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Columnas Círculo Rojo

El llamado de la naturaleza

El insólito momento por el que atraviesa la humanidad, producto de la aparición de un nuevo virus, ha trastocado, en todos los órdenes de la vida, a millones de personas de manera simultánea.

Por Carmen Aristegui

El insólito momento por el que atraviesa la humanidad, producto de la aparición de un nuevo virus, ha trastocado, en todos los órdenes de la vida, a millones de personas de manera simultánea. Crisis nuevas y crisis preexistentes que se agudizan y enciman, unas sobre otras, generando un sentimiento planetario de incertidumbre e interrogantes abiertas.

Ayer que se conmemoró el Día Internacional del Medio Ambiente, dedicado en este annus horribilis 2020 a la biodiversidad, siendo anfitrión Colombia, abre espacio a las teorías de que el Covid-19 se lo inventó la naturaleza para sacudir a los humanos de manera violenta y obligarlos a parar -así sea temporalmente- la operación del modelo dominante de desarrollo que privilegia la explotación y consumismo sin consideraciones con el medio ambiente, las especies, los bosques, los mares, los ríos y los propios seres humanos que se ven afectados en su salud y entorno por prácticas depredadoras. 

Sumándose a está teoría, el papa Francisco dijo hace unos días: “No sé si se trata de la venganza de la naturaleza, pero ciertamente son las respuestas de la naturaleza”. Cada quien tendrá sus interpretaciones sobre los porqués de la pandemia, de lo que no parece haber duda, desde la perspectiva científica, es que el cambio climático, la tala inmoderada, incendios intencionales y deforestación que van ganando los espacios a los hábitats de la vida silvestre y perdiendo grandes valores de la biodiversidad, han colocado al mundo en una severa crisis ecológica, pero no sabemos si seremos o no capaces, después de este “llamado o reclamo de la naturaleza”, de cambiar como humanidad. Lo de los coronavirus, todo indica, llegó para quedarse. El Covid-19 es el recién llegado, pero contagios y muertes se cuentan por millones, desde hace años, por enfermedades causadas por coronavirus de distintos tipos. Los científicos señalan que entre el 70 y el 75% de las nuevas enfermedades en seres humanos son zoonóticas, es decir, que se transmiten de animales a personas, como éste que trae de cabeza al mundo.

Naciones Unidas, en su presentación sobre las condiciones en las que llega el mundo a esta fecha conmemorativa, deja la frase para tratar de crear conciencia, en medio de esta pandemia: “La naturaleza nos está enviando un mensaje”, y hace el recuento de los eventos más recientes que apenas hace pocos meses merecían la atención mundial: Los impresionantes incendios en Brasil, California y Australia; la invasión de langostas en África, glaciares que se derriten, sequías, inundaciones y hoy la pandemia de Covid-19, demuestran, dice la ONU: “... la relación inextricable entre los humanos y las redes de la vida en las que vivimos”. Inextricable es “aquello que no se puede desenmarañar... de lo que uno no puede desembarazarse... aquello que resulta muy complicado”. Pues sí, una relación así es la que hay y habrá entre los humanos y las redes de vida que hemos ido dañando y deteriorando. Los datos de los organismos internacionales ilustran lo que ha ido ocurriendo en el inmenso universo de la naturaleza, con los ecosistemas que albergan a ocho millones de especies de seres que habitan en el planeta. En unos 10 años, se calcula, una de cada cuatro especies conocidas podría desaparecer.

El relator especial sobre los derechos humanos y el medio ambiente de la ONU, David Boyd, aboga con sentido de urgencia por acciones transformadoras que protejan al medio ambiente y los derechos humanos y para atender “... las causas de la disrupción climática, la pérdida de la biodiversidad, la contaminación tóxica y las enfermedades zoonóticas”. Directamente señala a la pandemia por Covid-19 como lo que demuestra “... los impactos directos y severos de la degradación ambiental” en la vida y salud de los humanos. El foco puesto en la mayoría de las enfermedades infecciosas que pasan de la vida salvaje a los seres humanos. Clama por acciones preventivas para salvar millones de vidas y miles de millones de dólares.

El derecho a un medio ambiente seguro, limpio, saludable y sostenible debe ser reconocido, ya, por todos los países del mundo, dice Boyd. Y tiene razón, ese tendría que ser uno de los derechos humanos más importantes del siglo XXI. Un marco legal, cuyos principios sean compartidos por los países del mundo, basado en este derecho tendría que ser el eje central en que se monten las decisiones que tendrían que tomarse después de esta sacudida de la cual no tenemos idea cuándo saldremos.

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