“Voces inocentesâ€
“Tengo sed, me duelen los pies, tengo piedras en mi zapatos… de seguro nos van a matar… ¿pero por qué nos van a matar? si no hemos hecho nada…â€, dice una “voz en offâ€. Es la voz de “Chavaâ€, un niño salvadoreño que durante la guerra de los ochenta vivió su infancia entre violencia y casas de cartón atravesadas por balas. Hablo de “Voces inocentesâ€, la nueva pelÃcula, basada en hechos reales, del director mexicano Luis Mandoki. Ahora bien, ¿qué hizo el pequeño “Chava†para que lo llevaran junto con sus amiguitos entre la lluvia hacia un destino aterrador?: Nada. El asunto se vuelve meramente circunstancial, le tocó cumplir doce años, edad “suficiente†para ser reclutado en el ejército en medio de una guerra civil. No es mi intención abusar de mis pocas y humildes herramientas de crÃtica hacia el séptimo arte, la pelÃcula simplemente tocó mi corazón y me hizo pensar no sólo en los niños, sino en todo aquel a quien se le quita la vida, aunque muchas veces la vida se quita con el simple hecho de arrebatar una infancia. Y es que a estas alturas del partido ya no sé qué pensar, la pelÃcula arroja una estadÃstica deprimente: 300 mil niños de tan sólo 40 paÃses forman parte de algún ejército, es decir, son niños de no más de 14 años que sujetan armas reales, con balas reales. Aún asà me atrevo a decir que un número similar, si no es que mayor, sujetan un control remoto y simulan matar “ciber-enemigosâ€. Además si tienen un dinerito extra, se pueden comprar un vibrador integrado para tener la sensación de sujetar tal o cual pistola o metralleta. Esta última estadÃstica, según nos hizo ver Michael Moore en “Bowling for Columbine†no es un indicio palpable de violencia, tampoco las canciones de Marilyn Manson, ni las pelÃculas de acción, ni qué sé yo. Su documental fue tan elocuente que aún me sigo preguntando entonces ¿qué es lo que genera tanta violencia?, ¿qué provocó que “Chavaâ€, cual “Gaelito GarcÃa†se aguantara las lágrimas pensando que simplemente eso le tocó vivir? En los últimos once años, han aparecido más de 400 mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, ¿qué hicieron ellas? preguntarÃa Carlitos Padilla (el niño que interpreta a “Chavaâ€): Nada, sólo ser mujeres y vivir en Ciudad Juárez. “No me lo explicoâ€, dice a veces mi madre, y es que cada vez que nos sentamos a ver algún noticiero una noticia supera en increÃble a la otra. Desastres naturales, catástrofes, es cierto, ahà la impotencia de ser vÃctima de la naturaleza nos aflige, pero creo que las desgracias derivadas de una autorÃa cobarde, a veces sin nombre ni rostro, nos invade de coraje y rabia, pero al final de cuentas nos corresponde frenar. No hace falta tener un ejército armado fuera de nuestras casas, ni escuchar disparos a lo lejos para entender que vivimos en una guerra continua, y que antes de todo tendrÃamos que declararle la paz a nuestras propias conciencias. “Tristes guerras si no es amor la empresa. Tristes, tristes… Tristes armas, si no son las palabras. Tristes, tristes…Tristes hombres si no mueren de amores. Tristes, tristesâ€, declamaba Miguel Hernández, y la pelÃcula de Luis Mandoki al mostrar esta historia tiene el mismo mensaje. Este relato se cuenta tal cual, sin metáforas ni simbolismos. Es la historia de Óscar Torres, quien escribió su vivencia y que junto a este director mexicano fijaron un mismo objetivo: Que esto se sepa para que no vuelva a ocurrir.
Estudiante del décimo semestre de la carrera de Arquitectura de la Universidad de Sonora Correo electrónico: columnistasciudadanos@elimparcial.com
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