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Ediciones Anteriores 23 de Abril del 2005
Columnistas ciudadanos
Frustración arquitectónica
Por Aurora García
Me encontraba hace poco entrevistando a uno de los primeros arquitectos en llegar a Hermosillo en la década de los cuarenta, cuando estos contados colegas se podían dar el lujo de sentarse en su escritorio y atender a la gente que hacía colas en sus despachos para que uno de estos profesionistas les prestara sus respetables servicios.
Entre la variedad de historias y anécdotas que me contó hubo una que me llamó la atención. De los muchos clientes que llegó a tener en su largo desempeño profesional, la mayoría de ellos fueron familias hermosillenses de privilegiado nivel económico y (por ende) social. Uno de ellos (al cual llamaremos el cliente colmo) contrató a este prestigiado arquitecto para que le diseñara su casa, de esas muy grandes, con una sala enorme, pero lo que le llamó la atención fue que al momento de diseñar la distribución de las recámaras el cliente colmo le dijo: “no te preocupes por la recámara principal, no importa que no funcione, sólo va a ser para enseñar, ya sabes, mi esposaâ€.
¡Si, si, efectivamente!: El cliente colmo y su influyente mujer tendrían, aparte de su recámara “para dormirâ€, una lujosa recámara de ésas “para enseñarâ€.
Como este ejemplo hay muchos otros, historias de comedores que se usan una vez al año, salas en las que está prohibida la entrada a los niños y a los pies con calzado, y bueno, al final de cuentas al arquitecto (como suele suceder) no le quedó más remedio que satisfacer las necesidades de este cliente colmo.
Así sucedía en diversos casos, el arquitecto comentó que ese tipo de cosas son de entenderse, tomando en cuenta que en aquel entonces los nuevos ricos provenían de familias de ganaderos y agricultores que se estaban haciendo de gran fortuna. Por lo que en general las personas adineradas a las que llegó a diseñarles algún espacio eran personas sin estudios, sin cultura ni conocimiento de la estética, lo cual representaba un problema más para nuestros colegas ya que consideraban que lo que sus clientes elegían era de pésimo gusto.
Pero basta de hablar en tiempo pasado, si al final de cuentas las cosas no han cambiado mucho. Lo único diferente es que ahora la cola la hacemos nosotros los profesionistas, para ver dónde solicitan nuestros respetables servicios. En la actualidad la cosa está en total desorden. Por un lado tenemos nuestras humildes casas de interés social o viviendas económicas que cada vez ocupan más las periferias de nuestra hermosa y bacheabunda ciudad, sin embargo no me gustaría meterme en temas que rebasarían el límite de contenido con el que cuento.
¿Qué es lo que sucede ahora entonces?, si todos (sobre todos los de nivel socioeconómico elevado) tienen acceso a la educación, se dicen ser gente conocedora de arte, de cultura, del mundo pues. ¿Porqué siguen repitiendo las sandeces de antaño? En la actualidad las colonias de mayor prestigio tienen un reglamento interno que somete al arquitecto a seguir una tipología estética determinada. Esto es el uso de tejas, molduras, arcos, mármol, cantera, cúpulas, pináculos, y bueno… ¿el resultado? Un armonioso conjunto de eclecticismos tremendos.
¡Confíen en nosotros sociedad!, ténganos un poquito de fe y sean condescendientes que para eso mis colegas y yo nos matamos cinco años (algunos más) y terminamos jorobados, ciegos, con problemas gastrointestinales y probablemente sicológicos.

El arte es para ricos
Yo sé que esto no es una novedad, el buen arte se compra con muchos billetes de por medio, es cierto. Entrar a los mejores museos del mundo por supuesto que es caro, ¡y ni se diga llegar hasta ellos! Entrar a un concierto de alguna buena orquesta que nos visite suele resultar un gasto grande imprevisto. Pero mi queja se reduce a lo elemental: Los canales culturales.
Resulta que acabamos de cambiar a una nueva compañía de televisión por satélite ya que la que nos prestaba sus servicios está por desaparecer. Al ver la lista de paquetes de canales que ofrece esta prestigiada compañía resultó ser que el más caro, el que contiene los codiciados canales de estrenos de películas y yo creo que hasta el big brother, incluye dentro de esta clasificación de canales para privilegiados, a los culturales. Estoy indignada y espero mi queja llegue hasta el “cieloâ€.
Aurora García es estudiante del décimo semestre de Arquitectura en la Universidad de Sonora

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