Latente el riesgo de otro sismo en el Noreste de Sonora

Latente el riesgo de otro  sismo en el Noreste de Sonora
El riesgo de que en la región Noreste del Estado ocurra un temblor es latente, aunque impredecible, ya que incluso con el equipo de monitoreo sísmico más avanzado es difícil determinar exactamente cuándo ocurrirá nuevamente.
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AGUA PRIETA, Sonora(PH)
El riesgo de que en la región Noreste del Estado ocurra un temblor es latente, aunque impredecible, ya que incluso con el equipo de monitoreo sísmico más avanzado es difícil determinar exactamente cuándo ocurrirá nuevamente.

Aunque sí se puede definir la probabilidad de un sismo, explicaron Martín Valencia Moreno, investigador titular de la Estación Regional del Noreste del Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam ) y Thierry Calmus, maestro especialista.

Ambos detallaron que los geofísicos pueden definir la probabilidad de un sismo cada quince, 20 o 100 años, pero con un error de apreciación de varios años.

“Un sismo es un fenómeno natural que involucra masas gigantescas de distintas rocas de la corteza terrestre, por lo cual dificulta la posibilidad de predecir la recurrencia de un fenómeno con mayor precisión”, coincidieron.

Además de la recurrencia hay otros parámetros que los geofísicos y los geólogos toman en cuenta para una predicción, pero aun así no pueden aproximar la fecha con la precisión suficiente para alertar a la población, abundaron.

Ejemplo de ello es el temblor de magnitud 7.4 ocurrida en el Noreste del Estado el 3 de mayo de 1887, según los datos recabados en varios libros por los expertos.

Dicho temblor se originó a lo largo de la falla Pitaycachi, ocasionando daños considerables principalmente a los pueblos cercanos, que son el ejido Colonia Morelos, Bavispe, Huachinera, Moctezuma, Granados, Bacadéhuachi, Fronteras, Villa Hidalgo y Nácori Chico, entre otros.

Aunque el pueblo más afectado fue Bavispe, donde fallecieron entre 42 y 48 personas, debido principalmente al derrumbe de las casas de adobe, detallaron los expertos, según las consultas que hicieron en varios libros.

100 kilómetros

La falla se extiende por aproximadamente 100 kilómetros, desde el Sur del valle San Bernardino, hasta la Sierra Otates, formando tres segmentos que son: La falla Pitaycahi al Norte, en el Centro la falla Teras y finalmente la falla Otates.

Los expertos explicaron que una falla se considera activa cuando presenta evidencias de su movimiento, como saltos bruscos en el paisaje, restos de derrumbe natural y cuando presenta actividad sísmica.

Cuando una falla activa tiene evidencias de movimiento histórico, la probabilidad de registrar una nueva actividad se considera alta, coincidieron Martín Valencia Moreno y Thierry Calmus.

Se mantiene monitoreo

Los sismos de esta región son monitoreados por las redes de sismógrafos instalados en distintas partes del mundo, aunque evidentemente son los sismógrafos más cercanos los que darán una información más precisa del tipo de movimiento y su magnitud.

Los expertos señalaron que en la década de los años 2000, la Estación Regional del Noroeste de la UNAM instaló la red sísmica del Noreste de Sonora, compuesta por nueve sismógrafos para monitorear la actividad sísmica local, la cual dejó de funcionar recientemente.

Sin embargo un estudio reciente mostró que la mayor parte de los eventos registrados se localiza cerca de las fallas que provocaron el sismo de 1887.

Incluso se reportó una actividad sísmica a lo largo de las fallas de la región de Villa Hidalgo, Granados y Bacadéhuachi, es decir, más al Sur de las fallas que originaron el sismo de 1887.

Entre el 2003 y 2011 se registraron mil 104 eventos locales y regionales, con una magnitud mínima de 0.9, del total de sismos, solamente 300 fueron utilizados para la localización precisa de los hipocentros, que es donde se generan las rupturas al momento del sismo.

Se detalló que para esta actividad sísmica diaria se habla de “microsismicidad”, la cual se debe distinguir de la actividad humana, como por ejemplo las volcaduras en zonas mineras activas.

Esto habla de que más adelante pudiera registrarse actividad sísmica en la región, pero como mencionaron los expertos, es difícil determinar cuándo con exactitud.

Es por ello que la única manera de evitar daños y pérdidas humanas en zonas susceptibles de sufrir un sismo es tomar medidas de prevención a nivel regional, municipal y personal.

Las medidas de prevención dependen del grado de peligrosidad de la zona en términos de sismos, pero en estas zonas, aseguraron, la calidad de las obras civiles juega un papel muy importante.

Esto implica una gran responsabilidad de arquitectos y constructores, quienes deben respetar las normas técnicas de construcción definidas para ello, según los expertos.

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