No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas De política y cosas peores

Humor dominical

El primer día de clases la maestra les indicó a los niños: "Y si les dan ganas de ir al baño levanten la mano". Preguntó Pepito: "¿Y con eso se quitan las ganas?".

Por . Catón

"El amor duele". Con esas dramáticas palabras empezó la famosa escritora su lectura de poemas antes las integrantes del Club Sopa de Letras. Doña Sinalefa, una de las socias, se inclinó sobre su vecina de asiento y le dijo en voz baja: "No lo ha de estar haciendo en la debida forma".

El primer día de clases la maestra les indicó a los niños: "Y si les dan ganas de ir al baño levanten la mano". Preguntó Pepito: "¿Y con eso se quitan las ganas?".

Don Chinguetas se veía afligido. Le preguntó su esposa: "¿Qué te pasa?". Contestó él: "Recordaba el día en que tu padre me dijo que si no me casaba contigo me metería 25 años a la cárcel". Dijo eso y luego rompió en llanto: "¡Hoy habría salido!".

Babalucas fue en su coche con una linda chica al Ensalivadero, solitario sitio al que acuden por la noche las parejas. En el asiento trasero del vehículo el tontorrón, poseído por urentes ansias amatorias, se precipitó sin más sobre la joven. "Espera -lo detuvo ella-. Necesitamos alguna protección". "Perdóname, lo olvidaba -se disculpó Babalucas. Y así diciendo les puso el seguro a las puertas del coche.

Uglicio era feo de solemnidad. Pero bien dice el proverbio: "Nunca falta un roto para un descosido". Conoció a una dama que deseaba casarse y le propuso matrimonio. "Está bien -aceptó ella-. Al fin y al cabo la mayor parte del tiempo vas a estar en el trabajo".

Don Cucurulo, señor de muchos calendarios, cortejaba discretamente a la señorita Himenia, célibe madura. La visitaba en su casa todos los jueves por la tarde, y departía con ella deleitosamente sobre temas que para ambos eran de actualidad: Las películas de Pola Negri y Rodolfo Valentino, la poesía de Antonio Plaza y Nervo, los efectos de la Gran Guerra europea.

Don Cucurulo soñaba con darle un beso a su dulcinea, pero no se animaba a pedírselo. Una tarde, animado por dos copitas de vermú que había bebido, le pidió el deseado ósculo. Ella, ruborosa, se negó en un principio a concederlo, pero finalmente sugirió: "Propóngame una adivinanza, amigo mío. Si no se la adivino tendrá usted derecho a rozar mis labios en los suyos". Don Cucurulo, desconcertado, dijo la primera adivinanza que se le ocurrió: "Lana sube, lana baja". "¡El cocodrilo!" -respondió de inmediato la señorita Himenia.

Romerio casó por fin con su novia Tuleta, muchacha de sólidos principios y valores. La noche de las bodas el enamorado novio le sugirió con delicadeza a su flamante mujercita: "Vayamos al lecho, amada mía, y consumemos nuestro amor". Replicó ella con disgusto: "Sexo, sexo. ¿Solamente en eso puedes pensar en esta noche tan importante?".

El cuento con que acaba esta sucesión de lenes chascarrillos puede resultar inconveniente para cierto tipo de personas. Las personas que pertenezcan a ese tipo suspendan aquí mismo la lectura.

La esposa del director del hospital fue a visitar el nosocomio. El director médico la acompañó a un recorrido por los diversos departamentos. Al pasar frente a una de las habitaciones para los enfermos la puerta estaba abierta, y la visitante vio a un sujeto que estaba satisfaciéndose a sí mismo. "¿Qué hace ese hombre?" -le preguntó escandalizada al director.

"Es un paciente -respondió el facultativo sin turbarse-. Sufre una extraña enfermedad consistente en una sobreproducción de esperma, y su médico le prescribió esa actividad a fin de aliviar su condición".

Siguieron el recorrido, y pasaron frente a otro cuarto. En él vio la señora a otro individuo que hacía el amor gustosamente con una hermosa mujer. "¿Y éste?". Le preguntó a su guía. Respondió el doctor, lacónico: "Misma enfermedad. Mejor seguro". FIN.

Comentarios