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Comida chatarra

En el reciente caso de Oaxaca, el texto de la ley prohíbe “… la distribución, donación, regalo, venta y suministro a menores de edad de bebidas azucaradas y alimentos envasados de alto contenido calórico”, pero no reprueba lo mismo para bebidas o alimentos no envasados de fábrica.

Por Jesús Canale

En algunos sitos del mundo se ha legislado en contra del consumo de cierto tipo de alimentos, concretamente los conocidos aquí como comida chatarra y comida rápida, ya sea restringiendo directamente su venta o bien indirectamente al gravarlos de mayores impuestos o limitando las áreas de su consumo. Oaxaca se ha sumado a este género de iniciativas, concretamente al prohibir su venta directa a los niños. ¿Qué es lo que ha motivado a legisladores de otras regiones del mundo así como a los del Estado de Oaxaca a proponer cierta prohibición alimentaria? Una respuesta 100% precisa será difícil de ofrecer en esta columna, pero al menos uno puede observar lo que los mismos autores de tales prohibiciones han manifestado como sus motivos en sus declaraciones o en los textos de las leyes. Citemos primero a Venecia: Allí el motivo fue reducir el deterioro que la enorme afluencia de turistas impone ya que los desperdicios de las envolturas, envases y residuos de los productos de comida rápida como pizzas, kebabs (una especie de tacos o “burros” del Medio Oriente) cuyas sobras dejan un aspecto mugroso en los sitios turísticos de Venecia por los más de 30 millones de personas anualmente. En Venecia ya no se conceden permisos para expendios de ese tipo de comida rápida. La ciudad de Milán mostró aversión explícita a la entrada de Starbucks pues cómo permitir que esa cadena se asiente en la cuna del expreso? En Torba, en el Pacífico Sur, la venta de comida que contenga ingredientes extranjeros no se permite en alojamientos turísticos; se debe consumir lo regional. El Gobierno japonés implantó en 2008 un impuesto especial a la comida chatarra esgrimiendo motivos de salud por exceso de peso. En México, a propuesta del Gobierno de Enrique Peña Nieto el Congreso aumentó, en 2013, el impuesto a refrescos azucarados y alimentos muy calóricos señalándola como una medida contra el sobrepeso y la obesidad. En 2018 el Gobierno local de Londres promovió la prohibición de publicidad de alimentos con alto contenido de grasa, azúcar o sal en el transporte público explicando la medida como una estrategia contra la obesidad infantil. Así pues, la prohibición o restricción de la publicidad, ofrecimiento o venta de alimentos chatarra, comida rápida o denominaciones similares ha sido objeto legal en varios países o ciudades del mundo y por motivos diversos: Vemos cómo mientras unos esgrimen razones de salud otros aducen cuestiones de limpieza citadina y otros más como proteccionismo a sus platillos regionales o tradicionales. En el reciente caso de Oaxaca, el texto de la ley prohíbe “… la distribución, donación, regalo, venta y suministro a menores de edad de bebidas azucaradas y alimentos envasados de alto contenido calórico”, pero no reprueba lo mismo para bebidas o alimentos no envasados de fábrica. En términos reales y científicos, el aporte calórico y la constitución de los componentes de alimentos en envoltura o envase pueden representar exactamente lo mismo que los alimentos no envueltos o envasados. Comparemos, por ejemplo, el aporte de una taza de capirotada o de una “coyota” de piloncillo o cajeta contra un surtido de caramelos de azúcar o cajeta contenidos en una bolsa de origen: La relación con la ganancia de peso de un menor (y de un mayor) de edad será exactamente la misma. Otra posibilidad es que la medida legal oaxaqueña lleve alguna “dedicatoria” expansiva a la industria refresquera y de golosinas. Quizás haya un poco de todo: Aumentar el consumo de las bebidas y golosinas tradicionales, dar un guiño nostálgico a un pasado tan opacado por la globalidad y, a la vez, explorar algún impacto sobre el exceso de peso…¡Ojalá! Adiós mazapanes, chocolates, Manzanita sol y papitas fritas; bienvenidas las piñatas de capirotada y melcocha.

Médico cardiólogo por la UNAM.

Maestría en Bioética.

jesus.canale@gmail.com  

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