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En México, de acuerdo con datos del IMSS, entre los meses de marzo, abril y mayo, se dieron de baja ante el Instituto 9 mil 987 empresas.

En México, de acuerdo con datos del IMSS, entre los meses de marzo, abril y mayo, se dieron de baja ante el Instituto 9 mil 987 empresas.

Dinero

Coronavirus en Sonora: Cómo la nueva pandemia desató una crisis económica que obligó a cerrar varios negocios

En México, de acuerdo con datos del IMSS, entre los meses de marzo, abril y mayo, se dieron de baja ante el Instituto 9 mil 987 empresas.

Por Eliana Alvarado y Eduardo López

HERMOSILLO, Sonora.-En medio de la que es considerada la crisis económica, social y de salud más profunda de las últimas décadas en el mundo, miles de empresas en Sonora se resisten a morir.

Si bien la economía en todo el globo arrastraba ya una desaceleración desde 2018, el cierre temporal de algunas actividades económicas agravó la situación. Para México un pronóstico positivo es un decrecimiento de -7.5% del PIB en 2020, el negativo es de -10.5%.

En México, de acuerdo con datos del IMSS, entre los meses de marzo, abril y mayo, se dieron de baja ante el Instituto 9 mil 987 empresas.

En México, de acuerdo con datos del IMSS, entre los meses de marzo, abril y mayo, se dieron de baja ante el Instituto 9 mil 987 empresas.

Datos del IMSS indican que en marzo, abril y mayo, se dieron de baja ante el Instituto 9 mil 987 empresas en el País, de las cuales 312 eran de Sonora; en tanto, en el Estado son 32 mil empleos menos de los más de un millón que se han perdido en México.

En este escenario difícil, cientos de empresas buscan esquivar la crisis reinventándose, prestando nuevos servicios u ofertando nuevos productos, aún con ello, algunas han tenido que despedir empleados o cerrar sucursales.

El presidente de la Coparmex Sonora Norte, Arturo Fernández Díaz González, señala que según estimaciones del organismo a nivel nacional, se perderá el 10% de las empresas por mes de contingencia.

 
"No vamos a tener la vida de antes"

En una de las avenidas principales de Pueblitos, al Norte de Hermosillo, un local destaca por tener su cortina bajada a la mitad. En un letrero verde se indica que se pueden pedir los productos por teléfono. Debajo, el cristal muestra los servicios que se ofrecen y el nombre del negocio, Crommos.

La cortina hasta la mitad es quizá la mejor manera de entender desde afuera la situación: Un negocio que busca sobrevivir y mantenerse abierto en medio de una crisis de empresas cerradas y empleos perdidos.


Dentro está Ana Yesika Tovar Leyva, propietaria del salón de belleza y distribuidora de productos, quien es ayudada a veces por su madre y por otra persona que ha logrado mantener como empleada. 

El local en realidad es una casa que adquirió años atrás y adaptó poco a poco. Gracias a que no paga renta es que no ha tenido que cerrar definitivamente y mantiene, como muchos, la esperanza de reabrir “cuando todo pase”.

Sentada en una de las sillas, Yesika aclara que no es estilista, que lo que más le gusta son las ventas. Pero le gustan los negocios y por ello hace unos ocho años abrió ahí en Pueblitos un salón de belleza para vender maquillajes, cremas y otros artículos, al tiempo que daba empleo a otras personas.

En noviembre pasado, se aventuró con “el negocio de su vida”: Un salón más grande, ubicado en el bulevar Solidaridad, que en los primeros meses fue bien recibido y ya daba muestras de que venía una buena temporada.

“Estuvo muy bien, al margen de todo negocio que empieza con sus altas, sus bajas”, dice Yesika. “Ya para abril empezaba a despuntar. De hecho ya tenía citas para mayo, tenía eventos, bodas, maquillajes, bastante trabajo”.

Por mensajes de WhatsApp recibió la noticia el 16 de marzo de que de pronto tenía que cerrar por tiempo indefinido, por la contingencia sanitaria. Mantuvo las ventas a domicilio, pero al paso de varias semanas fue necesario tomar decisiones duras, como cerrar el salón nuevo.

“Tuve que cerrar aquel negocio y este lo estoy manteniendo, de alguna manera estoy manteniendo dos empleadas que me siguen apoyando y yo las apoyo, a mitad de sueldo, pero es mi manera de aportar con ellas”.

Gracias las ventas de sus productos a domicilio y la ayuda de su esposo no ha tenido tantos problemas económicos, pero el local que había rentado en el bulevar Solidaridad tuvo que entregarlo porque ya no alcanzaba a cubrir la renta, a pesar de que le dieron oportunidad de pagar sólo el 50%.

Lo que más le duele, confiesa, es haber perdido el proyecto al que le había invertido dinero y sobre todo esfuerzo, además de no poder apoyar más a las empleadas que dependían del negocio. Por ellas, añade, es que quiere volver a levantar todo.

 

 

“Este proyecto no era mío nomás, era de todas, éramos un grupo de personas con metas, con sueños, que muchos de ellos empezaron conmigo, desde que tenía poquito en el negocio. Y pues… de igual manera que yo, estamos batallando con esto y pues sí, sí tengo el deseo, por ellos, también”.

Ana Yesika comenta que ha tratado de pasarles clientes a sus trabajadoras, aunque en las últimas semanas han sido menos. Tiene la ilusión de reacondicionar su salón de Pueblitos  y echarlo a andar nuevamente tan pronto como haya autorización.

 

 

Como dicen, no vamos a tener la vida de antes, pero intentar hacer algo parecido y ser positivos, más que nada”.

Emprendedora de muchos años, añade que con la crisis se dio cuenta de que necesitaba diversificar sus formas de ingreso y no sólo piensa en levantar su salón de belleza, sino también en iniciar un nuevo negocio de comida.

Ello, porque es consciente de que el gremio de la belleza va a resultar uno de los más afectados y es de los más susceptibles a tener que cerrar nuevamente en caso de un rebrote de Covid-19 o de otra crisis similar.

“Yo soy una persona emprendedora. Así como yo no soy estilista y puse un salón y lo hice crecer, puedo poner algo de comida sin ser cocinera, lo puedo hacer crecer. Le entiendo a los negocios”.

“Cerramos el 15 de marzo"

Por siete años, Víctor Zazueta imaginó un gimnasio con atención integral. Un lugar distinto a los sitios donde hay grandes cantidades de personas ejercitándose al mismo tiempo.

Con 26 años de experiencia en entrenamiento “fitness”, su proyecto lo pensó con atención personalizada, optimización del tiempo y una rutina adecuada, con lo que era prácticamente seguro que los clientes obtuvieran resultados.

Encontró a dos socios con quienes unió capital y talento para hacer realidad el sueño. En la exclusiva Zona Norte de Ciudad Obregón abrieron Luxo Fit Club en una nueva plaza comercial, casi a finales de 2019, para marzo, ya tenían a 45 socios de 80 que podían atender.

“Teníamos operando ya seis meses con bastante éxito, de acuerdo a la proyección que tenemos. Para los primeros seis meses, siendo un negocio nuevo, un concepto nuevo en la localidad, pensamos que era un buen número”, explica.

Con el inicio de la contingencia sanitaria, luego de detectados los primeros casos de Covid-19 en el Estado, cerraron sus puertas al ser considerado un sector no esencial.

“Cerramos el 15 de marzo, aproximadamente. Ya son más de dos meses que tenemos cerrado y pues sin ningún ingreso. Hay una gran inversión aquí en equipo por el concepto que somos”, explica Zazueta.

A casi tres meses sin ingresos, Víctor lamenta no poder dar trabajo a la plantilla de doce empleados del gimnasio, a quienes se les pagó sólo el primer mes de sueldo que establece la ley.

Sobre los empleados, dice tener conocimiento de que algunos de ellos dan asesorías en línea y mediante redes sociales, como una forma de obtener ingresos.

Por ahora, deben sobrevivir haciendo frente al pago de la amortización del equipo adquirido a crédito, así como los costos fijos de luz, agua, renta del local, entre otros.

Víctor sabe que aun cuando el semáforo en Sonora cambie a naranja y puedan recibir al 50% de sus clientes en su negocio, los ingresos seguirán siendo insuficientes, pero también ve difícil que el número de contagios bajen y se permita reabrir a los negocios.

“Eso no nos augura a nadie que podamos solventar, que podamos subsistir, porque con un 50%, o sea, con la mitad del ingreso con la que comúnmente haces frente a todos tus compromisos, pues la verdad que para muchos no va a ser factible el regreso”, dice.

Además, cree que tardará un tiempo que la gente recupere la confianza y retome su vida de manera normal.
Aunque no han pensado en el cierre definitivo del negocio, si la situación de la contingencia y el cierre obligado de negocios se prolonga, comenta, deberán evaluar la situación.

 

 

“Nosotros tenemos unas finanzas, hacemos un proyecto, hay una corrida donde nosotros determinamos el tiempo de recuperación de la inversión, hay una proyección”, destaca, “y todo esto vino a sacarnos de ese esquema”.

“No nomás es monetario, es también emocionalmente”

Cada mañana, Rayner Ruiz abre la sombrilla que está afuera de su casa, donde también está la entrada a su negocio. Hacer este gesto, explica, simboliza su momento de dar gracias porque el lugar sigue abierto un día más y de decir “ojalá hoy lleguen clientes”.

Cuando abrió el negocio por primera vez, hace dos años, las horas transcurrían en la incertidumbre. ¿Habría venta ese día? O si un auto se estacionaba cerca, ¿era un cliente o alguien que llegaba con el vecino? Hoy los días se parecen mucho a aquellos momentos.

“Regresamos a eso: A ver que se está estacionando alguien y saber si esas personas vienen a nuestro restaurante a comer o a pedir, en este caso”, señala Rayner.

En conjunto con Andrea Alvarado, en 2017 empezaron a crear el concepto de Casa Resaca, un restaurante de mariscos donde los clientes pudieran ir no sólo a comer, sino también a sentirse como en casa, escuchar música caribeña y ser atendidos con una sonrisa.

Crearon sus propias recetas, adaptaron su casa en la colonia Las Granjas y abrieron en 2018. El inicio fue lento, como en la mayoría de los casos, pero al cabo de unos meses el esfuerzo empezó a redituar.

Tuvimos un alza en la venta en noviembre y diciembre del año pasado”, recuerda Rayner. “Y dijimos ‘bueno, ya tenemos un gran número de clientes, el verano va a ser el boom’. Y nos preparamos, ampliamos el restaurante, viendo que el próximo verano, este, iba a ser algo representativo para nosotros”.

 

 

A principios de marzo de este año, el restaurante reflejaba esas altas expectativas. Dentro y fuera se escuchaba la alegre música de salsa, y en la cocina no paraban de preparar tostadas, tacos, ceviches, aguachiles y aguas naturales.

Tres meses después, la situación ha cambiado por completo. Casa Resaca sigue abierta, pero sólo en la modalidad de ordenar y recoger, por la contingencia sanitaria. Las mesas fueron acomodadas hacia un solo lado, el sonido está apagado y las ventas ya no son las mismas.

A los clientes asiduos del negocio les gustaba la idea de ir, comer, platicar y pasar un buen rato. El concepto de pedir la comida para llevar en medio de una pandemia, en cambio, no ha tenido el mismo éxito.

“El decir un día bueno es vender 10% de las ventas que teníamos antes. Del 100%, nosotros brincamos a un 10%, si es que al 10 llegamos”, lamenta Andrea, y agrega: “No nomás es monetario, es también emocionalmente”.

Andrea y Rayner reconocen que los ánimos ya no son los mismos y que cada día es una lucha en una carrera de resistencia contra la crisis. 

“Caes en la desesperación de decir ‘a lo mejor hasta aquí puede llegar nuestro negocio’. Puedes querer tomar una decisión tan drástica de decir que hasta aquí”, admite Andrea.


Aun así, están confiados en que ya superaron las semanas más duras de la crisis y que, aunque la nueva normalidad implicará muchos cambios, podrán adaptarse para no ver caer su proyecto.

 

 

“Y pues todo paró, tuvimos un ‘reseat’ mentalmente Andrea y yo de cómo íbamos a arrancar esto de nuevo. Y mentalizarnos de decir ‘¿sabes qué?, pues sí, fueron buenos tiempos, pero es momento de regresar y hacer cambios para que volvamos a arrancar’”.
 

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Eliana Alvarado y Eduardo López

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