No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Batarete

4 Meses 4

Haremos bien en prepararnos para la “nueva normalidad”. Esto va a terminar, pero sería un absurdo volver a vivir como antes

Por Ernesto Camou

La semana próxima cumplimos, mi compañera y yo, cuatro meses de perseverante encierro. Dirán que el miedo no anda en burro, y tendrán razón, pero más importante que el temor, resulta la responsabilidad compartida para sortear el contagio y evitárselo a quienes nos rodean: Familiares, las personas que nos ayudan y aquellos con quienes nos topamos en las muy escasas salidas que han sido ineludibles.

Tenemos conciencia de que enfermarse implica constituirse en un foco de contaminación, un portador de un virus muy oportunista que anda buscando cómo saltar de uno a otro, o a otra, y permanecer como una amenaza comunitaria por un lapso mayor. No se vale el descuido cuando ponemos en peligro a muchos cercanos que, a su vez, pueden esparcir, muy rápido ya lo sabemos, la pandemia hacia un conglomerado que puede crecer casi exponencialmente.

No ha sido demasiado difícil el encierro, a pesar de que llevamos contaditos un total de 118 jornadas en una clausura extendida, son casi tres ciclos de 40 días, cuarentenas pues, y ocho y media de catorce, como se está contando el aislamiento prudente en esta pandemia. Sabemos que vivimos un cierto privilegio pues podemos trabajar en casa, tenemos un solar amplio por el cual caminar, además de estar fuera de la ciudad y en un entorno campirano. Se agradece.

A pesar de que la epidemia nos regaló unos meses de convivencia con las hijas, que viajaron a trabajar en casa también y mucho se agradece, sí se extrañan los festejos con los amigos y amigas, esos ratos de compartir vida, una copa, una comida y mucha alegría, sabemos que esta contingencia terminará y reanudaremos eso que, por la necesidad, hemos dejado entre paréntesis.

Inquieta, sin embargo, comprobar cómo en la entidad el contagio no parece ceder. Hay varias razones, algunas de más peso que otras: En primer lugar hay multitudes muy poco informadas, que se han creído la especie de que se trata sólo de una gripe más, y continúan su vida muy desaprensivos pensando que si no piensan, no los tocará el virus. Son los que abarrotan la playa los domingos, salen en bola a los pueblos a festejar y divertirse los fines de semana y no vacilan en tener “juntadas” una o dos veces por semana con cualquier pretexto.

Hay muchos también que no tienen más remedio que arriesgarse y trabajar en ambientes no protegidos. Son los que están en mayor riesgo: Somos un país con una tasa de pobreza altísima, gracias a la desvergüenza de gobiernos anteriores, y todavía resulta extremadamente difícil plantear las soluciones estructurales urgentes. Hay varias asociaciones que están tratando de ayudar y mitigar el problema. Se les agradece y conviene apoyarlas adecuadamente.

Esta semana hemos tenido dos de las jornadas con mayor número de contagios, cuando en estados vecinos parece ir cediendo la enfermedad. Probablemente buena parte de esa infección se originó en las celebraciones atolondradas para festejar a los padres, hace dos semanas; pero también se puede sospechar que buena parte del mal nos lo exportan: El sábado pasado se celebró del otro lado de la frontera la independencia estadounidense. Muchos residentes de Arizona, una de las regiones más afectadas por allá, aprovecharon para viajar a Sonora, a visitar parientes y disfrutar del mar. Fueron varios miles de vehículos que cruzaron la frontera, no respetaron nuestra cuarentena y es probable que en una semana más lo comprobemos con un aumento en la estadística de afectados.

Haremos bien en prepararnos para la “nueva normalidad”. Esto va a terminar, pero sería un absurdo volver a vivir como antes: El Covid puso en entredicho hábitos más sociales que individuales, modos de convivir y trabajar, pero también formas de producir lo que consumimos, así como unas estructuras económicas que han fomentado la desigualdad, la pobreza y las enfermedades.

Tenemos que reinventar nuestro modo de vivir, y nuestra organización social, nada menos.

Comentarios