Cementerio tóxico está en el olvido
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Cementerio tóxico está en el olvido

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(GH)
A tres kilómetros donde yacen alrededor de 300 mil toneladas de desechos tóxicos, hay dos colonias cuyos habitantes desconocen la existencia de un "vecino incómodo": El Cytrar.

Ubicado en el kilómetro 15 de la Carretera Hermosillo-Guaymas, dejó de recibir desechos hace poco más de 20 años y a pesar de la intensa lucha que mantuvieron organizaciones no gubernamentales para exigir su cierre, hay quienes no recuerdan su existencia y mucho menos saben que viven cerca de este cementerio de materiales tóxicos.

En Quintas del Sol y Haciendas del Surviven más de mil 500 familias, ubicadas a escasos tres kilómetros de lo que antes era el depósito donde se acumularon hidrocarburos, amoniaco, plomo y otras sustancias tóxicas.

Georgina Garay, vecina de Haciendas del Sur, señaló no saber acerca del tema y no imaginó que un sitio con residuos tóxicos estuviera a menos de cinco kilómetros de su vivienda.

"No sabía de esto, pero es muy peligroso porque aquí hay muchos niños y muchas personas mayores y no podemos arriesgarlos a ellos y a nosotros", comentó.

Arely Domínguez, habitante de la colonia Quintas del Sol, manifestó que es necesario que se retome el tema pues quienes viven al Sur de Hermosillo están en completa desinformación.

"Creo que nadie sabía que había ese lugar cerca, es un peligro porque al momento de comprar una casa por aquí nadie nos advirtió de tal depósito", dijo.

Los vecinos piden a las autoridades competentes realizar los estudios para determinar si hay un riesgo de contaminación o alguna fuga de material peligroso en el sitio que pudiera afectar a los hermosillenses.

ABANDONADO

El Cytrar parece un sitio fantasma, la entrada que eran unas puertas de malla ciclónica han sido removidas por el vandalismo y se colocaron en su lugar postes de madera y alambre de púas para evitar el paso.

La caseta de vigilancia está sin puertas ni ventanas, como si nunca hubiera sido utilizada y los letreros que indicaron alguna vez el nombre del lugar y evitaron el paso a los extraños ahora son ilegibles.

Tres kilómetros dentro, se pueden observar las celdas selladas con concreto, aunque a las orillas hay maleza por la humedad y las lluvias que han caído y que han ayudado a que crezca.

Las oficinas donde laboraban los trabajadores y eran los laboratorios, están en completo abandono con papeles, muebles y basura en el exterior del edificioverde, claramente vandalizado.

En donde guardaban los tóxicos, se observa maleza seca en las orillas, los respiraderos colocados en las placas de concreto se han deteriorado con el paso del tiempo y algunos de ellos lucen con oxidación.

IMPORTANTE EL MONITOREO

Para el ingeniero ambiental, ecologista y docente de la Universidad de Sonora, Héctor Duarte Tagles, es necesario que se realicen monitoreos del aire, suelo y gas para descartar riesgos.

Indicó que este monitoreo debe de responder a un programa de vigilancia de salud ambiental, ya que aunque los desechos estén confinados pudieran tener alguna reacción a la temperatura, humedad o presión de forma eventual.

"Esto es más especulativo porque se podría intentar qué tipo de reacciones están ocurriendo allá", dijo, "pero es necesario saber qué cantidad fue confinada y qué metales, aunque no tendrían por qué pero como no hay monitoreo, menos".

Manifestó que aunque es un tema olvidado, fue desgastante socialmente e importante al ser de interés público en cuestiones ambientales y que frenó el hecho que el sitio fuera visto como un confinamiento para todo el País.

"Ya no se está monitoreando entonces no sabemos cuál es el riesgo real, podemos hablar que este está confinado, con especificaciones técnicas las cuales no son infalibles aunque pudieran estar por más de 100 años, pero no estamos seguros", añadió.

Las nueve celdas del confinamiento estaban conformadas por una capa de arcilla, una de cal para que en caso de filtración de líquidos peligrosos sirviera como neutralizador al reaccionar con sustancias ácidas y al contacto del agua ayuda a impermeabilizar, explicó.

"Sobre esas capas que tienen un talud y una profundidad específica había una geo membrana, la cual ayudaba a dar elasticidad a los diferentes pesos irregulares y sobre esa malla hay una línea de polietileno de alta densidad", detalló, "es un piso plástico que hace las veces de contenedor".

Aunque se buscó la versión de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Secretaría del Medio Ambiente Recursos Ambientales (Semarnat), no hubo quién proporcionara una entrevista.

Uno de los puntos de controversia fue la distancia en la cual se había colocado este depósito, debido a que se afirmaba que el Cytrar se encontraba a menos de 10 kilómetros como estaba establecido en la normatividad.

"Muchas de las manifestaciones eran por eso, además de que se resguardaba en ese punto todos los residuos peligrosos de los parques industriales de Sonora, no tenemos con una industria química muy fuerte", dijo.

El Cytrar no impedía que se recibieran residuos de otros estados, entonces para aquella época el único confinamiento de reiduos peligrosos estaba en Mina, Nuevo León.

"Los mayores clientes de la empresa española para confirnar no estaban en Sonora, eran de fuera y venían muchos cargamentos de otros estados y un argumento que mencionaban era que Sonora se estaba convirtiendo en el basurero tóxico de México", destacó.

Al no haber una respuesta inmediata, el problema fue creciendo poco a poco, convirtiéndose en una preocupación para los hermosillenses quienes solicitaron el cierre de este depósito y la restauración del terreno.

Actualmente, el monitoreo del Cytrar corresponde a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Ambientales (Semarnat), y aunque se les buscó para entrevistarlos, no hubo respuesta favorable.

La activista, y química de profesión, quien en ese entonces era parte de la organización Conciencia y Voluntad, relató que esta lucha inició por casualidad, debido a que desconocían la gravedad del problema.

"El ingeniero Juan Manuel Llano fue quien se dio cuenta él se dio cuenta que estaban pasando góndolas, muchas góndolas con residuos tóxicos. Él había hecho denuncia ante las autoridades pero, como siempre, fue ignorado", dijo.

El 31 de enero, los activistas se colocaron por fuera de las instalaciones del depósito, estando en el lugar descubieron que a diario cruzaban las puertas del lugar entre cinco a nueve camiones con residuos altamente tóxicos.

Durante la lucha, lograron adentrarse al depósito y caminar los más de tres kilómetros de terracería hasta llegar en donde se depositaban los tóxicos.

"Nos metimos y entramos hasta allá lejos, caminamos como locos pero él dijo que lo esperáramos, después salió con un saco de tóxicos. Estaban abiertas las celdas, todo eso estaba abierto", recordó.

Tiempo después fueron desalojados a la fuerza, el plantón decidió reubicarse a la Plaza Zaragoza a pesar del cansancio y el clima, así que por aproximadamente medio año más estuvieron en dicho lugar.

"Nos fuimos como unas 10 mujeres. Durante ese tiempo estuvimos en pláticas con el Gobierno del Estado, la autoridades responsables pero nunca sentó el Gobierno a la empresa. Nunca los obligaron a sentarse", manifestó.

Las autoridades ambientales de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente a nivel nacional no les dieron una respuesta favorable a los activistas.

A más de una década de lo sucedidoenfatizó la importacia de un monitoreo en el área, la cual tiene años en el abandono.

"Debe haber un monitoreo, porque aquí no tenemos un aparato que mida los gases y las partículas pequeñas, polvo se supone que no hay pero sí hay gases", indicó.

Pide que este tema no sea olvidado por los hermosillenses y que se realicen las acciones necesarias para brindar una mayor seguridad para ellos.
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