De aquà para allá
El boquete II
germán Dehesa
Hemos de volver, asà lo anuncié, a este molesto asunto del boquete que, casi de la noche a la mañana, se le hizo a la economÃa nacional. Acunado por la nostalgia y con una cierta voluntad de mostrar aquella idÃlica Ciudad de México que desapareció junto con mi infancia, me referiré también a esos lugares que hoy sólo existen por la bendita complicidad del corazón con la memoria. El Parque de la Lama que yo sabÃa que asà se llamaba, aunque nunca supe bien a bien por qué se llamaba asÃ, formaba parte conspicua de la ya ensalzada colonia Nápoles. Este parque ocupaba toda una manzana y una de sus fronteras miraba directamente a la avenida Insurgentes. La leyenda decÃa que era un lugar de uso privado propiedad de una familia de abolengo y nutrido capital. Aquà no vendrÃa mal invocar a Lampedusa que en su libro “El Gatopardo†nos cuenta cómo en las postrimerÃas o en los albores de algún sacudimiento social importante, la burguesÃa se defiende mediante alianzas con el enemigo posible o declarado. Para este fin, el matrimonio es una herramienta invaluable. Según narra Lampedusa, Italia está al borde de una de estas grandes conmociones sociales. En esa atmósfera conocemos a un anciano aristócrata que olfatea que sus privilegios y los de la gente de su clase están gravemente amenazados por una burguesÃa vulgar y populachera que viene en ascenso cargada de dinero. De inmediato el anciano comienza su maniobra: En su familia hay un joven y distinguido galán tan refinado que contempla al trabajo y al esfuerzo cotidiano como dos formas particularmente letales de la peste bubónica. Abajo en la escala social pero en franco ascenso está Don Calógero, un tendero pretencioso que tiene una hija lozana y hermosa, aunque levemente naca, medianamente mensa y hondamente inculta. Asistiremos a los escarceos y final unión del joven aristócrata y de la hija del tendero en un tratado de doble conveniencia: Él consigue de sobra el dinero que patrocinará su interminable holganza y ella conseguirá un apellido que de golpe le permita pasar a formar parte de “lo mejor de la sociedadâ€. Como dice Lampedusa: Hay veces que, para que nada cambie, hay que cambiarlo todo. Las infinitas reiteraciones de esta trama, las podemos leer, por ejemplo, en la historia del México posrevolucionario constelada toda ella por las uniones del triunfante sombrerudo cargado de dinero y la grácil jovencita sin más capital que su rancio apellido. Ésta es una de las claves, ¡oh, amigos!, de por qué aquel México que querÃa cambiarlo todo, terminó sin cambiar sustantivamente nada. Pero todo esto era parte de mi recordación del Parque de la Lama, el lugar donde por vez primera se me alborotaron la sangre y la hormona al contemplar desde mi externo y proletario oteadero a una muchacha que cabalgaba por el parque con el torso muy erguido, las caderas muy tensas y moviéndose al ritmo de las ancas de su cabalgadura y, en calidad de metrónomos de esta silenciosa música entre el verdor, las dos colas de caballo que rÃtmicamente se movÃan. Asà se forjó el acero. Esto que acaban de leer tómenlo como el prólogo a la parte II de “El Boquete†que ocupará, lo prometo, el espacio de mañana. ¿Qué tal durmió? MDCLXI (1661) Montiel y sus Montielitos. Mañana les cuento.
Cualquier correspondencia con esta divagada columna, favor de dirigirla a dehesagerman@gmail.com (D.R.) Germán Dehesa es escritor y profesor universitario con Licenciatura en Letras Hispánicas por la UNAM.
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