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Ediciones Anteriores 13 de Enero del 2006
Columnistas ciudadanos
Diseño vertical
aurora garcía

La construcción de edificios corporativos en las grandes ciudades comenzó hace más de una década en nuestro País.
La edificación de este tipo de inmuebles se debió en gran medida a la escasez de terrenos disponibles en las ciudades que presentan sobrepoblación como la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, ofreciéndole a las empresas la oportunidad de rentar o comprar uno o varios locales comerciales, donde se les brinda todas las facilidades que éstas requieren con una excelente ubicación y a un menor costo.
Desde los estudios universitarios, un arquitecto del siglo XXI experimenta en su formación un ejercicio de diseño que proponga los espacios adecuados que, dentro de su verticalidad, comprenda la ejecución de cualquier actividad laboral dentro de ellos.
Cada vez es más común que desde las aulas los estudiantes comiencen a diseñar “edificios inteligentes†que integren a la tecnología con el espacio y sus habitantes.
Dentro de este tipo de diseño vertical existen sus variantes, como los complejos de departamentos que sumados a las vanguardias constructivas y de diseño han logrado integrar el concepto de vivienda con el ritmo de vida contemporáneo.
Atrás ha quedado el concepto de vivienda multifamiliar que planteaba Le Corbusier en Marsella, o Villagrán en el D.F., y más atrás un Fovissste en Sonora.
Estos nuevos complejos contemplan espacios para el esparcimiento, gimnasios, cafeterías, bares y centros comerciales, que para las grandes ciudades ha resultado algo sumamente atractivo pero todavía al alcance de pocos.
En un plano global este tipo de edificaciones se han convertido en elementales para el desarrollo urbano, económico y ecológico de las grandes ciudades.
En Europa la planeación ha superado utopías, formando pequeñas grandes ciudades conformadas por un par de complejos de departamentos y de servicios que van concibiendo núcleos de actividades sin la necesidad de utilizar el automóvil.
La tipología es fácil de identificar.
Al menos en nuestro País el lenguaje arquitectónico se repite en diferentes ciudades con la utilización de volumetrías blancas y acristaladas, intersección de formas geométricas curvas con rectas que recuerdan a cualquier experimento del estadounidense Richard Meier.
En Hermosillo son contados los ejemplos que se podrían acercar a la definición de diseño vertical.
Por un lado tenemos a la Torre de Hermosillo, que como ejemplo mal asimilado del supermodernismo pone en riesgo los recibos de luz de las empresas y tiene encandilados hoteles y establecimientos aledaños.
Por otro lado se encuentra el edificio Metrocentro, que a mi parecer es una clara exhibición de cómo el diseño vertical sería asimilado de acuerdo a nuestro clima y contexto físico.
Un edificio de robustos muros, volúmenes compositivos y prudentes aberturas.
La introducción de este tipo de obras arquitectónicas a nuestra ciudad ha sido lenta y dolorosa.
Pocos se arriesgan a construirlas y otros pocos a habitarlas.
Por lo que la construcción de vivienda vertical se convierte en asunto inalcanzable debido a esa arcaica necesidad de sentirse dueño de un pedazo de tierra, a la poca disposición de compartir un techo que sería el suelo del otro.
Tiene sus desventajas, es cierto, sin embargo la llegada de esta clase de edificaciones es ineludible.
La ciudad crece, los terrenos suben de precio, la población incrementa y en su momento, no muy lejano, aquel estudiante que experimentaba futuristas diseños tendrá que ejecutarlos como toda una realidad.

Aurora García es arquitecta. Correos electrónicos: columnistasciudadanos@elimparcial.com y arqurora@yahoo.com.mx


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