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Columnas

Humor dominical

El muchacho era cándido, inocente; nada sabía de las cosas de la vida, pues su mamá lo había criado en una burbuja de cristal. Y de cristal opaco, para colmo.

Por . Catón

Noche de bodas. Ya en el tálamo la recién casada le hizo una caricia atrevida a su flamante maridito. El muchacho era cándido, inocente; nada sabía de las cosas de la vida, pues su mamá lo había criado en una burbuja de cristal. Y de cristal opaco, para colmo.

No se cuidó la señora de instruir a su hijo sobre las realidades ínsitas a la condición matrimonial. Por lo tanto Chunito -así se llamaba el boquirrubio llegó al matrimonio in albis, esto es decir en calidad de serafín o ángel, ignorante por completo de todo lo concerniente al sexo y al ejercicio de la sexualidad. Debo aclarar que esto que narro sucedió hace mucho tiempo.

En la actualidad ese tema es del dominio público, y en muchos casos las parejas de novios tienen sexo, por lo menos hasta que se casan. Vuelvo a mi historia. Chunito se sobresaltó al sentir en la bragadura la mano de su esposa. Le preguntó azorado: “¿Qué haces?”. Respondió ella respirando con agitación: “¡Quiero tener un hijo!”. Chunito se enojó: “¿Y acaso crees que ahí traigo a la cigüeña?”.

Don Moneto, exitoso ejecutivo, se topó en la calle con un antiguo compañero de colegio. Se preocupó al verlo mal vestido y peor calzado, con astroso aspecto de mendigo. Le preguntó: “¿A qué te dedicas?”. Respondió el otro: “Trabajo en un circo. Mi tarea consiste en recoger todos los días las deyecciones de los elefantes e ir a tirarlas lejos en una carretilla. Percibo un sueldo miserable que apenas me alcanza para mal comer”.

El ejecutivo se conmovió. Le dijo al lacerado: “Ven a trabajar conmigo. Te ofrezco un magnífico salario, una buena casa, automóvil del año y un excelente plan de jubilación”. “¿Qué? -protestó el otro-. ¿Y dejar el show business?”.

Doña Felicia le contó a su amiga Gwendolyne: “Mi marido se escapó con mi mejor amiga”. “¡Oye!” protestó Gwendolyne-. ¡Siempre pensé que yo era tu mejor amiga!”. “Eras -confirmó doña Felicia-. No conozco a la otra, pero ahora tú ocupas un honrosísimo segundo lugar”.

Aquel individuo fue acusado de bigamia. “No lo entiendo -decía consternado-. Cuando hacía feliz a una mujer todos hablaban bien de mí. Ahora que hago felices a dos todos me critican”.

La señora se presentó ante el juez de lo familiar. “Quiero divorciarme de mi esposo”. Inquirió el juzgador: “¿Por qué?”. Explicó ella: “Me hace el amor tres veces en el año”. Reconoció el letrado: “Tiene usted razón al querer divorciarse de ese hombre”. “Sí -confirmó la señora-. No me gusta estar casada con un maniático sexual”.

El artista que esculpió la famosa estatua de la Venus de Milo le explicó a un colega: “La hice así porque nunca me han salido bien las manos y los brazos”.

Ya conocemos a Capronio. Es un sujeto ruin y desconsiderado. Cierto día le dijo a la cocinera de la casa: “Mi suegra va a venir a pasar unos días con nosotros. Ésta es una lista de sus platillos favoritos. Si le haces cualquiera de ellos quedarás automáticamente despedida”.

Doña Clorilia llevó a su hijo a la consulta del pediatra. El facultativo examinó al pequeño y luego le indicó a la madre: “Su hijo muestra un desarrollo normal, excepción hecha de su partecita, que me parece sumamente corta incluso para una criatura de su edad.

Afortunadamente hay un sencillo remedio para esa minusvalía. Déle al niño dos rebanadas de pan de mijo. Con eso la dicha parte crecerá”. Esa misma noche el chamaquito vio en la mesa de la cocina un altero de rebanadas de pan de mijo que llegaba casi hasta el techo. Le preguntó asombrado a su mamá: “¿Todo ese pan es para mí?”. “Nada más las dos rebanadas de arriba -contestó la señora-. Las demás son para tu padre”. FIN.

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