agravios para lograrlo.

Confrontándonos, silenciándonos, provocándonos. Las mujeres que aman a AMLO y las que lo aborrecen. Las mujeres que promueven la agenda de género, pero están dispuestas a sacrificarla si el Presidente se los pide a nombre de Salgado Macedonio. Muchos pañuelos verdes alzados y muchos pañuelos verdes guardados en el cajón. Y una valla colocada frente a Palacio Nacional, bautizada como "un muro de paz" que en realidad es una declaración de guerra, útil para incitar el enojo, incendiar la ira, captar las imágenes de "feminazis pagadas por el PAN". Así intentaría estigmatizar al feminismo y anularlo. Así buscaría desacreditar el enojo legítimo y banalizarlo. Así querría resignificar un movimiento autónomo como una borregada financiada.

Y el tema ya no serían las once asesinadas a diario. Los feminicidios al alza. Los embarazos de niñas en incremento. Las violaciones rutinarias. La violencia doméstica exacerbada por el confinamiento del Covid-19. La candidatura de Salgado Macedonio y el macanazo que representa para las mujeres y sus luchas. López Obrador lograría desviar la atención hacia los desmanes de la oposición y el uso del feminismo como el Caballo de Troya para la 4T. El debate público no se centraría en la violencia contra las mujeres, sino en la violencia provocada por las mujeres. Las encapuchadas, desmadrosas, histéricas, destructivas, abusadoras de policías. Las que deberían estar en casa cuidando a sus padres, alimentando a sus hijos, sonriendo en las juntas de gabinete, guardando silencio cuando el Presidente ignora a las víctimas o se burla de ellas.

AMLO se erigirá entonces como una figura paternal, sabia y humanista que sabe lo que nos conviene. La sumisión en vez de la confrontación. El aplauso en vez del puño en alto. Las mujeres buenas con él, y las mujeres malas en su contra. Las pacíficas con la transformación del País, y las violentas saboteándola. Esa es la estrategia que le ha funcionado tan bien durante los últimos años: Dividir y vencer, polarizar y ganar, desarmar coaliciones progresistas catalogándolas como conspiraciones conservadoras. Así ha desarticulado a los científicos y a los académicos y a los artistas y a los intelectuales y a los periodistas y a los defensores del medio ambiente y a las organizaciones de la sociedad civil. El Fakeminista del Palacio, parado detrás de su valla, ha decidido que el feminismo es un tema de hombres. Nosotras, paradas frente a él y con la frente en alto, tenemos derecho a nuestra propia voz: Enojada o disruptiva o subversiva o pacífica. Pero nuestra.

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