Columnistas ciudadanos
Identidad
Por Aurora GarcÃa
¿Alguna vez alguien se cuestionó el porqué cuando se menciona la ciudad de Hermosillo lo primero que se nos viene a la mente es la imagen del Cerro de la Campana? Esta afirmación, generalizando, puede llegar a ser cierta. Si no, simplemente veamos la famosa fotografÃa de Memo Moreno o los souvenirs que se venden en el aeropuerto. A lo que yo me he preguntado ¿Por qué no tenemos como icono de la ciudad algún edificio representativo? Quien haya considerado cierta “torre†reflectora de luz y receptora de calor como simbólica, está en graves problemas de identidad ciudadana. ¿Nunca se ha puesto a pensar que las ciudades que cuentan con una identidad arquitectónica tienen como hito algún edificio representativo? Esto se debe a que en cada ciudad se desarrolla una historia, nacen estilos arquitectónicos o bien se adoptan corrientes de acuerdo a la región y a la época. ¿Pero cómo podrÃamos explicarnos lo que sucedió aquÃ? En nuestra región existen casos aislados de especialistas en el tema que han abordado la historia de la arquitectura en nuestra ciudad. Tal es el caso de Eloy Méndez, quien tiene en su haber libros como “Casa de tiempo y Sol†y “Hermosillo en el siglo XX Urbanismos incompletos y arquitecturas emblemáticas†que ubicando entre las dos anteriores a su nueva publicación “Arquitectura nacionalista. El proyecto de la Revolución en el Noroeste, 1915-1962†se obtiene una compilación de orden cronológico sobre las circunstancias sociales que dieron como resultado la ciudad que conocemos hoy. La semana pasada se presentó este último libro, dedicado al arquitecto Gustavo Aguilar quien también fue homenajeado por la importante intervención que tuvo en la urbanización y el equipamiento de Hermosillo desde los años cuarenta y durante décadas. Esta publicación, como el nombre lo dice, habla sobre el proyecto de la Revolución en nuestra región, partiendo de la segunda década del siglo XX con el restablecimiento social y económico, asà como de aquellos lugares derruidos en batallas. El autor reconoce esta época como la oportunidad de darle un rumbo no sólo histórico sino simbólico a la ciudad teniendo como lenguaje la urbanización de los espacios, la pintura del muralismo y la escultura celebratoria que hasta la fecha identificamos en glorietas y camellones de Hermosillo. Se construyen escuelas, viviendas y equipamiento para la salud teniendo como lenguaje un estilo arquitectónico propio que va desde el art nouveau hasta el funcionalismo moderno, todos estos contextualizados en nuestra región. Dicha evolución plasmada en la nueva publicación de Eloy Méndez no pudo ser más pertinente. El autor menciona escuelas de suma importancia como el internado Coronel J. Cruz Gálvez, asà como los jardines de niños Profesora Ignacia E. de Amante o “Caperucitaâ€, ambos de la autorÃa del arquitecto Gustavo Aguilar y de un valor arquitectónico relevante debido a su sobrio lenguaje moderno y funcional. La intención del autor del libro queda clara: Existe un patrimonio arquitectónico edificado perteneciente al proyecto de la Revolución Mexicana que se debe difundir. Si bien no existen autoridades que actualmente protejan estos edificios pertenecientes al siglo XX lo que se logra en sus páginas a manera de reflexión es una iniciativa sobre el valor que se le debe de dar a ese conjunto de edificaciones que lograron una identidad arquitectónica en la región, quebrantada en la actualidad y que nos hace voltear al Cerro de la Campana. Le recomiendo este libro, importante no sólo para la formación de los próximos protagonistas de nuestro intento de identidad, sino para usted a quien le gustarÃa saber cómo se fue formando nuestra región y que no teme leer sobre edificios. Recuerde que las palabras también dibujan espacios, sólo es cuestión de saber hablar de arquitectura.
Aurora GarcÃa es egresada de la carrera de Arquitectura
por la Universidad de Sonora. Correo electrónico: columnistasciudadanos@elimparcial.com
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