ELIMPARCIAL.COM - EDUARDO RUIZ-HEALY
AMLO no es un hacedor de milagros

Milagro, de acuerdo a la definición del Diccionario de la Lengua Española es un “hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino”. También se usa para describir un “suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa”.
Es conveniente recordar estas definiciones porque, a juzgar por las más recientes encuestas realizadas para medir la popularidad del presidente Andrés Manuel López Obrador, casi ocho de cada 10 personas están convencidas de que en sólo seis años él podrá resolver muchos de los problemas que desde 1821 han afligido a ocho generaciones de mexicanos (considerando que una generación dura 25 años).
Quienes ven a AMLO como un hacedor de milagros, tarde o temprano sufrirán una terrible decepción porque la pobreza, la corrupción los fallidos sistemas de salud y educativo, entre otros asuntos, tardarán décadas en resolverse, siempre y cuando se apliquen soluciones eficaces y que gobernantes y gobernados trabajen unidos para mejorar la realidad nacional.
Consideremos el problema de la pobreza.
De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en 2016 había 53.4 millones de personas pobres, el 43.6% de los casi 122.5 millones de mexicanos.
¿Podrá Andrés Manuel sacarlos de la pobreza en sólo seis años?
No, de acuerdo con estudios hechos por la Organización Para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y la Comisión para América Latina de Naciones Unidas (Cepal), dos organismos internacionales que son dirigidos por los mexicanos José Ángel Gurría y Alicia Bárcena, respectivamente.
La OCDE, en su estudio A Broken Social Elevator? How to Promote Social Mobility (¿Un Ascensor Social Roto? Cómo promover la movilidad social), publicado en junio de 2018, concluye que el 48% de las personas cuyo padre pertenece a la quinta parte inferior de la escala socioeconómica se quedarán en esa quinta parte. En otras palabras, casi la mitad de los hijos de los mexicanos más pobres no podrá mejorar su nivel de vida. Están condenados a la pobreza.
La Cepal, por su parte, afirma que será hasta 2035 cuando México alcance su meta de reducir a la mitad los actuales niveles de pobreza. O sea, que sólo el 21.8% de la población viva en pobreza. Originalmente se buscaba alcanzar esa meta en 2030.
Pese a los lóbregos pronósticos de ambos organismos, Andrés Manuel y los que lo sucedan en el cargo pueden hacer, y mucho, para disminuir más rápidamente el porcentaje de mexicanos pobres, aceptando de antemano que deberán pasar varias generaciones para que el problema quede resuelto.
La OCDE sugiere tres medidas:
1) Seguir mejorando el acceso y la calidad de los servicios sociales, especialmente el de cuidados infantiles y de salud en zonas pobres, además de mejorar la calidad de las escuelas.
2) Darles un mejor enfoque a los principales programas sociales. Expandir los programas que faciliten el acceso al empleo, sobre todo para las mujeres.
3) Disminuir la discriminación laboral de las mujeres. Impedir que las grandes empresas utilicen mano de obra informal.
AMLO no es un hacedor de milagros, pero si logra reducir sensiblemente los actuales niveles de pobreza habrá logrado mucho.

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