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COLUMNAS

Cuando me preguntan cómo va mi trabajo de periodista suelo responder parafraseando a los integrantes de Alcohólicos Anónimos: “‘Solo por hoy’… mañana quién sabe”.
Es una respuesta que se escucha lapidaria porque los periodistas pueden ser despedidos por pisar un callo, sus sueldos pueden verse reducidos si a los medios les recortan la publicidad oficial, pueden ser desaparecidos o asesinados por alguna cobertura de riesgo, o simplemente deban mejor dedicarse “a vender calzones en el tianguis”, como decía mi maestro en la Unison, Arturo Lutz Seym, porque lo que ganan no les alcanza para vivir.
Y es que en México y en Sonora no hay garantías laborales, económicas y de libertad suficientes para ejercer el periodismo.
Hace años, un directivo de un medio de comunicación me ofreció trabajo y me dijo: “Te vamos a pagar poco, al cabo que desde aquí te puedes completar por fuera”… ¡Te puedes completar por fuera! La burda institucionalización del “chayote”. Por supuesto que no acepté. En otra ocasión -en otro medio- me pidieron que “contratara” corresponsales con la aclaración de que no habría sueldos, pero los elegidos tenían “la patente de corso” para buscar su subsistencia… para “chayotear”, pues. Tampoco contraté a nadie.
Algunos empresarios de medios -no todos, subrayo- ven al periodismo como un negocio que debe mantener el Gobierno en turno y no para ser contrapeso del poder o tratar de mejorar la calidad de vida de las comunidades para las que supuestamente sirven. Hay otros que tienen medios para “blindar” otros negocios más grandes. Y hay quienes se ponen al servicio de grupos políticos para apuntalarlos y su existencia se mide en trienios o sexenios.
No me gustan las generalizaciones, por eso es importante reiterar que sí hay empresarios que buscan vivir más de la publicidad comercial que de la publicidad oficial y que hay periodistas que se convierten en empresarios y que lo intentan, pero son los menos.
Desde antes del arribo al poder de la 4T, varios grandes medios de comunicación nacionales -acostumbrados a vivir de la ubre- se anticiparon ante el tan anunciado recorte al presupuesto para comunicación social. Entre septiembre y diciembre hubo recortes en las redacciones de los medios y precarización en los sueldos de los periodistas -hoy la moda es trabajar por honorarios sin IMSS y sin prestaciones-. Lo cierto es que finalmente el Gobierno de AMLO no hizo tal recorte pues oficialmente pasó de 3 mil 278 millones de pesos en el último año de Peña Nieto a 4 mil 258 millones de pesos para Comunicación en 2019, de acuerdo con cifras oficiales, aunque extraoficialmente, según cálculos del periódico Reforma, el sexenio anterior gastó 8 mil 300 millones de pesos anuales, lo cual significaría en términos reales que el nuevo Gobierno gastará la mitad que el anterior.
En el caso de Sonora, el presupuesto oficial aprobado por el Congreso al Gobierno del Estado para 2019 es de 277 millones de pesos, mientras el año pasado fue de 290 millones; en el Poder Legislativo local hay una bolsa este 2019 de 23 millones de pesos contra los 30 millones del año pasado y los 46 millones del 2007; y en el Ayuntamiento de Hermosillo se prevé un gasto de 15 millones de pesos contra los 32 millones que se tuvieron en 2018.
Por lo anterior, también en lo local se prevén recortes en las redacciones y precarización salarial en nuevas contrataciones.
Ante tal panorama, los periodistas debemos activarnos para promover normas que definan criterios y reglas transparentes para la asignación de la publicidad oficial, considerando no sólo nivel de audiencia, es decir, “rating”, sino también aspectos de influencia cultural, regional y local; porque si bien es cierto no debe desaparecer la publicidad oficial, esta debe dejar de usarse para chantajear a medios y otorgarse bajo parámetros de rendición de cuentas definidos por especialistas, sociedad civil, periodistas e industria.
Los empresarios de los medios deben prepararse para el cambio, apostándole a elevar la calidad de los contenidos, porque buenos contenidos generan audiencias y las audiencias son atractivas para la publicidad comercial; y para buenos contenidos se requieren periodistas preparados y bien remunerados.
Los periodistas y comunicadores deben decir de una vez por todas no al “chayote”. Debemos asumirnos con el primer retén que defienda a los ciudadanos del autoritarismo, pero para ello se requiere de una formación ética robusta desde las aulas y de un cambio de mentalidad de los empresarios de los medios… o, de lo contrario, la opción de vender calzones en el tianguis se antoja más realista.

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