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Llegaron los aliens y no estamos preparados

La pregunta existencia es ¿cuáles serían los objetivos de anunciarlo y podría hacerlo en una forma responsable, que no traumatizara la humanidad?

Ana María Salazar

Tengo aproximadamente dos años siguiendo de cerca los cuestionamientos y debate público de políticos estadounidenses sobre la existencia de extraterrestres. Y este morbo se debe en parte por la natural curiosidad de saber la verdad. Pero este debate tiene un ángulo político muy peligroso: El anuncio de la existencia, o no, de extraterrestres no tendría un propósito de iluminar la humanidad.

Es mucho más probable que esta información se anunciaría en forma absolutamente irresponsable, como un arma política, para fortalecer el legado de un Presidente incapaz o para distraer a los electores estadounidenses de las diferentes crisis que enfrenta el presidente Donald Trump.

La información y el debate sobre la existencia o no de extraterrestres obviamente no es monopolio de Estados Unidos ni del actual Presidente. Es una conversación milenaria con matices religiosos y biológicos donde en el centro se buscan respuestas fundamentales de quiénes somos y en qué creemos.

Pero probablemente el único país y gobernante que tiene la plataforma mundial para hacer un anuncio creíble (se verdad o no) son los Estados Unidos y el presidente Donald Trump. La pregunta existencia es ¿cuáles serían los objetivos de anunciarlo y podría hacerlo en una forma responsable, que no traumatizara la humanidad?

Porque de que tendrá un impacto histórico en la humanidad no me cabe la menor dura. Hace algunas horas el presidente Donald Trump escribió en su red Truth Social que “Basado en el enorme interés mostrado, daré instrucciones al secretario de Guerra, y a otros departamentos y agencias relevantes para que comiencen el proceso de identificar y divulgar archivos del Gobierno relacionados con vida alienígena y extraterrestre, fenómenos aéreos no identificados (UAP) y objetos voladores no identificados (OVNI), así como cualquier otra información conectada con estos asuntos tan complejos, pero extremadamente interesantes e importantes.

¡Dios bendiga a América!” Esta orden fue en reacción a las declaraciones de Barack Obama, el antagónico más importante de Trump, que en un podcast el ex Presidente pareció confirmar la existencia de extraterrestres, aunque más tarde aclaró que no ha visto ninguna prueba de vida extraterrestre.

La reacción inicial del presidente Donald Trump fue asegurar que Obama divulgó información clasificada. Horas después Trump ordenó que las agencias de Gobierno que divulgaran información sobre extraterrestres. Parecería molesto que Obama, de nuevo, estuviera haciéndole sombra.

Pero no es la primera vez que hay una orden de transparentar el llamado fenómeno OVNI, ahora conocidos como UAP en Estados Unidos. Las audiencias legislativas encabezadas por la congresista Anna Paulina Luna marcaron un punto de inflexión en la discusión pública sobre los fenómenos aéreos no identificados.

Luna impulsó sesiones en las que ex funcionarios militares y de inteligencia declararon bajo juramento que el Gobierno estadounidense ha recopilado evidencia de UAP durante décadas, incluyendo incidentes documentados por pilotos y sensores militares.

En estas audiencias se denunciaron programas altamente clasificados, la falta de transparencia del Pentágono y la posible retención de información incluso frente al Congreso. Las sesiones, transmitidas en vivo y ampliamente cubiertas por los medios, colocaron el tema en el centro del debate político y reforzaron la presión para que las agencias federales revelen lo que saben y lo que han ocultado sobre estos fenómenos.

La persistente opacidad gubernamental en torno a estos fenómenos puede explicarse por una combinación de factores institucionales, estratégicos y políticos. Durante décadas, el Pentágono ha operado bajo la lógica de que cualquier objeto desconocido en el espacio aéreo podría representar una amenaza o una ventaja tecnológica de potencias rivales, lo que incentivó el secreto más que la divulgación.

También existe el temor a generar pánico público o a abrir debates que el Gobierno no puede controlar ni responder con evidencia concluyente. Finalmente, la posibilidad de que algunos incidentes revelen vulnerabilidades en los sistemas de defensa ha llevado a que ciertos datos se mantengan clasificados, no necesariamente por su naturaleza extraordinaria, sino por su valor estratégico en el tablero geopolítico. Un anuncio formal de Donald Trump sobre la existencia de vida extraterrestre tendría un impacto inmediato y profundo en la economía global y en la percepción pública.

Los mercados financieros suelen reaccionar con volatilidad ante eventos inesperados. A nivel social, la reacción mundial sería desigual: Algunos países responderían con cautela institucional, otros con escepticismo, y una parte significativa de la población podría experimentar ansiedad, fascinación o incredulidad, dependiendo de la forma y el contexto del anuncio.

Pero no hay vuelta de hoja. La pregunta sigue siendo cuáles serán los objetivos de Trump: Viéndose como una figura histórica o un intento de encubrir u ofuscar. Anunciarlo en una forma irresponsable, para robar titulares.

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