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Ediciones Anteriores 21 de Marzo del 2005
Columnistas ciudadanos
Edificios que se quedan
Por Aurora García
En la actualidad lo poco que queda del “Centro Histórico†de Hermosillo ha sido paulatinamente exterminado a causa de las nuevas exigencias de la modernidad.
En días pasados, dentro del ciclo “Permanencias de la Imagenâ€, pudimos ver en la Plaza Zaragoza la exposición fotográfica “Edificios que se van, edificios que se fueron…†en donde apreciamos una considerable cantidad de fotografías de edificios históricos identificables y algunos otros irreconocibles (porque cuando nacimos ya habían sido derrumbados), acompañados cada uno de sus debidos recortes de periódico y publicaciones en donde se constata la insistencia por recuperar y mantener tal o cual obra arquitectónica.
Fue impresionante escuchar a la gente cómo no sabían sobre la capilla de San Antonio, que ha estado arrumbada por años y más aún en la actualidad cuando en lugar de haberla restaurado construyeron una nueva enseguida para continuar con las labores religiosas.
También me pareció curioso cómo los adultos les explicaban a sus hijos dónde estaba cierto edificio o cómo era el Parque Madero cuando tenía su lago y su majestuoso acceso dintelado.
En fin, una cantidad de comentarios en torno al evento que mantuvieron a la comunidad hermosillense interesada por algunas horas. Por desgracia esta comunidad, por más airosa de recuperar su patrimonio histórico, si no tiene el apoyo de las autoridades las cosas difícilmente podrían cambiar.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) es el organismo encargado de proteger todo edificio considerado Monumento Histórico.
Hay ciertas circunstancias que se deben tomar en cuenta.
El INAH considera monumentos históricos aquellos muebles o inmuebles posteriores a la consumación de la conquista y cuya conservación sea de interés público, por cualquiera de las dos circunstancias siguientes: Por estar vinculados a nuestra historia política y social, o porque su excepcional valor artístico o arquitectónico los haga exponentes de la historia de la cultura.
En ningún caso se consideran monumentos históricos las obras de artistas vivos. Ahora bien, para considerarse patrimonio los edificios deben haber sido construidos en los siglos XVI al XIX, por lo que una obra arquitectónica, por más valiosa que nos pueda parecer, si se construyó después del año 1900 poco podemos hacer y cualquier inversionista privado puede comprar el inmueble, demolerlo y hacerlo estacionamiento.
Exceptuando ejemplos como el edificio de Artesanos Hidalgo, que se comenzó a construir a finales del siglo XIX pero se terminó en el siglo XX y entra dentro de los edificios “protegidosâ€.
Este tipo de leyes provienen de estructuras europeas arcaicas, ya que en el caso de nuestro vecino País del Norte (influenciado por las leyes sajonas) un edificio es patrimonio cuando cumple 100 años de antigüedad, de manera que en el año 2050 todos los construidos de 1950 para atrás están protegidos por mero derecho de antigüedad.
Esta consideración me parece bastante interesante, ya que en México y más aún en Hermosillo, se considera bello y digno de preservar sólo aquél edificio que presenta un lenguaje arquitectónico “colonialâ€.Este es un problema serio, tomando en cuenta el poco respeto que se le ha tenido al selecto patrimonio histórico con el que contamos.
También es un tema bastante trabajado, y mi intención se suma al centenar de intenciones (frustradas en su mayoría) por conservar la única prueba palpable de nuestro pasado: Su arquitectura. Hay otros lenguajes arquitectónicos valiosos en nuestra ciudad, que si bien no cubren las exigencias del INAH vale la pena tomarse en cuenta desde ya.
La heterogeneidad de nuestra ciudad recae en estos temas, ya que de preservarse todo edificio contaríamos con un conjunto de armonías arquitectónicas, en donde cada zona podría hablar de su tiempo. El daño ya está hecho, pero desde este momento deberíamos tomar conciencia sobre el valor que tienen edificios como el Banco de México, nuestro Museo y Biblioteca, entre muchos otros, que si bien no manejan un lenguaje “colonialâ€, sí nos hablan de una época, es decir, el edificio habla por sí mismo.
Espero entonces dentro de cincuenta años tener el privilegio de ir a la Plaza Zaragoza y ver alguna exposición que se llame “Edificios que están, edificios que se quedanâ€.
Aurora García es estudiante del décimo semestre de Arquitectura en la Universidad de Sonora
Correo electrónico: columnistasciudadanos@elimparcial.com

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