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Columnas

Artículo tercero, padres e hijos

Los padres no pueden estar exiliados de la educación de sus hijos ni el Estado puede quedarse cruzado de brazos desentendiéndose de garantizar buena educación para todos.

Por Jesús Canale

Impulsada por una entrevista telefónica de Joaquín López Dóriga a Olga Sánchez Cordero se ha popularizado una discusión creciente acerca de los criterios que deben prevalecer en relación al derecho de los padres de familia en la educación de sus hijos, en este caso concretamente en relación a la educación sexual y otras materias en las que hay posturas ideológicas o éticamente distintas. La citada entrevista, ocurrida hace hoy 10 días, alude específicamente al derecho de los padres a interponer el criterio del “pin parental” para tener la facultad de opción si sus hijos asistirían o no a ciertas clases con cuyo contenido o tendencia ideológica ellos no estuvieran de acuerdo que fueran apropiados para sus hijos, sobre todo por la manera con la que se impartieran en el aula. Primero entendamos que “pin parental” (o “parental control pin”) es una expresión en inglés que surgió originalmente para referirse a un dispositivo opcional en los televisores para que los padres puedan bloquear algunos programas cuyos contenidos violentos, sexuales, ideológicos, etcétera, considerasen inconvenientes para sus hijos. El año pasado en la comunidad autónoma de Murcia, España, el Gobierno implantó bajo el impulso del partido político Vox y adoptando la misma expresión de “pin parental” (o “veto parental”) la facultad de los padres de consentir o rechazar que sus hijos asistan a clases cuyo contenido se exponga en alguna modalidad o sesgo ideológico que consideren inapropiado para sus menores. Esta estrategia va ganando cierto terreno entre diversas agrupaciones de padres de familia de otros sitios, entre ellos nuestro País. La señora Sánchez Cordero sostiene que una política pública que otorgue a los padres de familia el derecho a elegir que sus hijos asistan o no asistan a ciertas clases es contraria al artículo tercero constitucional toda vez que, desde las reformas publicadas oficialmente en mayo del año pasado, el texto del citado artículo así pudiera interpretarse. (Yo no encontré nada concreto ni explícito al respecto en el texto del artículo). La verdad es que es deseable que todos los niños reciban una educación escolar de la misma y buena calidad, igualmente completa y verdadera, no sólo en materia sexual sino en todos los aspectos de la ciencia (la ideología de género no es, en sí, científica), la técnica, la cultura y la ética. También es verdad que a los padres debe reconocérseles públicamente el derecho que tienen para la educación de sus hijos; que no sólo es un derecho sino una obligación irrenunciable: Derecho y obligación que les son naturales a su condición de madres y padres, y en consecuencia, que la ley civil debe reconocer. Esto no tiene por qué estar de pleito con la facultad del Estado de sostener la rectoría de la educación, entendiendo que es obligación del Estado (Federación, Estados, Ciudad de México, municipios y alcaldías) garantizar para todos los ciudadanos su derecho a una educación veraz y de calidad, sin distingos ni exclusiones. El asunto es que todo esto nos lleva de nuevo al tan viejo como renovado enfrentamiento entre el Estado y los ciudadanos, concretamente en un asunto en el que se trata realmente de un enfrentamiento entre las ideas de un Gobierno en turno y las ideas o conciencia de los ciudadanos. Los padres no pueden estar exiliados de la educación de sus hijos ni el Estado puede quedarse cruzado de brazos desentendiéndose de garantizar buena educación para todos. Muchos pueblos del mundo han resuelto este conflicto y otros ni siquiera lo han tenido jamás. Por lo menos las acusaciones mutuas entre la señora Sánchez Cordero y ciertos padres de familia han sido, para mí, de poco nivel, con insinuaciones recíprocas que dejan entrever encono y animadversión, cosa nada buena tratándose de un conflicto que tiene a niños por en medio.

Médico cardiólogo por la UNAM.

Maestría en Bioética.

jesus.canale@gmail.com

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