Batarete
Ernesto Camou Healy
En las últimas semanas se ha vivido una toma de conciencia, así sea endeble y fugaz, sobre los diputados y senadores, y la muy concreta incidencia que tienen sus decisiones en nuestra vida cotidiana. Esto a raíz de la aprobación casi sin enmiendas de la iniciativa de ley de ingresos para el siguiente año.
Lo que los legisladores sancionaron fue el alza de impuestos para casi todos los mexicanos. Lo que trae nos trae enchilados y encorajinados es que las medidas que adoptaron fueron para elevar las tasas impositivas para las mayorías: Se subió el IVA, ahora por cada peso que gastemos, 16 centavos irán a Hacienda. Eso significa que los comerciantes repercutirán ese incremento en el precio de sus mercancías. Además, subió el Impuesto Sobre la Renta: Ahora se pagará el 30% sobre los sueldos, cuando antes era el 28%.
También molesta, y mucho, que ante una crisis global como la actual se adopten medidas cuyo efecto será frenar el mercado interno (a más impuestos menos posibilidad de consumir) y lastrar la economía al hacer más difícil la competencia de las empresas nacionales frente a las foráneas. En muchos países se adoptó la estrategia contraria: Estimular la economía mediante la reducción de impuestos… Y se probó que con menores tasas, pero más actividad económica, hay más recaudación por impuestos.
Pero en México los funcionarios parecen temerosos y pusilánimes ante cualquier asomo de creatividad tributaria; y prefieren cargar más a los que menos pueden pagar, y “estimular” con exenciones a los que ganan más… y terminan contribuyendo menos.
Todo apunta a que diputados y senadores optaron por servir a sus intereses, o los de sus “jefes”, y no hacer caso de las necesidades y preocupaciones de los ciudadanos, que son a quienes dicen representar. Por eso la pregunta de qué hacer con ellos parece justificada; antes conviene matizar un poco el asunto.
En primer lugar, es justo aclarar que un conjunto no pequeño de diputados, luchó en contra de algunos de los postulados de esa ley: En particular el chihuahuense Javier Corral, encabezó un grupo integrado por panistas y priistas disidentes, que votaron, junto con los perredistas, en contra de exentar del pago de derechos a las empresas que reciban la concesión de nuevas frecuencias de banda que les permitirán ofrecer servicios de TV, telefonía móvil y de Internet.
Pero muchos, básicamente del PRI, PAN, Panal y el Verde, se plegaron a los deseos del Ejecutivo y cargaron la mano a los ciudadanos, en vez de impugnar al Gobierno. Subsiste la cuestión: ¿Qué hacer con los legisladores?
En primer lugar, hay que constatar que 500 diputados son demasiados. Es absurda la diatriba de que había que suprimirlos a todos. No puede funcionar una democracia sin ese tipo de representación popular, pero habría que asegurar, uno, que nos representen, y dos, que se reduzca el número, pues una multitud tal sólo sirve para asegurar el anonimato cuando se ofrezca y para diluir responsabilidades.
En segundo lugar está el problema de lo que nos cuesta cada diputado: Tienen sueldos altos, y muchísimas prebendas. Pero se les paga desde el Gobierno y, al parecer, muchos consideran a Carstens o Calderón algo así como sus jefes.
Se les debería asegurar un sueldo suficiente y justo; y los gastos necesarios para cumplir con su misión; pero debería preverse que sean los habitantes de sus distritos quienes puedan emitir su opinión cada año, y otorgarles o no, un bono por su actuación en beneficio de sus representados, de tal modo que sepan sin lugar a dudas que sus jefes son quienes votaron por ellos.
Por último, está el asunto de la reelección: Actualmente, sólo pueden ser diputados un periodo, y pueden volver hasta después de un trienio. Pero los seleccionan los partidos, sin hacer caso alguno a los electores. En la medida en que dependa de los ciudadanos de cada distrito el confirmarlos en sus puestos, o no, en esa medida se harán más sensibles a las necesidades de la gente, y menos dependientes del partido, o del Gobierno en turno.
Pero esa reelección sólo tendría sentido si los representados hacemos oír nuestra voz y valer nuestros votos… Ésa es la tarea futura.

Ernesto Camou Healy
Dr. en Ciencias Sociales. Mtro. en Antropología Social y Lic. en Filosofía; investigador del CIAD, A.C. de Hermosillo.
Correo: e.camou.h@gmail.com