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Ediciones Anteriores 26 de Mayo del 2006
Columnistas ciudadanos
Para cada sexenio un edificio
Aurora García
Hace tres años se dio a conocer la convocatoria para el Concurso Internacional de Arquitectura Proyecto de la Biblioteca de México “José Vasconcelosâ€, como parte del programa nacional Hacia un País de lectores y de la política educativa y cultural de México.
Atractivo, ¿no?
Así lo fue para los arquitectos mexicanos y extranjeros con más de 10 años de experiencia, que cumplieron con los requisitos e invirtieron su tiempo, dinero y creatividad en proponer un proyecto espacial que albergara el acervo cultural de los mexicanos.
El jurado de este concurso estuvo formado por figuras que representarían por un lado el perfil del usuario, como por ejemplo el escritor Carlos Fuentes y por otro lado los expertos en la materia, como los arquitectos Carlos Mijares y Felipe Leal.
Para sorpresa de muchos el ganador del concurso fue un mexicano, Alberto Kalach, quien fue selecto entre 590 propuestas. El autor proyectó un edificio bastante elogiado por su capacidad de generar un diálogo entre el objeto arquitectónico y la naturaleza.
Y sí, el edificio es sorprendente, como lo es también su inversión: 5 mil millones de pesos.
La cifra se ha vuelto inquietante entre los líderes de opinión y es que a pesar de que el edificio es algo así como mágico (uno parece flotar entre libros y objetos, cual Alicia en el País de las Maravillas) la gente parece no recibir con gran entusiasmo la reciente inauguración de este recinto, menos si al efectuarse se arma tal faramalla con escenográficos libros prestados.
Sin menospreciar la innovación que posee el edificio en cuanto a sistemas de información y consulta por medio de catálogos en línea e Internet, las críticas han hecho hincapié en las mejoras que podrían haberse realizado tanto en las bibliotecas existentes a lo largo de la República como con las instituciones abocadas a esto con tan escandalosa cifra.
Suena lógico, ya que nuestro Presidente ha recortado el presupuesto para la cultura los últimos años, pero por otro lado inaugura un solemne aposento cultural a vísperas de despedir su sexenio. ¿A qué nos recuerda?
Yéndonos a un panorama local se me viene a la mente el edificio del Museo y Biblioteca, que antes de formar parte de la Universidad de Sonora fue construido por iniciativa del general Abelardo L. Rodríguez para albergar la historia de nuestro Estado.
Un majestuoso proyecto fue emergido entre tanta horizontalidad hace más de 60 años, pero actualmente sólo la mitad funciona constantemente mientras otros se quiebran la cabeza buscándole un nuevo uso a la otra mitad para su forzada reutilización.
Sucede lo contrario con la sobrepoblada herencia de Beltrones, un Centro de Gobierno que aunque esté lleno cumple a medias con sus funciones.
¿Nos encontraremos acaso en unos años con un edificio vacío, inundado o colapsado?
Ya no es novedad utilizar la obra pública como el broche de oro. ¿Me tengo que sentir orgullosa de que mis gobernantes tomen la arquitectura prestada como pretexto político, o más bien mortificada?
Ahora sí que eso depende.
Depende desde el momento en que existen buenas intenciones que podrían materializarse, si se evalúa siempre la necesidad de construir un nuevo recinto (cualquiera que éste sea) y su factibilidad.
Creo que muchas veces es necesario contemplar la posibilidad de rescatar lo existente y sobre todo de invertir en la formación de quien utilizaría el edificio.
En el caso de la Mega Bibliote

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