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Columnas De política y cosas peores

Humor dominical

El cuento que este día voy a relatar podría llamarse "¿De quén chon?" o "Lección para maridos". Doña Gorgona, la esposa del señor Porritas, quiso conocer el Cochibamba, cabaret de moda.

Por . Catón

El cuento que este día voy a relatar podría llamarse "¿De quén chon?" o "Lección para maridos". Doña Gorgona, la esposa del señor Porritas, quiso conocer el Cochibamba, cabaret de moda. "Oh no, mujer -se azaró el señor Porritas-. Jamás he estado en ese sitio, pero según he oído es un antro de muy mala muerte y de peor vida, un infecto tugurio donde toda inmoralidad tiene su asiento y toda truhanería hace su habitación. Una señora casada como tú nada tiene que hacer en un lugar así".

Replicó doña Gorgona: "Todas mis amigas han ido a ese centro de espectáculos, y me dicen que se divirtieron mucho. Yo también quiero ir". Cualquier marido sabe que cuando una esposa se propone algo siempre lo consigue: No hay hombre que resista el sutil poderío de su mujer, si el tal hombre tiene el alma en su almario y es además un caballero.

Así el señor Porritas acabó cediendo a las repetidas instancias de su cónyuge y accedió por fin a ir con ella al famoso Cochibamba, cabaret de moda. Llegados que fueron al lugar el portero se llevó la mano al sombrero de copa que lucía como parte de su atuendo y saludó con evidente familiaridad al recién llegado: "Buenas noches, señor Porritas". Doña Gorgona se atufó. "¿No me dijiste que nunca has venido a este lugar?". "Y no he venido nunca -aseguró él-. Oíste mal. El portero dijo 'Señor Borritas'".

El capitán de meseros acudió a recibir a la pareja. "Qué gusto verlo, señor Porritas" -se inclinó ceremonioso. Otra vez doña Gorgona se encrespó: "Veo que te conoce. ¿Y dices que no has venido aquí?". "Te repito que jamás he estado -reiteró el señor Porritas-. El hombre es mi cliente desde hace algunos años. No sabía que trabajaba aquí". Vino el mesero a levantarles la orden. "Hola, señor Porritas -dijo amistosamente-. ¿Otra vez por aquí?". Subió de tono la indignación de la señora. ¿Y todavía te atreves a decir que no has venido a este antro? ¡Eres un mentiroso!".

"Te he dicho la verdad, mujer -protestó el señor Porritas-. Seguramente el capitán le dio mi nombre al camarero, y éste me dijo lo mismo que les dice a todos". En eso se apagaron las luces del local y un reflector iluminó el escenario. Apareció el maestro de ceremonias, de smoking, bigotito teñido, zapatos de charol y cabello engominado.

"Buenas noches, señoras y señores -dijo con engolado acento-. Les damos la bienvenida al Cochibamba, el lugar donde cada noche se da cita la buena sociedad. Voy a pedirles un aplauso para alguien cuya presencia nos honra y engalana siempre: ¡El señor Porritas!". Sonaron las palmas y se oyeron gritos de los asistentes: "¡Quihubo, Porritas!". "¡Bravo, Porritas!". "¿Cómo estás, Porritas?". El señor se aturruló.

"No sé de qué se trata esto -le dijo confuso a su iracunda esposa-. Será una broma que le hacen a los que vienen por primera vez al cabare". En eso salieron las coristas bailando un son morucho cuyo estribillo decía: "¡Qué bonitas! ¡Qué bonitas!". De pronto se volvieron de espaldas, se agacharon, mostraron el derrière y gritaron desfachatadamente: "¿De quén chon estas nalguitas?". Respondieron ellas mismas: "¡Del señor Porritas!", a coro con los hombres de la orquesta, los meseros, los asistentes todos y los taxistas que esperaban fuera.

Entonces sí ya no se pudo contener doña Gorgona. Se levantó de la silla y empezó a darle a su casquivano marido fuertes golpes con su bolsa ante la risa de la concurrencia. Colorado como un tomate salió a trompicones el señor Porritas seguido de su fiera consorte, que hecha una furia le daba de bolsazos una y otra vez. Vio aquello el portero y comentó meneando la cabeza: "Esta noche sí que le salió brava la mujer, señor Porritas". FIN.

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