Kikapús

y su memoria ancestral

POR SARA BOJÓRQUEZ

sbojorquez@elimparcial.com

 

Cuentas de chaquira salían de los hormigueros cada época de lluvia. Con ellas empezaron a hacer sencillos collares y pulseritas, pero luego de un arduo proceso recordaron cómo es que esas pequeñas cuentas y las hormigas estaban relacionadas con su historia.

Inmaculada Puente Andrés, directora de Lutisuc e historiadora de Arte, recuerda que les comentaron mucho que habían encontrado chaquira y de que ellos sabían de que sus antepasados la trabajaban, pero además les contaron historias muy interesantes.

“Como de que ellos habían descubierto chaquiras que salían de los hormigueros, entonces nosotros dijimos, pues qué raro, ¿chaquira que salga de los hormigueros?”.

Ya después les explicaron que los antepasados kikapú, para proteger la cosecha de cereales, lo bordeaban con una gran barrera de chaquira, así cuando llegaban las hormigas lo que se llevaban eran las cuentas de chaquira.

Con el paso de los años cuando llegaba la temporada de lluvia, destruía los hormigueros y toda esa chaquira salía.

“Entonces las mujeres recogían esas cuentas y con una aguja y un hilo repasaban las cuentas de chaquira, iban bordando y decían mira tenemos pulseritas, tenemos collares, pero era algo muy sencillo”, recuerda.

Así empezó el proceso de recordar cómo se elaboraban los tejidos de chaquira.

 

Un kikapú de corazón

Cuando Edgardo Manuel Martínez Quintana platica sobre las tradiciones, platillos, artesanías y leyendas, pareciera que por sus venas corre sangre kikapú. Pero no, es su esposa quien desciende de esta etnia que llegó de Oklahoma y Saltillo a Sonora entre 1904 y 1907.

"Caco", como también llaman a Edgardo, se casó con Elizabeth Acedo Barbachán, y aunque hasta hace poco vivían en Huachinera, recién hace dos meses cambiaron de residencia para que su hija mayor estudie la preparatoria.

Desde que empezó a conocer sobre los kikapús, de inmediato quiso aprender sobre sus usos y costumbres.

"Me gustó el modo de vivir de ellos, su relación con la naturaleza la manera en la que ven el mundo, toda la historia es muy bonita", comenta con orgullo.

Y aunque le apasiona aprender todo sobre los kikapús le gustaría poder hacer más cosas y transmitir lo que sabe a integrantes de la etnia. "Nunca nos hemos podido poner de acuerdo para poder transmitirles lo que yo sé", expresó con preocupación, "es lo que quiero poder enseñarle a alguien porque si yo luego ya no puedo hacer esto, se puede terminar".

 

Los niños, son el alma de Tamichopa

Inquietos, curiosos, juguetones, carismáticos, y con un excelente sentido del humor, ajenos a la gran responsabilidad, que sin saber, llevan sobre sus hombros: El futuro de su etnia.

Corren de un lado a otro y dan la bienvenida a los recién llegados. Les encanta platicar. Son como una gran pandilla de amigos que lo comparten todo. Son los niños kikapú que tienen el privilegio de pasar largas tardes disfrutando de las bellezas que brinda la naturaleza en la sierra alta de Sonora.

Son alrededor de quince, entre niños y niñas. Uno de ellos se presenta de inmediato como "el inventor", pues tiene en su haber una lista de artefactos que ha creado. Narcizo Axel Ortega Barbachán tiene sólo 9 años, pero le encanta descubrir cómo funciona todo.

Quizá esa curiosidad lo llevó a hacer su "máquina de dulces". Su amigo "el Alexis", Alexis Barbachán Acedo, de 12 años, le ayudó a decorarla.

Para hacerla sólo necesitaron una vieja caja de zapatos y un rollo de cartón de papel sanitario. Tijeras, colores, pegamento y mucha imaginación.

Tienen sus lugares favoritos como el área donde suelen encender fogatas al caer la tarde y se ponen a contar historias.

Gracias a los enormes eucaliptos que hay en Tamichopa es que pueden disfrutar de los columpios "hechos en casa".

"Las niñas ya no juegan como antes", comenta con tristeza Manuela Barbachán. "Ya no usan las muñecas, ahora puro corretear y brincar".

En la pequeña comunidad todos son una gran familia y aunque son pocos sus habitantes, cuando mucho llega a las 50 personas, las risas, juegos y esperanzas de este grupo de pequeños, son el alma de Tamichopa.

KIKAAPOA

Ki wika pa wa

Kikapús

Cuando Wisaka terminó el mundo,  pidió a una araña que tejiera una telaraña con la que sujetaría al mundo al Sol, por el Norte, para que no se cayera.

Después hizo y nombró todo. Le dio formas extrañas a las montañas porque era muy travieso y juguetón.

Trajo al venado, al búfalo, al oso, a los guajolotes, al maíz, a la calabaza y al frijol.*

mahkwa

oso

pesekiia

venado

Tonatiuh Castro Silva en su libro “Etnias de Sonora”. 2011.

Editado por el Instituto Sonorense de Cultura con el apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Ilustraciones tomadas de la colección aprender jugando. LUTISUC Asociación Cultural, I.A.P.

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etnia kikapú

 

POR ELEAZAR ESCOBAR

eescobar@elimparcial.com

Deja “el sueño americano”

y vuelve a sus orígenes

La tranquilidad con la que se vive en Tamichopa es lo que Manuel Lugo Barbachán ama de su tierra.

No cambiaría por nada esa vista que tiene del patio trasero de su hogar: Una cabaña de madera que él mismo hizo y unos enormes álamos cuyo sonido de las hojas meciéndose al viento se une al del agua que va corriendo de un canal de riego.

Luego de vivir durante 22 años en Estados Unidos se dio cuenta que no se puede estar lejos del lugar que uno quiere y tampoco lejos de los que se quiere.

Como descendiente de los kikapú, aunque nacido en Sonora, Lugo Barbachán bien podría vivir en Estados Unidos, pero definitivamente no era lo suyo.

“Es una vida muy, muy exigente”, relata, “yo estoy a gusto aquí, mira... todo bonito... todo”.

SUS TRES NOMBRES

El kikapú tiene una característica que conservan inclusive en El Nacimiento, Coahuila, pues tienen tres nombres.

Eso ha venido desapareciendo. Los kikapús de Coahuila tienen su nombre, y apellido en español o en inglés, y el acta de nacimiento con su nombre en kikapú.

 

1.- Es en la lengua kikapú, cuando nacen les organizan una ceremonia y les ponen el nombre.

 

2.- Segundo nombre que es en español y es como los conocen en la región.

 

3.- Tercer nombre, que debe tenerse, y que se les asigna cuando nacen, pero que solamente usarán cuando mueran. Este nombre es un tabú que sólo ellos saben, no lo puede utilizar nadie más que ellos y será usado cuando la persona fallezca.

Los kikaapoa

¿Destinados a desaparecer?

Con alrededor de 50 habitantes en Tamichopa los kikapú en Sonora parecieran estar destinados a desaparecer. Llegaron a la entidad en 1912, eran alrededor de 200, pero a través del tiempo diversos fenómenos los han afectado y la población que está de manera permanente en su pueblo ha ido disminuyendo.

Para el doctor José Luis Moctezuma Zamarrón, lingüista, etnógrafo y antropólogo, no deben sacarse conclusiones basadas sólo en el número de habitantes de una etnia, aunque exista el peligro de que ésta desaparezca, no es una sentencia firmada.

"No es la cantidad, es el hecho de cómo la gente siga reproduciendo una serie de elementos que los identifiquen como un grupo étnico", explica el especialista con 37 años de experiencia.

"Estamos en 2017, los kikapú se sienten fuertemente relacionados como un grupo e instancias como la CDI (Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas) sí los reconoce que es importantísimo, el INAH los reconoce", afirma, "no porque digamos los vamos a reconocer sino porque hay trabajo de investigación toda una teoría acerca de la identidad y mientras ellos se reconozcan como kikapús".

Si bien es cierto existen pocos kikapús en el asentamiento de Tamichopa, esto en gran parte tiene que ver con una falta de estabilidad laboral, como señala Tonatiuh Castro Silva investigador de la Unidad Regional Sonora de la Dirección General de Culturas Populares.

Y es que como el también sociólogo y maestro en Ciencias señala, no se les puede culpar por querer buscar oportunidades para mejorar su vida.

Cómo llegar

El asentamiento kikapú está en Tamichopa, que pertenece al municipio de Bacerac.

 

cinco horas de viaje saliendo de Hermosillo en automóvil.

Están en pie de lucha

por su permanencia

Para algunos los kikapú son la etnia más “favorecida”, al ser descendientes de norteamericanos, sin embargo actualmente enfrentan diversos retos que amenazan su permanencia como grupo étnico.

La necesidad de ingresos económicos constantes y la falta de apoyos a proyectos productivos o que les ayuden a preservar su patrimonio cultural, son algunos de los problemas que enfrenta esta etnia que sobrevive gracias a la fortaleza de su gente.

La pérdida de sus rasgos culturales y sobre todo de su lengua es algo que pesa a los integrantes de la etnia, pero es poco lo que pueden hacer para rescatarla.

La gobernadora de la etnia, Manuela Barbachán, define a los kikapú como una raza fuerte y luchadora, no en vano continúan en su territorio, a pesar de la falta de oportunidades. La situación de la etnia la resume en una frase: “Pues aquí estamos, aguantando”.

SUS CREENCIAS

Kizihiata es el Dios de los kikapú. Si ellos fueron personas que respetaron las normas pueden irse a un espacio en la naturaleza.

 

* Los hombres usaban una coleta y las niñas un tupé, que se le llamaba tupé virginal.

Ellos creían que de esa coleta kizihiata los iba a agarrar y se los llevaría. Dependiendo de cómo se portaron en la tierra los colocaría a cazar venados o amarrados a un árbol viendo cómo los que sí fueron buenos kikapú sí podían zazar venados.

 

* Los de El Nacimiento son más tradicionalistas que los de Oklahoma.

 

* Los kikapú originalmente tienen toda una relación con los animales, víboras, zorros, coyotes y venado.

Ellos son parte de este grupo llamado pieles rojas porque ellos vienen de la región de los grandes lagos que divide Estados Unidos y de hecho es el grupo algonkino hay todavía grupos de ellos en Canadá y el Norte de Estados Unidos.

 

Los animales son parte de los tótems, no matan a las víboras porque son sus hermanos. No es que las protejan pero no las van a matar.

En el caso de los kikapú en Sonora, si bien es cierto que han perdido gran parte de sus tradiciones hay una memoria que de vez en cuando les recuerda sus creencias, como el hecho de que escuchan llorar a un zorro tres noches seguidas, es que algo malo va a pasar.

LOS ATRAPASUEÑOS

El dios de los kikapú es Kizihiata, quien tuvo un hijo.

A Iktobi se le apareció en forma de araña y tomó un trozo de madera de sauce que dobló e hizo en forma de círculo.

Tejió una telaraña de afuera hacia adentro, en la cual se mostraban los ciclos de la vida.

El color verde simboliza la vida,  el amarillo el Sol y la energía,  el rojo es la pasión.

Se cree que las pesadillas quedan atrapadas en la red y se deslizarán por las plumas.

En cambio los buenos sueños logran pasar y se quedan  en la mente.

 

Los atrapasueños no son  propiamente una artesanía  kikapú, pero fue retomado para recuperar el aspecto de ser indígenas.

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