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Hambre, protestas, conflictividad: Efectos globales por Ucrania

La guerra en Ucrania está ocasionando escasez e incrementos de precios en esos rubros.

Por Mauricio Meschoulam

“Todo empieza con un factor detonante”, escribía yo hace un tiempo. En el caso colombiano (2021), una reforma tributaria. En Chile, en 2019, un alza al costo del Metro. En Líbano, un impuesto al Whatsapp.

En Hong Kong, una ley de extradición. Pero esas manifestaciones exhiben agravios más hondos, de manera que incluso cuando los detonantes son atendidos, las manifestaciones continúan.

Debido a la confluencia de este fenómeno en tantas regiones del globo, llevamos años monitoreándolo.

Hoy, con el conflicto en Ucrania, existe una posibilidad incluso mayor de que esos detonantes globales se incrementen y sean potenciados por factores locales.

Ucrania y Rusia producen 12% de las calorías que se consumen en el mundo (IFPRI, 2022).

Varios países dependen del trigo, maíz, cebada u otros insumos vitales como los fertilizantes que importan de esa región.

La guerra en Ucrania está ocasionando escasez e incrementos de precios en esos rubros, los cuales se suman a la inflación que ya venía desde antes, además de las alzas de precios en los energéticos.

Esta situación debe entenderse también desde otra serie de factores que producen conflictividad social.

Retomamos algunos:

1. Factores materiales estructurales: La desigualdad y falta de acceso a oportunidades, combinadas con elementos sistémicos como los efectos de largo plazo de las crisis financieras globales, o las crisis de endeudamiento. A eso, a veces hay que sumar las medidas de austeridad. Es probable que hoy, tras dos años de pandemia y con la guerra en Ucrania, estos temas se exhiban con alta frecuencia.

2. Factores sociales, políticos y sicológicos: A las condiciones materiales prevalecientes, se necesita añadir la percepción que de éstas se tiene, los agravios que esas condiciones provocan y el sentimiento de quiénes son los causantes de esos agravios; la percepción de que ciertos sectores solo buscan conservar sus privilegios, o que no existen canales políticos adecuados para procesar las demandas sociales, o bien, la percepción de que las instituciones son ineficientes, o corruptas. Así, se genera un cóctel explosivo que se suma y contribuye con procesos de polarización severa.

3. Factores detonantes: Ante un contexto como el explicamos, basta una decisión, una mecha que prende la llama, para encender manifestaciones como las que hemos visto, las cuales se esparcen de manera intensa, amplia y muy veloz. El detonante puede ser la decisión de subir ciertos impuestos, o ciertos precios de servicios básicos o la eliminación de ciertos subsidios. ¿Cuántos detonantes globales, entonces, está produciendo hoy la guerra en Ucrania? ¿El alza al trigo? ¿El alza a los combustibles? ¿Los programas de austeridad?

4. Los facilitadores: Es imposible entender estas protestas si no añadimos el rol que hoy juegan las tecnologías de comunicación. Esto va desde la organización de marchas por redes sociales, hasta la viralización de textos, videos e imágenes que tienden a acentuar sentimientos como el enojo, la frustración, la impotencia, o el miedo. La explosión informativa permite también que las personas se enteren y experimenten en tiempo real lo que está ocurriendo en sitios distantes.

Hay un facilitador adicional: La respuesta que algunas de las autoridades deciden dar a las protestas; la decisión de reprimirlas puede activar una espiral ascendente.

La guerra en Ucrania, sumada a otros factores globales y locales, podría desatar distintos niveles de conflictividad en diversos países.

Los gobiernos, actores del sector privado y social, deben intentar prever posibles consecuencias locales de los aspectos señalados, y tratar de contribuir a mitigar algunos de esos impactos.

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