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“Empezamos a trabajar en cosas diferentes
Dinero

“Empezamos a trabajar en cosas diferentes": Con ingenio y creatividad sacaron adelante sus negocios en medio de la pandemia de COVID-19

El coronavirus obligó a miles de negocios a cerrar, muchos de ellos se fueron a la quiebra, pero esta pandemia despertó la creatividad de algunos que decidieron dar un giro a sus empresas y lograron sacarlas adelante de la crisis.

Por Eliana Alvarado y Eduardo López

HERMOSILLO.-Al tiempo en que promovía su creciente negocio de organización de eventos, Diana compró varias extensiones de cabello para uso personal. Meses después, estas extensiones resultaron ser su impulso económico y anímico cuando su otro proyecto se vino abajo por el coronavirus.

Diana Barrios Martínez, graduada de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación y de la Maestría en Administración de la Calidad, certificada en organización de eventos, ha pasado las últimas semanas promoviendo sus productos en redes sociales y haciendo entregas a domicilio.

 

“Esto me ha ayudado mucho a mantenerme y eso es algo que me da orgullo, y me siento bien de saber que en mi casa tengo comida, salud, un esposo que me apoya, que también sale todos los días a hacer su trabajo con muchas ganas”.

La joven cuenta que el año pasado, tras perder su trabajo en una estación de radio, inició su negocio Luba, dedicado a la organización de eventos sociales y empresariales. 

Empezar un proyecto y conseguir los primeros clientes siempre es complicado. El de Diana estaba comenzando a crecer y al principio de 2020 las expectativas eran muy buenas.

Mi último evento como boda fue a finales de enero, y empresariales ya tenía eventos en marzo y abril, y una boda pequeña en marzo”, menciona.

El 16 de marzo, sin embargo, todo cambió. Ese día se confirmó el primer caso de Covid-19 en Sonora y se decretó la suspensión de todos los eventos que congregaran a más de diez personas. El negocio de Diana no tenía ninguna oportunidad de continuar, y asimilarlo no fue fácil.

Relata: “Fue un ‘shock’ el tener que aceptar que se iba a cancelar, que se iba a cambiar todo en la cuestión de la boda que tenía, era una boda muy pequeña pero es parte de mi trabajo. Sí fue un impacto parar labores porque mi dinero depende completamente de mi trabajo”.

Su esposo sí ha logrado conservar su empleo, pero a pesar de ello y de que tenían dinero ahorrado, la situación económica empezó a ser complicada y desesperante. Fue entonces que decidió echar mano de las extensiones que había comprado meses atrás.

Las publicó en sus redes sociales para ver si podía funcionar, y su sorpresa fue que sólo en el primer día recibió 135 mensajes de personas que le pedían información. Así realizó sus primeras ventas a domicilio, siempre con los cuidados preventivos para evitar riesgos de contagio tanto para sus clientas como para ella y su esposo, pues él tiene diabetes.

Y así es como surgió este pequeño negocio que me ha ayudado mucho a salir adelante con mis cuentas y con mis pagos en mi casas”, agrega.

El último año ha sido muy cambiante para Diana: Se quedó sin el trabajo en la radio que tanto le gustaba, se casó, emprendió su negocio de organización de eventos y al verse afectada por la contingencia debió cambiar el giro.

Empezar de cero, sin embargo, no es algo que le dé miedo ni vergüenza, asegura, pues para ella lo más importante en cualquier actividad que desarrolle es hacerlo con entusiasmo.

 

“Por eso es que yo les mencionaba, y así esa frase, vende hilitos con la misma pasión como posicionaste tres estaciones de radio en primeros lugares, porque la verdad es que lo que hagas, lo que sea que vendas, mientras lo hagas con todo el corazón y con mucha pasión y agradecimiento te va a funcionar y te va a resultar al final de cuentas”.

Diana agrega que se siente muy orgullosa de no quedarse de brazos cruzados y buscar cómo salir adelante, y que su venta de productos incluso le ha permitido conocer la ciudad como nunca antes, pero extraña organizar eventos y espera volver cuando sea permitido.

“Además es algo que le da mucho trabajo a mucha gente, a muchos proveedores”, explica, “porque no es nada más la coordinación: Es la comida, los locales, la renta de la florería, un sinfín de proveedores que estamos en la misma situación”.

“Bien ilusos, ‘esto va a durar poco’"

En la tarde del 16 de marzo, Mario se enteró de que Sonora había registrado su primer caso de Covid-19. Apenas unos minutos después, llegó a su oficina una joven que tenía programada su boda para el siguiente viernes.

Ella lloraba, recordó Mario, porque con la noticia de que se suspendían los eventos masivos ya no se iba a realizar su boda. Él estaba contratado como fotógrafo para el matrimonio, y le dio la posibilidad de adaptarse al cambio de fecha para dos meses después.

“Bien ilusos, ‘esto va a durar poco’, dijimos. Creo que recalculó su fecha para mayo. Ya para mayo claro que vamos a estar bien. Al ratito llegó la novia del sábado, y luego la del siguiente evento, y la del siguiente, todas llorando. Y con razón”, señala.

Mario Cuen Gallardo es propietario de Tabú Fotografía y de la imprenta Gamacolors desde hace 26 años. Y asegura: “Nunca habíamos tenido cuatro meses tan malos”.

Al inicio de la emergencia sanitaria por la enfermedad Covid-19, él y su equipo suponían que serían sólo unas cuantas semanas y que podrían resistir con los negocios cerrados.

Pero para abril la situación no parecía cambiar, y cuando se anunció la extensión de la cuarentena para el 30 de mayo, Mario comprendió que tenía que usar la creatividad si quería mantener sus negocios –y sobre todo a sus empleados– para junio.

 

“Son tres meses. Imagínate una empresa que está cerrada ahorita y que tiene tres meses sin recibir un peso, y que tiene la carga de la nómina, de la luz, del agua, los impuestos, el Seguro Social que no te deja de llegar, sí es muy pesado”.

Con Gamacolors, de la cual dependen doce personas, no fue tan difícil: Aprovecharon la contingencia y empezaron a vender letreros para empresas alusivos al uso de cubrebocas, la sana distancia y lavado de manos, así como folletos y ventanillas protectoras, entre otros productos.

Para el negocio de fotografía, que emplea a seis personas, el cambio tenía que ser más radical en un escenario donde la mayoría de los eventos masivos fueron aplazados incluso hasta 2021.

Mario ya tenía en mente desde hacía tiempo adquirir una franquicia de fumigación. Sólo le dio una vuelta a su idea y hace tres semanas abrió formalmente Desinfecta México.

“Es desinfección de industrias, hoteles, gimnasios y casas por nebulización fina, con sales de amonio cuaternario de cuarta generación, que es para grado clínico, es lo que usan para desinfectar, por ejemplo, un quirófano”, explica.

Con su equipo de Tabú puso en marcha este negocio en el cual, asegura, todos los días ha aprendido algo nuevo: “No éramos químicos, pero tenemos que trabajar como químicos”.
Cuen Gallardo dice que extraña mucho su profesión de fotógrafo, pero que por ahora la prioridad es mantener a flote la empresa.

 

“Acá en el negocio de fotografía dijimos ‘bueno, esto ya se acabó por este año’. Aunque muchos colegas creen que no y están aferrados, ya me convencí de que va a ser muy poco probable que este año haya eventos, entonces dijimos ‘algo tenemos que hacer, a ti que trabajas conmigo, mira, vamos a hacer otra cosa, ¿aceptas?, vamos a hacer un reto y vamos a tratar de sacar adelante esto’”.

“Empezamos a trabajar en cosas diferentes"

En las instalaciones de la recién creada empresa Fresh Delivery, al Norte de Ciudad Obregón, todo es correr en medio de bullicio y de pedidos pendientes por entregar.

Hay fruta y verdura por todos lados, los encargos de los clientes se van acomodando en cajas de plástico y bolsas de papel por los colaboradores, en tanto que otros checan los pagos y nuevas solicitudes, unos más ven la logística de la entrega.

Al frente está Enrique González, mejor conocido en la comunidad como Kiki. Él ideó Fresh Delivery, un servicio de entrega a domicilio de frutas, verduras y abarrotes, y vio esta oportunidad de negocio en medio de la contingencia sanitaria y la crisis económica.

La de Kiki fue una de esas ideas que surgen cuando otras puertas se han cerrado. Cuando comenzó el cierre de negocios y de instituciones de Gobierno a mediados de marzo, no pudo continuar con su trabajo de bienes raíces.

“Empezamos a trabajar en cosas diferentes, en proyectos, a hablar con amigos, que si qué estaban haciendo, qué iban a hacer, también había mucho pánico, mucha incertidumbre, yo creo que es lo que le está pasando a todo mundo”, refirió.

Durante la Semana Santa de este año, Enrique se fue al rancho ganadero de la familia a realizar un proyecto personal, pero al regreso a Ciudad Obregón vio que el negocio de las fruterías estaba en auge en medio de la crisis de salud.

Pensó en un proyecto donde pudiera ayudar a las personas que no querían o no podían salir a realizar compras de comestibles, pero para lograr que fuera negocio sabía que necesitaba ser competitivo y dar un buen precio y un buen producto.

“Normalmente procrastinamos mucho, aquí fue acción”, expresa, “hacía mucho tiempo que ya queríamos empezar algo, fue como un resorte que estaba un poquito apretado y en ese momento saltó, desde que empecé a ofrecer los productos, mi familia, mis amigos, me apoyaron”.

El crecimiento de Fresh Delivery fue tan rápido que pronto necesitó a un ayudante para empacar. A 75 días de iniciado el proyecto son ya quince los colaboradores en Ciudad Obregón y se abrieron canales de distribución en Guaymas y en Guadalajara, Jalisco.

Kiki considera que si bien la pandemia representó una oportunidad que necesitaba para hacer una empresa, fue una combinación de factores que se sumaron para ayudarse y ayudar. Además generó empleos y considera que va en crecimiento.

“La crisis, como se dice en japonés, es un término muy ambiguo, tú lo puedes ver como crisis u oportunidad, y curiosamente se dice kiki, como me dicen a mí. Tú puedes ver tus adversidades como un reto o bien como una catástrofe”, detalla.

En menos de tres meses cuentan con una cartera de 400 clientes. De iniciar con 16 productos para los consumidores, actualmente tienen 120. 

 

“La onda es seguir”, agrega, “Mucha gente me dijo 'aprovecha mientras está la contingencia, porque después quién sabe'. Y yo les recomiendo mucho a las personas que han tenido, han sufrido la pérdida de sus trabajos, pues hay muchas cosas que se pueden hacer y hay que aprovecharlo”.

Cerrar nunca fue una opción

Ante la crisis más inesperada, a veces sólo queda usar el instinto de supervivencia y, en algunos casos, el resultado puede ser incluso mejor del esperado. 

Hace unos meses, Fausto Torres Tostado se planteaba qué hacer para seguir generando ingresos. Arquitecto y propietario del negocio Inferno Catering, todas sus actividades se habían detenido de golpe por la llegada del coronavirus a Sonora.

Cerrar nunca fue una opción, asegura: “Para nada, porque dependemos, somos nuestra propia empresa, tenemos que seguir trabajando y de alguna forma u otra seguir dándole”.

Fausto cuenta que inició su empresa de alimentos en noviembre pasado. Además de la calidad del producto, para él es muy importante la marca y todo lo que conlleva el concepto de Inferno.

“Yo quiero transmitir un ambiente de armonía, agradable, que se sientan parte de la banda. La verdad es que nosotros tratamos de recibir a los comensales de una manera como hermandad, queremos que todos seamos parte de la misma familia”, expresa.

Luego de ofrecer sus servicios en lugares como London Pub y en eventos privados, Inferno tuvo que detenerse, ante la cancelación de eventos masivos por la contingencia. En lugar de lamentarse, Fausto lo tomó como un reto y semanas después ya había ideado una estrategia.

“Yo tenía el ‘catering’, mi intención fue reforzarlo, dije ‘no quiero que se pierda por el simple hecho de que ya no pueda haber eventos, no quiero que se pierda’”.

Lo que planteó fue cambiar un poco la dinámica. Siguieron preparando alimentos como si fuera un evento, una vez por semana, pero en la modalidad de pedir y recoger, con platillos genéricos pero con el toque propio de Inferno.

“Por ejemplo”, menciona, “aquí los percherones los hacemos de chuleta de rib eye, y también los philly cheese steak los hacemos de rib eye, las hamburguesas las hacemos de sirloin, tratamos de subir todavía más la calidad”.

Inferno Catering no sólo evitó despedir empleados, agrega Fausto, sino que fue necesario crecer el equipo de siete a ocho personas. 

Explica que todo el concepto del negocio, donde puso gran parte de su personalidad, ha sido la clave para mantenerse en medio de la crisis, pues ha logrado seguir atrayendo a los clientes que apoyan el consumo local.“Ya teníamos algo de eventos agendados. Nos tuvieron que aplazar, y con justa razón, no hay problema.

Obviamente sí nos quedamos de que órale, ya teníamos dos meses agendados, y pues sí dijimos ‘¿qué vamos a hacer?’, si de por sí en lo que es la construcción también estábamos parados. Se volvió un reto y creo que lo estamos logrando por el momento”.


 

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Eliana Alvarado y Eduardo López

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