ELIMPARCIAL.COM - DESDE LA POLIS
COLUMNAS
Proteger y servir

Esta semana recibí -como miles de personas- un video vía Whatsapp que me recordó una situación crítica que padece nuestra comunidad. Aparece un hombre, con el torso desnudo, arriba de un techo. Sostiene en sus manos, lo que parece ser una loza delgada (podría ser cualquier cosa) y frente a él están tres policías municipales; abajo hay otros cuatro, entre las personas que se han reunido a presenciar el incidente. Los tres policías que rodean al individuo no han sacado sus respectivas pistolas y uno trae lo que parece ser un palo de escoba (que no usa). Tratan de que el hombre suelte lo que sea que pueda hacerles daño y que se entregue. El sujeto suelta la loza y muestra un cuchillo, con el que amedrenta a los policías, mismos que desenfundan ante la amenaza. Le vuelven a ordenar que tire el arma blanca, no les hace caso y se abalanza contra uno de los policías, acuchillándolo dos veces en el brazo. Los otros dos policías abren fuego y el hombre muere. Entre el momento en que frontalmente amenazó a los policías y cuando dispararon, transcurrieron 10 segundos. El evento, por donde se le mire, es muy lamentable y deja una serie de lecciones que necesitan ser aprendidas, tanto por el Gobierno como por la sociedad.
Varios de quienes leen esto recordarán la racha de ataques a manos de macheteros en nuestra capital. Fueron varias las personas que sufrieron heridas de consideración por estas agresiones y los policías no sabían bien cómo actuar. Algún ciudadano incluso murió. Cuando en la conciencia colectiva comenzó a afianzarse la idea de que “los macheteros reinaban”, salió el entonces fiscal a declarar que aquella persona que portara un machete y amenazara a la población (y a los policías) podría pagarlo con su vida. El fiscal no es un legislador plenipotenciario que puede, con el golpe de una declaración o un boletín, decidir qué se puede y qué no se puede hacer. Si queremos aspirar a dejar atrás el subdesarrollo y la eterna improvisación, tenemos que comenzar a pensar en reglas de juego, en leyes efectivas y en el sometimiento a ellas.
En poco tiempo comenzaron a caer baleados varios macheteros y parece que el problema fue superado. Por la condición de tanta inseguridad e impunidad que prevaleció en el trienio anterior, es que se cimentó -tanto entre la delincuencia como entre la sociedad- la idea de que ante la comisión de los delitos no habría consecuencias… y por ende no resultó sorpresivo que tras las ejecuciones de macheteros, muchísimas personas aplaudieran el actuar policiaco. El problema es que todo este panorama no mostró nuestro avance como sociedad, sino lo rupestre de nuestra condición.
La situación crítica a la que aludí al principio de este texto es multidimensional, pero me enfocaré en dos avenidas centrales.
Respecto a la autoridad, este último incidente desnuda una realidad: Los policías no tienen ni la capacitación ni el adiestramiento ni el equipo (gases y pistolas taser) adecuado para neutralizar -sin matar- a alguien cuya fuerza de ataque no es proporcional a la de ellos. No existe un protocolo claro (y que además, sea público) que indique qué pueden hacer y en qué circunstancias. Ante tanta adversidad (porque no estar correctamente capacitado ni equipado ni saber bien a bien qué hacer resulta sumamente adverso para un policía) no me sorprende en lo más mínimo que haya estos desenlaces. Desconozco si en vida, el hombre del video era un lastre social o no… pero creo que merecía otro camino distinto a caer por las balas de esos policías… incluso si atentó contra ellos. ¿Por qué? Porque la autoridad, esos hombres y mujeres que portan una placa, deben estar por encima de los delincuentes; un policía debería estar hecho de otra materia y debe entender que representa algo más alto y que por ende, su actuar debe ser otro. El problema es que sabemos que la realidad es otra (la estadística nacional sobre el performance de las policías municipales es brutalmente alarmante) pero pregunto, ¿nos acostumbramos al estado actual de las cosas o pugnamos por que mejore?
Respecto a los civiles, lamento que haya en redes sociales tantas señales de festejo por el desenlace de este último episodio (“si es un rata y drogo, qué bueno que lo mataron, uno menos”). Esto muestra que colectivamente hemos perdido toda fe en la capacidad de acción de quienes tienen -bajo el contrato social- el monopolio de la fuerza. La gente no sólo no sabe qué es (para qué sirve, con qué se come) el Estado, sino que sea lo que sea… sabe que no sirve, que no hay debido proceso, que no hay Estado de Derecho, que no hay certidumbre… y que ante ello, “es normal” matar a un ser humano. Invito a las autoridades locales a que se pongan las pilas y se asesoren con la gente adecuada para que se habilite correctamente a los policías a fin de que hagan lo que deben hacer: Servir y proteger a la ciudadanía.

Los comentarios a las notas son responsabilidad de los usuarios. Ayúdenos a que sus contenidos sean adecuados. Participe responsablemente y denuncie los comentarios inapropiados. Los comentarios que sean denunciados por los usuarios se eliminarán de forma automática. Revise por favor las reglas completas que regulan los comentarios de los usuarios.