Mirna Nereida Medina, líder de las Rastreadoras de El Fuerte, coloca unas flores en la tumba de su hijo Roberto, en el panteón de Mochicahui, Sinaloa; y acaricia una foto del joven que atestigua la corta edad que tenía cuando le fue arrebatada su vida.

Mirna Nereida Medina, líder de las Rastreadoras de El Fuerte, coloca unas flores en la tumba de su hijo Roberto, en el panteón de Mochicahui, Sinaloa; y acaricia una foto del joven que atestigua la corta edad que tenía cuando le fue arrebatada su vida. Eleazar Escobar Fotógrafo:

México

"Roberto, en sueños, me decía que lo buscara por donde pita el tren": Rastreadora de El Fuerte

Rastreadoras de El Fuerte son mujeres que han retado al Gobierno, la sociedad y al narcotráfico, en busca de sus desaparecidos.

Por Guadalupe Gutiérrez

EL FUERTE, Sinaloa.- "Roberto espérame, espérame, dime qué estabas haciendo, ¿por qué no venías?"

-"Cuando me alcances te voy a contar todo", respondía el joven.

Mirna Nereida Medina se despertaba agitada de ese sueño angustiante y perturbador que empezó a tener a raíz de la desaparición de su hijo, que en ese tiempo tenía 21 años de edad, ocurrida el 14 de julio del 2014 en la población de El Fuerte en el Estado de Sinaloa.

La mujer, quien es maestra y que ahora reside en Los Mochis, platica sin poder ocultar su dolor que en sus sueños iba a toda prisa detrás de Roberto, el mayor de sus dos hijos, y aunque nunca lograba alcanzarlo, sí recuerda una frase que le decía: "Búscame por donde pita el tren".

Roberto me hablaba en sueños y me decía que lo buscara por donde pita el tren; yo pienso que a lo mejor cuando lo llevaban a matar él oía al tren allá en El Fuerte... yo siempre por eso lo buscaba por las vías de los trenes", comenta mientras se limpia unas lágrimas que le provoca ese recuerdo.

Mirna Nereida hace memoria durante la entrevista que se desarrolla en el local comercial que el grupo de las Rastreadoras de El Fuerte ha adaptado como su oficina en Los Mochis, ciudad a 85 kilómetros de El Fuerte en Sinaloa, Estado ubicado al Noroeste de México, que también es conocido por ser la cuna del cártel de Joaquín "El Chapo" Guzmán.

Ese lugar que las Rastreadoras usan como "refugio" tiene las paredes tapizadas con las fotografías de personas desaparecidas, la gran mayoría hombres jóvenes, las cuales ellas tocan y luego se persignan con cariño, como si bendijeran de esa forma a sus hijos y esposos a los que tanto desean encontrar.

Detrás de Mirna Nereida Medina se observan decenas de fotos de personas desaparecidas, la mayoría de ellas jóvenes | Eleazar Escobar

"Buenos testigos"

Sobre un mueble de la oficina hay un cuadro enmarcado con la frase: "Los huesos son buenos testigos, a pesar de que hablan bajo no mienten y nunca olvidan", atribuida a Clyde Snow, antropólogo forense estadounidense.

Cansada y asoleada, ya que acababa de llegar de una extenuante jornada de búsqueda, Mirna Nereida -una mujer alta, fuerte y de gran personalidad- se sienta, se relaja y platica cómo hace cinco años nació este grupo que ahora es un movimiento nacional.

Cansada y asoleada, ya que acababa de llegar de una extenuante jornada de búsqueda, Mirna Nereida platica cómo hace cinco años nació el grupo de las Rastreadoras de El Fuerte que ahora es un movimiento nacional | Eleazar Escobar

Las Rastreadoras de El Fuerte son un colectivo que, como ellas dicen, no debería de existir; está formado por más de 120 mujeres del Norte de Sinaloa que se han propuesto desafiar todo: A las autoridades, a la crítica de la sociedad que etiqueta a las víctimas como delincuentes, y al mismo crimen organizado, todo esto con tal de hallar a sus seres queridos.

Ellas aseguran: "No queremos culpables, sólo queremos encontrarlos para darles una cristiana sepultura, ¡no más!".

Mirna Nereida Medina Quiñonez dio origen a este movimiento que se fue tomando como ejemplo en estados como Baja California Sur, Nuevo León, Guerrero, Oaxaca, Estado de México, Morelos, Chihuahua, Sinaloa, Coahuila, Nayarit, Veracruz y Sonora.

Incluso en Guerrero, en septiembre del 2014, tras la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, compañeros de los estudiantes y las familias emularon este tipo de exploraciones.

Una rastreadora limpia el área de una
posible fosa clandestina | Eleazar Escobar

Las Rastreadoras empezaron a incomodar tanto a autoridades de su Estado y del País como al crimen organizado, ya que pusieron el "dedo en la llaga" en este problema que ha llamado la atención mundial.

Es por ello que este colectivo al denunciar y exhibir el fenómeno de la desaparición en el País ha recibido amenazas de muerte e incluso disparos, pero ni por eso ha sido silenciado.

Este movimiento ha despertado el interés de organizaciones internacionales que han invitado a Mirna y miembros del grupo a impartir pláticas y compartir su experiencia.

El fenómeno de la violencia y las desapariciones en el País va en aumento, indica Mirna Nereida, pues han visto con tristeza que cada vez son más los casos.

"Estamos trabajando para que esto no continúe, que paren las desapariciones, pero no nos ha dado resultado; la verdad, vemos que día con día hay más jóvenes desaparecidos", lamenta.

La "loca de la pala"

De un carácter abierto, amistoso y siempre dispuesta a sonreír, parece increíble que Mirna Nereida haya pasado por esta tragedia.

El 14 de julio del 2014 Roberto fue "levantado", como también se le conoce en México a la persona que es privada de la libertad, delito cometido principalmente por organizaciones criminales y que generalmente es sinónimo de muerte.

Mirna presentó inmediatamente una denuncia y al no ver una pronta respuesta de la Fiscalía General de ese Estado, en su desesperación, organizó una improvisada búsqueda con un pequeño grupo de gente, incluido el padre de su hijo, apenas un día después de la desaparición.

Mirna Nereida con una pala busca restos humanos | Eleazar Escobar

Con sólo dos palas y un machete fue así como el grupo se dirigió al monte a buscar, con resultados infructuosos... hasta ese momento.

"Mucha gente me decía 'estás loca, ¿por qué lo buscas así?', me llamaban la loca de la pala, pero eso a mí no me afectaba, yo lo único que quería era encontrar a mi hijo y en esa locura yo arrastré a muchas mujeres.

"Me encontré una primera fosa el día sábado 19 de julio y el día 20 ya hicimos las exhumaciones, fue muy rápido", platica.

Aunque ellas al principio se aventuraron sin tener una idea de cómo realizar esta labor, han ido adquiriendo algunos conocimientos sobre la actividad forense, pero carecen del equipo adecuado: Con lo único que cuentan son herramientas básicas de trabajo.

Mujeres con pala en mano durante una búsqueda de personas desaparecidas | Eleazar Escobar

Al internarse en el monte observan si el terreno es anormal, si la tierra está suelta o acumulada en un montículo, si hay hojas que la cubran o algo que evidencie que abajo puede haber una fosa clandestina.

Meten una varilla a la tierra y si despide el olor característico a la descomposición de restos humanos o si la tierra está impregnada con grasa, es muy probable que sea un sitio de inhumación.

De encontrar restos óseos, los extraen y los colocan en unas bolsas especiales, luego con un colador ciernen la tierra para hallar fragmentos más pequeños, si los hay.

Algo que nunca dejan de hacer cuando encuentran algún resto humano, sin importar de quién sea, es tomarse de las manos y rezar un Padrenuestro y otras oraciones por el alma de esa persona. Incluso siempre se encomiendan a Dios antes de emprender cada búsqueda.

"Antes te mataban, te ejecutaban y ahí te dejaban"

Mirna explica que ellas manejan sus propios registros de desaparecidos reportados por familias del Norte de Sinaloa, cuyas cifras indican que son mil 10 personas en esa situación sólo en esta región; el grupo ya ha logrado recuperar 220 restos y 150 se han entregado a los familiares.

Panorama de la violencia en México | Gráfico: Óliver León

Cuatro días a la semana las mujeres se dirigen a sitios despoblados llevando palas, picos, rastrillos y varillas se lanzan a esta incursión sin importar el calor, el Sol, u otros peligros; rodeadas de mezquites, guamúchiles y otros árboles conocidos como "uñas de gato", ellas exploran y escarban en busca de sus seres queridos, sus "tesoros", como los llaman.

Así les nombran ya que constituyen lo más valioso para cada una de esas familias.

Las Rastreadoras que aún no han hallado los restos de su familiar acostumbran portar una camiseta blanca con la leyenda "Te buscaré hasta encontrarte", otras sin embargo, ya llevan una prenda de color verde que reza "Promesa cumplida".

De acuerdo con Mirna Nereida, en lo que se refiere al contexto de Sinaloa, detrás de tantas desapariciones está el crimen organizado coludido con policías municipales.

Una de las rastreadoras llora mientras acaricia la foto
de su hijo desaparecido, en la oficina que ellas tienen en
Los Mochis, Sinaloa | Eleazar Escobar

"Es la delincuencia organizada que se está peleando por el poder, pero desgraciadamente la delincuencia organizada abraza a la Policía Municipal, la mayoría de las personas que han sido desaparecidas, en sus últimos momentos o estaban cerca una patrulla o habían sido detenidas en barandilla o tenían algún lazo con algún policía municipal, la mayoría", afirma.

Ella explica que un desaparecido le resulta más conveniente a la autoridad como a los criminales, pues es una persona que no está muerta oficialmente y por lo mismo no engrosa las estadísticas de homicidios.

De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública hasta abril del 2018 había oficialmente 35 mil 647 desaparecidos en el País. Actualmente ya se suman 46 mil, de acuerdo con el Gobierno federal.

En cuanto a los homicidios dolosos en México, el pasado año se registraron 33 mil 369 asesinatos, siendo el más violento de la historia de México desde que empezaron los registros en 1997.

Más de 200 mil personas han muerto de forma violenta en el País desde el lanzamiento del operativo gubernamental contra el crimen organizado en 2006, según cifras oficiales.

"Al momento que estos plebes aparecen muertos entonces ya es un homicidio, ya les eleva la cifra de homicidios que tienen en el País, en la zona o en el Estado.

"Antes te mataban, te ejecutaban y ahí te dejaban, y ahora no, el modus operandi es esconderte porque ni estás vivo ni estás muerto, no cuentas", añade.

"Aquí está un cráneo, ya lo encontré"

Precisamente el día en que se cumplían tres años de la desaparición de Roberto Corrales, el 14 de julio de 2017, el grupo organizó una búsqueda para conmemorar dicha fecha, sin imaginar que la faena arrojaría un resultado inesperado.

Durante la búsqueda, Mirna recibió varios mensajes anónimos a través de WhatsApp, sobre unos restos que se encontraban en el lugar y le insistían que no se fueran sin encontrarlos.

Como ella ya había recorrido anteriormente ese lugar, y con los datos que le proporcionaban por el teléfono, ubicó el sitio que le indicaban.

Mirna Nereida Medina se observa rodeada de imágenes de desaparecidos en el Norte de Sinaloa | Eleazar Escobar

"Les dije: ¿Saben qué?, me están dando otra vez el punto, dicen que no es este cerro, que es el que sigue, ¿qué dicen?, ¿le entran mujeres?", recuerda.

A pesar de que eran ya alrededor de las 2:00 de la tarde, tenían hambre y estaban agotadas, las mujeres accedieron a continuar la búsqueda.

Bajo un Sol quemante, que en ese mes ronda los 35 grados centígrados, siguieron buscando en un lugar cercano a El Fuerte, en una zona conocida como el Maune.

"Empezamos a hacer los grupos para abarcar el cerro, rodearlo, y subir y llegar todas arriba; yo iba en un tercer grupo y el primer grupo que sube, y (una compañera) me grita desde arriba: 'Aquí está un cráneo', 'ya lo encontré'".

"El cráneo tenía parte de cinta con lo que le habían amarrado su boquita"

Mirna recuerda que sin saber de quién era el resto hallado, ella sintió como una "sacudida" fuerte en su interior y su corazón empezó a latir con mayor fuerza.

"Cada vez que decían algo, yo decía es Roberto, es Roberto, es Roberto; cuando iba caminando yo lo olía, lo iba oliendo, oliendo... y cuando llego lo primero que veo son sus calcetines amarrados con esa, ¡la odio!, esa cinta gris que les ponen.

"El cráneo tenía parte de cinta con lo que le habían amarrado su boquita, sus pies, y lo primero que veo son sus calcetines con sus deditos adentro, atados con esa maldita cinta, y llego y les digo es Roberto", platica conmovida sin poder evitar que unas lágrimas escapen de sus ojos.

"Cuando lo encontré yo lo liberé a él, le di gracias a Dios porque lo encontré, y le dije que ya se fuera a descansar", expresa.

El grupo de mujeres continuó explorando el lugar y se dirigió más arriba en el cerro y encontraron artículos que pertenecían al joven, como discos, accesorios para carro y hasta la gorra negra que portaba el día que desapareció.

"Dije hay que buscar por las orillas, este cuerpo, lo que pasó, es que lo mataron allá arriba, lo dejaron aquí y los animales se lo llevaron.

"Caminé como a 10 metros de la fosa y encontré su mano, como que se la había llevado un animal y quedó enredada en un palo, la recogimos, recogimos eso, y buscamos, buscamos y ya no encontramos más restos ese día", señala.

Al terminar la jornada llevaron la bolsa con el hallazgo a la Fiscalía de Justicia de Sinaloa para solicitar que se realizara la prueba del ADN y se confirmara oficialmente que fuera Roberto.

"El 27 lo velamos y el 28 de agosto lo sepultamos"

"Yo peleé para que se hiciera la prueba de ADN, que era mi hijo, que era mi hijo; pasaba el tiempo y nada, entonces le hablé a la jefa de la Fiscalía y le dije: 'Oiga, deme la carpeta de investigación', y no, pues no había carpeta ni siquiera habían hecho una carpeta porque eran poquitos los restos.

"Tuve que pelear por esos restos, y a final de cuentas el 29 de julio se hizo la carpeta; yo sabía que era mi hijo, y esperaba y esperaba el resultado, todos los días preguntaba,  hasta que el 24 de agosto me habló el fiscal y me dijo: 'Señora, necesito que venga mañana porque queremos hablar con usted'".

Cuando Mirna acudió a hablar con el fiscal se dio cuenta de que el funcionario estaba confundido, no sabía ni dónde habían encontrado los restos a los que se refería, él creía que cerca del río en el poblado de San Blas y por lo mismo la carpeta de investigación sobre el caso de Roberto estaba alterada y contenía graves errores. 

Mirna Nereida tras colocarle flores a la tumba de su hijo en el panteón de Mochicahui en Sinaloa | Eleazar Escobar

"Le dije: Mire doctor, si usted me está hablando de unos poquitos restos no fue donde dice usted ni es la fecha que dice; mire son los restos que se encontraron el 14 de julio en el Maune.

"'Señor, háganme bien las cosas, la carpeta tiene que ser del 14 de julio y los restos donde se encontraron', y eso se hizo", comenta Mirna.

La prueba, en efecto, había dado positivo, tal como ella esperaba, eran los restos de Roberto los que habían encontrado.

"Cuando ya me dijeron que sí eran esos restos, al otro día, decidimos ir a buscar más y encontramos más partecitas del cuerpo de mi hijo, y ya el 27 lo velamos y el 28 de agosto lo sepultamos, gracias a Dios, en el panteón de Mochicahui", platica.

Al sepelio acudieron alrededor de mil personas que se solidarizaron con la familia en este duelo y dieron el último adiós al joven.

Por fin, después de tres años, los restos de Roberto descansan en una sencilla tumba, aún sin epitafio, en el panteón de Mochicahui a la sombra de un frondoso yucateco, en donde hay fotografías de él que atestiguan la corta edad que tenía cuando le fue arrebatada su vida.

"No le pusimos epitafio porque quiero que se lo escojan sus hijas, mis nietas, cuando estén más grandecitas", menciona. 

"Robertito era un niño muy amado"

Mirna platica con orgullo que Roberto era un joven alto, fuerte, alegre, que desde niño fue muy trabajador y con alma de comerciante, por eso le apodaban "El Chacharitas".

"Estaba bien guapo mi hijo, un hombresote, grandote, bien dado, era muy guapo y muy noble.

"Robertito era un niño muy amado por su padre y por mí, su hermano lo adoraba; no le gustaba mucho la escuela, pero le gustaba mucho trabajar, era comerciante", comenta.

El muchacho salía de la escuela y se empleaba lavando platos en un pequeño restaurante de mariscos, después se iba con su padre y le ayudaba a vender accesorios para carros, memorias USB, cd's, entre otros artículos; afuera de una gasolinera.
Roberto Corrales Medina, hijo de Mirna Nereida, tenía 21 años de edad cuando fue privado de su libertad y de su vida en Sinaloa | Especial

"Se me casó muy joven, se me casó de 15 años, tiene tres hijas (con diferentes parejas), tiene una niña de 8 años, una de 6 y otra que, estaba embarazada la muchacha, cuando él se fue. Ese era su defecto nada más, pero era muy buen niño, ¿qué te puede decir una madre?", comparte.

Mirna lamenta que cuando se desaparece alguien, la sociedad piensa que esa persona andaba involucrada con el crimen organizado.

"En este caso mi hijo nunca fumó, nunca bebió, nunca usó drogas, nunca vendió drogas, tenía el defecto ese, el que le gustaban las muchachas, era muy enamorado, pero nada más", expresa.

Ya encontró a su hijo, ¿por qué continúa?, se le pregunta.

"Mira, cuando mi hijo desapareció en 2014 y lo encontramos en 2017. Roberto fue el cuerpo número 93 localizado por las Rastreadoras, pero fue el cuerpo número 41 del grupo. Entonces las otras 40 familias que ya habían localizado seguían buscando con nosotros.

"Imagínate, que diga 'ya encontré a Roberto pues ya me voy, ahí te la echas', pues no puedes, aquí estamos, seguimos, no soy la única, somos muchísimas", manifiesta.

"Somos una familia"

Aunque ella misma le había hecho una promesa a su propia familia de que dejaría el grupo cuando encontrara a Roberto, les explicó que no podía cumplirla pues las demás mujeres la necesitaban para continuar con esta difícil tarea y debía seguir apoyándolas.

"Somos una familia, sí tienes el dolor, los sentimientos, pero sentirte apoyada por una señora más grande, por una muchacha más joven, te da ánimo, mucha fortaleza para salir adelante.

 

"Este es un fenómeno que movió a la Nación porque nosotros aquí en Sinaloa empezamos con esto y se fue dando en otros estados; yo pienso que esto pasó por obra de Dios", comenta convencida.

Mirna Nereida ha seguido apoyando a mujeres que buscan a sus desaparecidos en distintas partes del País | Eleazar Escobar

Antes del 2014, las madres con hijos desaparecidos presentaban una denuncia ante la autoridad, pero no se animaban a buscarlos por su cuenta, tenían temor, pero a raíz de este movimiento se sintieron apoyadas y se llenaron de valor: Ahora ellas se sienten "fuertes", haciendo honor al nombre del grupo.

En Veracruz, un grupo de mujeres, siguiendo el ejemplo de las Rastreadoras, dio el año pasado con la mayor fosa clandestina que se haya registrado en México la cual contenía por los menos 287 restos humanos.

Una canción que les fue dedicada a las Rastreadoras, y que ellas toman como su propio himno, habla de que estas mujeres siguen adelante sin importarles nada y desafiando todo; en el monte, con sus herramientas, y en esa búsqueda se topan con coyotes, ratas y buitres.

"Eso de los coyotes, ratas y buitres también es en sentido figurado porque sí nos topamos con personas que son como coyotes, ratas y buitres", platica entre risas.

Cuatro días a la semana las Rastreadoras se internan en el monte y se pierden entre la maleza y las ásperas ramas de los árboles.

Estas mujeres no sólo van cargando sus herramientas de rastreo, cargan con esa incertidumbre con la que viven, cargan su angustia y un dolor que no termina; pero se niegan a abandonar su lucha y su esperanza, eso jamás, y tal como en sus camisetas y en sus corazones llevan inscrito: "Te buscaré hasta encontrarte". 


 

En esta nota:
Acerca del autor
Guadalupe Gutiérrez

Comenta esta nota

Más especiales